“latidos tras la tormenta”: Los Hermanos Miller #2

Capítulo 22 El primer beso completo

El atardecer bañaba el castillo con una luz dorada, filtrándose por los ventanales del salón principal. Mason y Brenda habían pasado la tarde juntos entre risas tímidas, conversaciones sobre las abejas y pequeños gestos que hablaban más que cualquier palabra. La distancia y el malentendido habían dejado cicatrices, pero ahora la atmósfera estaba cargada de algo nuevo: una tensión dulce, palpable y electrizante.

Mason se acercó a Brenda mientras ella revisaba unos frascos en la mesa del invernadero que daba al salón. La luz dorada hacía que su cabello castaño brillara, y sus ojos miel reflejaban una mezcla de emoción y timidez que le quitó el aliento.

—Brenda —susurró Mason, la voz grave, temblando apenas con emoción contenida—. No puedo más… No quiero esperar otro día para que sepas cuánto significas para mí.

Ella levantó la vista, sorprendida por la intensidad de su mirada. Sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía un frasco de muestras, y su corazón latía desbocado.

—Mason… yo… —comenzó, pero no pudo terminar la frase.

Él dio un paso más, reduciendo la distancia entre ellos hasta que sólo unos centímetros los separaban. El aire estaba cargado de electricidad; cada respiración compartida parecía amplificar la conexión que había estado creciendo durante semanas de distancia, tensión y malentendidos.

—Brenda —susurró Mason, inclinándose apenas, sus labios a punto de rozar los suyos—. Déjame demostrarte que no hay nadie más… que sólo tú importas.

Ella cerró los ojos un instante, dejando que el calor de su voz y la cercanía de su cuerpo la envolvieran. Su corazón gritaba sí, mientras su mente dudaba un segundo más. Pero la espera, la tensión, los celos y las palabras no dichas habían acumulado demasiada pasión contenida.

Y entonces, finalmente, se encontraron.

Los labios de Mason rozaron los de Brenda con delicadeza al principio, explorando, buscando permiso. Y Brenda respondió, con un suspiro que escapó de su pecho, dejando que semanas de deseo, incertidumbre y miedo se derritieran en ese contacto.

El beso se profundizó, lleno de pasión contenida, de ternura y de necesidad. Mason la sostuvo suavemente por la cintura, acercándola más, mientras Brenda apoyaba sus manos sobre su pecho, sintiendo cada latido, cada emoción que se desbordaba.

Era un beso que decía todo lo que las palabras no podían: el arrepentimiento, la espera, la pasión, el amor y la promesa de no volver a separarse.

Se separaron apenas, respirando con dificultad, pero sin soltar las manos. Sus frentes se apoyaron la una en la otra, y Mason susurró:

—Te amo, Brenda. Más que nunca.

—Yo también… —murmuró ella, con los ojos brillantes—. Y no quiero perder esto… ni a ti.

Por primera vez desde el malentendido con Deborah, el castillo se llenó de calma, pero una calma cargada de promesas, pasión y futuro juntos.




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