“latidos tras la tormenta”: Los Hermanos Miller #2

Capítulo 21 Semanas después: gestos que hablan

El castillo había recuperado la calma después del malentendido, pero el aire todavía estaba cargado de tensión. Mason pasaba los días entre reuniones de MillerTech y pequeños trabajos en el castillo, mientras Brenda retomaba sus investigaciones con concentración y disciplina, como si el mundo exterior no existiera.

Pero Mason no había dejado de pensar en ella ni un solo momento. Cada mañana dejaba discretamente una taza de su café favorito junto a su escritorio, o un pequeño frasco de miel de las colmenas para recordarle que la conocía mejor que nadie. Gestos simples, silenciosos, cargados de significado.

Una tarde, Brenda salió del invernadero con las manos llenas de muestras y encontró una nota sobre la mesa de su oficina:

"Sé que las palabras no borran el pasado, pero cada día quiero demostrarte que nada es más importante que tú. –M."

Brenda la sostuvo un instante, su corazón acelerado, una mezcla de sorpresa y ternura recorriéndole el pecho. Respiró hondo y no pudo evitar sonreír, aunque rápidamente desvió la mirada hacia las colmenas, como si el gesto hubiera encendido algo que aún temía aceptar.

Al día siguiente, mientras trabajaba en el jardín, Mason apareció por detrás de ella, sin hacer ruido. Llevaba una pequeña bandeja con limonada recién hecha y unas galletas caseras.

—Pensé que podrías necesitar un respiro —dijo con voz baja, ofreciendo la bandeja.

Brenda se giró, sorprendida por la atención, y vio en sus ojos una mezcla de nerviosismo y ternura. Por un momento, el tiempo pareció detenerse.

—Gracias —dijo, con un hilo de voz, tomando la bandeja—. No… no esperaba esto.

—No hay nada que esperar —respondió Mason, sonriendo levemente—. Solo quiero que sepas que estoy aquí, y que… cada gesto es para ti.

Brenda bajó la mirada, sintiendo que algo dentro de ella empezaba a ceder. Los días de distancia y dolor habían dejado cicatrices, pero la constancia de Mason, su paciencia y su cariño silencioso empezaban a abrir grietas en su coraza.

Esa tarde, entre risas tímidas y conversaciones sobre las abejas, Mason tomó su mano con suavidad. Brenda no retiró la suya. Un pequeño roce, casi inocente, pero cargado de promesas no dichas.

—Brenda —susurró Mason—. No quiero presionarte… pero no puedo seguir ocultando lo que siento. Cada día lejos de ti me recuerda lo que realmente importa.

Brenda levantó la vista, y sus ojos miel se encontraron con los suyos, brillando con emoción contenida. Por primera vez en semanas, se permitió creer que tal vez, solo tal vez, podían reconstruir lo que el malentendido había casi destruido.

—Mason… —dijo, su voz suave, un suspiro de aceptación mezclado con miedo—. Yo… también quiero intentarlo.

Mason sonrió, dejando que la cercanía llenara el espacio entre ellos, un momento cargado de tensión y ternura, donde cada gesto decía más que mil palabras. El castillo, testigo silencioso de sus emociones, parecía susurrar que el amor verdadero siempre encuentra su camino, incluso después de la tormenta.




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