Laurel

Capítulo 6

Haco Morcaran

El guardia que envié para conocer el resultado del encuentro entre mi hermana Darice y el Rey Ihan lucía nervioso al entrar a la sala del trono. Sus palabras fueron tan rápidas que apenas las entendí.

—Su alteza… la princesa Darice…

Me puse de pie de inmediato. Aunque conozco el temperamento de Darice, siempre logra sorprenderme.

—¿Qué sucede con ella? ¿Logró el tratado?

—Su alteza… ha destruido el tratado de paz. Lo quemó en el salón del trono de Talyrios… ante el mismo Rey Ihan.

Por un instante no hablé. Miré el fuego en la chimenea. Pensé si el mismo ardor que sentía yo estaba latiendo en el pecho de Darice.

Me levanté. Tomé un caballo y cabalgué hasta Cirenei. Sabía que si no había regresado a Velmara, era porque no quería enfrentarme aún. Necesitaba verla. Entender su decisión.

La encontré en el campo de entrenamiento. Sudorosa, con la daga en mano, girando como si las sombras fueran reales. Kael, su mentor, la observaba desde las gradas. A cada error, un gesto. A cada acierto, un silencio más exigente.

Me acerqué. Darice me vio. Detuvo el entrenamiento. Con su respiración agitada, les hizo un gesto a los guardias para que se retiraran.

—Supongo que ya te enteraste —dijo entre jadeos.

—¿Has venido a reprenderme, hermano? —preguntó sin soltar el arma.

—He venido a recordarte que no todos los fuegos liberan, Dari. Algunos solo consumen.

Desenvainé mi espada.

—Veamos cuánto has aprendido.

Ella dudó un instante. A pesar de su habilidad, sabía que aún reconocía mi ventaja. Pero aceptó. Y comenzamos. Como sombras que se conocen, cada movimiento era una conversación sin palabras. Cada golpe, una herida antigua. Cada defensa, una historia compartida.

Tras el duelo, pedí hablar con ella en privado. Caminamos por los pasillos de piedra hasta la vieja sala de reuniones.

—¿Por qué lo hiciste, Darice?

Ella bajó la vista. Luego alzó la cabeza.

—¿Has venido a regañarme por no seguir tu guion?

—Quemaste la única vía diplomática que podía salvarnos de otra guerra.

—¿De verdad quieres hablar de diplomacia, Haco? ¿O de cómo me usaste para enviar un mensaje que tú no te atreviste a entregar?

—Te elegí porque confiaba en ti. Porque eres capaz.

—¿Y por qué ahora? ¿Por qué la urgencia en una paz con Talyrios? ¿O es que planeas algo más?

Sentí un escalofrío. Ella lo había dicho. La sospecha que siempre temí.

—No es lo que piensas —dije, manteniendo la calma—. Es por lo que somos. Por lo que representamos.

—No seré instrumento de un tratado que se romperá con el próximo aliento de guerra.

No importaban las palabras. Su rabia no era solo por el tratado. Era por la verdad que comenzaba a intuir. Y yo… no podía revelarla aún. No sin consecuencias.

Me marché. Pero por primera vez desde que me coronaron… vi en mi hermana no a una aliada, sino a una amenaza.

Y eso era algo para lo que no estaba preparado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.