El sol de la mañana iluminaba los pasillos del castillo cuando un auto negro se detuvo frente a la entrada. Mason estaba en el salón revisando informes, y Brenda trabajaba en el invernadero. Loren fue la primera en notar el vehículo:
—Bueno… —dijo, con una sonrisa traviesa—. Parece que tenemos visita.
No habían terminado de hablar cuando la puerta principal se abrió de golpe y Lucas apareció, con su habitual energía y sonrisa contagiosa.
—¡Hermano! —exclamó Mason, levantándose de inmediato—. ¿Qué haces aquí?
—Vengo a verlos —dijo Lucas, guiñando un ojo a Brenda—. Y, de paso, a ponerlos al día de algo importante.
Brenda levantó la vista, sorprendida y divertida al mismo tiempo por la familiaridad con que Lucas la trataba.
—¿Algo importante? —preguntó ella, dejando los guantes a un lado.
—Sí, algo que involucra… mi boda —anunció Lucas, con un brillo travieso en los ojos—. Amanda y yo nos casamos, y quiero que ambos estén ahí. Mason, Brenda… sería genial que vinieran juntos.
Brenda se atragantó con su té y Mason sintió un pinchazo en el pecho. La mezcla de diversión y tensión era inmediata.
—¿Juntos? —repitió Mason, con una ceja arqueada, intentando mantener la compostura—. ¿Estás diciendo que debo llevar a Brenda como mi… pareja?
—Exactamente —dijo Lucas, cruzando los brazos con aire satisfecho—. Vamos, Mason, es la boda de tu hermano. No me digas que no puedes acompañarla. Y Brenda… —miró a Brenda con complicidad—. Creo que ustedes dos ya saben que… bueno, ustedes encajan.
Brenda sintió un calor subirle a las mejillas y Mason no pudo evitar mirar a Lucas con una mezcla de sorpresa y ligera incomodidad.
—Lucas… —dijo Mason, respirando hondo—. No sé…
—Oh, vamos —interrumpió Lucas, riéndose—. No seas dramático. Solo estoy diciendo que sería divertido, y no lo digo solo por mí. Quiero verlos felices, ¿vale? Y vamos, Brenda… Mason te adora, aunque te hagas la dura.
Brenda soltó una risa suave, sintiendo cómo la tensión entre ella y Mason se relajaba un poco gracias a la irreverencia de Lucas. Mason, por su parte, no pudo evitar sonreír, aunque el mensaje de Lucas había encendido una chispa inesperada: ahora era oficial, los veía como algo más que amigos o compañeros de castillo.
—Está bien —dijo finalmente Mason, con una media sonrisa—. Entonces… aceptamos la invitación.
—Eso quería escuchar —respondió Lucas, dando un pequeño salto de entusiasmo—. Perfecto. Será divertido. Y no se preocupen, prometo no hacer demasiadas preguntas embarazosas en la boda… aunque no lo prometo del todo.
Brenda se rio nuevamente, y Mason la miró, sintiendo que la tensión de las últimas semanas se aligeraba. Por primera vez, las preocupaciones parecían más pequeñas frente a la risa, la complicidad y la cercanía que compartían en ese momento.
—Lucas —dijo Brenda, todavía sonriendo—. Gracias por… bueno, por empujarnos un poco.
—De nada —contestó Lucas, guiñando un ojo a Mason—. Pero prepárense, esta boda va a ser épica. Y quiero verlos juntos. Muy juntos.
El castillo volvió a la rutina, pero la risa y la energía de Lucas habían dejado un rastro de anticipación, complicidad y alegría. Mason y Brenda compartieron una mirada prolongada, cargada de promesas silenciosas y un vínculo que cada día se hacía más fuerte.