Lavanda Y Cuero

CAPITULO 33

El sol se filtraba tímidamente por las cortinas de la sala cuando Violet abrió los ojos. Por un instante, su mente estaba en blanco, flotando entre la bruma del sueño y la realidad. Pero en cuanto sintió el peso de la manta sobre su cuerpo y reconoció el aroma a café en el aire, recordó dónde estaba.

La casa de Caleb.

Se incorporó lentamente, notando que aún tenía puesta la ropa del día anterior. Su cuerpo estaba tenso, como si hubiera pasado la noche en vela, aunque no recordaba haberse despertado. Miró a su alrededor. La casa era rústica, con muebles de madera oscura y una decoración sencilla pero acogedora. No había rastros de Caleb o Eli, aunque el sonido de pasos en la cocina le indicó que no estaba sola.

Violet se pasó una mano por la cara y tomó aire antes de ponerse de pie. Caminó hacia la cocina con cautela, y al asomarse vio a Caleb apoyado contra el mostrador con una taza de café en la mano. Su mirada se posó en ella en cuanto apareció en la puerta.

—Buenos días, bichito —saludó con su voz grave y su usual tono seco.

—Buenos días —respondió Violet, su voz aún rasposa por el sueño.

Caleb le extendió una taza de café sin decir nada más. Ella la tomó, sorprendida por el gesto, y se apoyó en el marco de la puerta mientras soplaba el líquido caliente.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él tras un momento de silencio.

Violet se encogió de hombros. —Mejor, creo.

Caleb asintió, como si eso fuera suficiente confirmación. Luego, con su típica actitud despreocupada, dijo:

—Eli salió temprano. Dijo que tenía cosas que hacer en el pueblo. Me pidió que te dijera que puedes quedarte aquí el tiempo que necesites.

Antes de que Violet pudiera responder, una puerta se abrió y unos pasos firmes resonaron en la entrada. Eli apareció en la cocina, con un sombrero vaquero en la cabeza y una sonrisa de medio lado.

—Vaya, así que por fin despiertas —dijo, mirándola con curiosidad.

Violet parpadeó, sorprendida. No esperaba encontrarse con él de esa manera.

—Tú debes ser Eli… —murmuró, sintiéndose un poco incómoda.

—Y tú Violet —afirmó Eli, inclinando levemente la cabeza. —He oído bastante sobre ti, aunque nunca nos habíamos cruzado. Supongo que era cuestión de tiempo, considerando quiénes son tus abuelos.

Violet asintió, sin saber exactamente qué decir. Eli tenía un aire más relajado que Caleb, pero no dejaba de analizarla con la mirada, como si intentara descifrar algo en ella.

—¿Quieres café? —preguntó Caleb, rompiendo el silencio.

—Por supuesto —respondió Eli, tomando una taza que su hermano le ofreció. Luego miró de nuevo a Violet y con una sonrisa divertida agregó—: Entonces, ¿te quedaste a dormir aquí? Eso explica por qué Caleb tenía cara de bulldog enojado esta mañana.

Caleb le lanzó una mirada fulminante, pero Eli solo rió.

—No molestes —gruñó Caleb. —Violet tuvo una noche difícil. No es de tu incumbencia.

Eli levantó las manos en señal de rendición. —Tranquilo, hermano. Solo bromeaba. —Luego miró a Violet con más seriedad—. Hablando en serio, espero que estés bien. Si necesitas algo, solo dilo.

Violet se sintió extrañamente aliviada por el tono sincero de Eli. No estaba acostumbrada a recibir apoyo de extraños, pero parecía que los hermanos, a su manera, se preocupaban por ella.

—Gracias —respondió suavemente.

Caleb bufó, cruzándose de brazos. —No digas tonterías. Si alguien ha causado problemas, es ese imbécil de James. Además, dudo que Tomas quiera que te vayas sola después de lo de anoche.

Violet bajó la mirada a su café, sintiendo una mezcla de vergüenza y gratitud. No estaba acostumbrada a que la cuidaran de esa manera.

—Supongo que tienes razón… —murmuró.

Caleb la miró un momento antes de hablar de nuevo, su tono más relajado.

—Hoy voy al rancho a revisar unas cosas. Si quieres, puedes venir. Tomas también estará por ahí, y sé que te vendría bien distraerte un poco.

Violet lo miró, sorprendida por la invitación. No era la forma más cálida de ofrecer compañía, pero viniendo de Caleb, era casi un milagro.

—Me gustaría —dijo finalmente, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que las cosas podían empezar a mejorar.




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