“latidos tras la tormenta”: Los Hermanos Miller #2

Capítulo 12 Celos, risas y miradas peligrosas

El bullicio del hotel comenzaba a disminuir. Los invitados se dispersaban entre las luces doradas y los elegantes salones, pero Mason y Brenda aún se encontraban en la terraza, intentando disfrutar de un momento de calma bajo la brisa fresca de Nueva York.

—Increíble, ¿no? —dijo Brenda, con la sonrisa aún brillante por la premiación—. Nunca imaginé que recibiría algo así.

—Lo mereces —contestó Mason, acercándose un paso más sin darse cuenta, con los ojos azules fijos en los suyos—. De verdad.

Ella tragó saliva y sonrió tímidamente, sintiendo ese calor familiar que él despertaba en ella. Por un instante, el mundo se redujo a ellos dos, a la luz tenue de la ciudad y al viento que movía sus cabellos.

—Creo que… —empezó Mason, y justo cuando se inclinaba un poco hacia ella—

—¡Vaya! —interrumpió Lucas, apareciendo detrás de ellos con su típica sonrisa ladina y las manos en los bolsillos—. No sabía que ustedes dos iban a estar tan cerca. ¿Es esta la parte de la noche en la que los galardonados se felicitan entre sí?

Mason dio un paso atrás instantáneamente, sorprendido y algo irritado.

—Lucas… —dijo con un tono que pretendía sonar firme pero que temblaba apenas—. ¿Qué haces aquí?

—Solo paseaba —respondió Lucas, dejando que su mirada se posara unos segundos demasiado tiempo en Brenda—. Y claro, observando a mi hermano intentar no parecer demasiado… afectado.

Brenda se tensó al darse cuenta de la chispa de celos que apareció en los ojos de Mason. Él frunció ligeramente el ceño, cruzando los brazos.

—No sé de qué hablas —respondió Mason, con la voz más baja, tratando de controlar la tensión que Lucas provocaba a propósito.

—Oh, vamos —dijo Lucas, riéndose suavemente—. No seas tan obvio. La forma en que la miras… todos podrían notarlo. Especialmente yo.

Brenda soltó una risa nerviosa, tratando de aliviar la incomodidad, mientras Mason respiraba hondo, intentando no perder la calma frente a su hermano travieso.

—Lucas —dijo ella, con voz firme—, ¿puedes dejarnos un momento?

—Claro, claro —respondió él, levantando las manos en señal de rendición—. Solo me aseguraba de que mi hermano no se asfixiara por mirar demasiado a la científica brillante que ha conquistado premios internacionales.

Brenda rodó los ojos, divertida y a la vez algo mortificada. Mason, por su parte, no podía evitar mirar a Lucas con una mezcla de frustración y algo más oscuro, una chispa de celos que le recordaba lo mucho que le importaba Brenda.

—Me alegro de que alguien admire su trabajo —dijo Mason finalmente, con voz grave—. Pero… no necesito un observador extra.

Lucas sonrió, dándole una palmada ligera en el hombro:

—Está bien, hermano. Solo quería asegurarme de que no te olvidaras de disfrutar esto también. Ahora sí, los dejo a solas… por ahora.

Cuando Lucas se alejó, Brenda y Mason se miraron en silencio. La tensión entre ellos no había desaparecido; si algo, se había intensificado.

—Creo que… —susurró Brenda, con un hilo de sonrisa—. Lucas se divierte demasiado a tu costa.

—Demasiado —admitió Mason, dejando escapar un suspiro y caminando un paso hacia ella—. Y creo que… no quiero que nadie más vea cómo me pongo por ti.

Brenda sintió que el corazón le daba un vuelco. No dijo nada. Solo lo miró, y por primera vez en la noche, Mason se permitió acercarse un poco más, conscientes ambos de que la química que habían contenido en el castillo y durante la gala estaba a punto de estallar.

El juego, pensó Brenda, apenas comenzaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.