El aire de septiembre en Nueva York estaba cargado de alegría y emoción. Las calles estaban llenas de invitados, risas y la elegante locura de los preparativos. Mason y Brenda caminaron juntos hacia la iglesia, él ligeramente nervioso, ella radiante y sonriente, pero con la emoción contenida en el corazón.
Lucas y Amanda brillaban como protagonistas de su propio cuento: él con su traje impecable y ella con un vestido que parecía hecho de luz. Mason y Brenda compartieron una mirada cómplice, y por primera vez en semanas, el mundo exterior parecía haberse desvanecido.
Durante la ceremonia, Mason tomó la mano de Brenda con firmeza, sus dedos entrelazándose con los suyos. Ninguna palabra era necesaria: el gesto decía todo lo que ambos sentían después de semanas de tensión, reconciliación y pasión contenida.
Al final, mientras los recién casados caminaban por el pasillo bajo una lluvia de pétalos de rosa, Lucas no pudo resistirse a guiñarles un ojo a Mason y Brenda:
—Recuerden… aún tienen su propio camino por recorrer —dijo en voz baja, pero con esa chispa traviesa que siempre lo caracterizaba.
Brenda rió suavemente, apoyando su cabeza en el hombro de Mason mientras caminaban juntos:
—¿Crees que nosotros también…? —susurró, sin terminar la frase, dejándola en suspenso.
Mason apretó su mano y, con una sonrisa tranquila y segura, respondió:
—No lo sé… pero sea lo que sea, lo enfrentaremos juntos.
La música comenzó, los invitados celebraron, y Mason y Brenda se quedaron un momento apartados, contemplando a Lucas y Amanda, sonriendo mientras el futuro se abría ante ellos. Sus corazones latían al mismo ritmo, y aunque todavía no sabían todo lo que la vida les depararía, sabían que mientras se tuvieran el uno al otro, nada podría romper su vínculo.
El castillo, las colmenas, las risas de Stefi, las bromas de Loren, el apoyo de Mark… todo había construido el camino hasta allí. Y mientras la luz del atardecer doraba la ciudad, Mason y Brenda compartieron una última mirada cargada de promesas:
El futuro estaba por escribirse… y lo harían juntos, pase lo que pase.
Y así, entre risas, celebraciones y la magia de un amor que había sobrevivido a malentendidos, celos y distancia, el libro cerró sus páginas dejando la certeza de que su historia apenas comenzaba.