Tipo de Escrito: Viñeta.
Personajes: Reiji Sakamaki.
Advertencias: Ninguna en específico.
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Fiebre
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Una simple pregunta quiere hacer: ¿Los vampiros se enferman?
Por que si no es así, el universo se está burlando de él de maneras que no creía posibles. Temperatura alta, delirios, debilidad, dolor de cabeza, náuseas; qué genial se encontraba, ahora sí estaba más que excelente.
—¿Cómo es posible que se enferme? Es un vampiro, ¡No está siendo más que una molestia!
¿Están hablando de mí?
Se preguntó, no alcanzando a escuchar del todo la conversación que ocurría al otro lado de la puerta de su habitación. Los sirvientes no pueden ser discretos. Abrió sus ojos, un par de gemas en un color magenta vidrioso. Sentía que el universo se le estaba yendo encima.
Si fuera Shu el que estuviera en su lugar, ¿Estarían diciendo esas cosas? ¿O serían más indulgentes? ¿O condescientes? ¿Era él el problema?
Reiji se sentó en la cama, por un momento tuvo una arcada; se llevó la mano a la boca por inercia. Qué bueno que sólo se quedó en eso, en el movimiento, en el susto; no es como si tuviera la fuerza o los sólidos, y líquidos, en el estómago para poder expulsarlos.
Condenadas náuseas.
Pensó Reiji, pero más le daba asco el tener que sentirse así, pequeño y vulnerable, postrado en cama; era un insulto a lo que era, un vampiro. Se supone los vampiros no se enferman como los humanos, no pueden sufrir de gripe, fiebre, tos y otros síntomas; no tiene sentido.
Y si se tratara de un caso único, ¿Por qué él de todos los vampiros que estaban en esa mansión?
¡Es toda una humillación!
El poco o nulo respeto que ya tenía en ese sitio sólo empeora con su cuerpo actuando como si fuera el de un humano común y corriente.
No voy a llorar.
Sus dientes castañearon.
No voy a llorar...
Su nariz estaba comenzando a picar, apretó sus puños.
No es la gran cosa.
Pero por más que intentó convencerse que estaba bien y que se podía parar de esa cama como si nada, Reiji se vio obligado a tener que acostarse y cubrirse con las mantas; escalofríos, dolor en las articulaciones y el mundo que se le fue con tan sólo intentarlo.
—Qué... Patético...
Se limitó a murmurar, con las lágrimas traicioneras ya empapando su almohada, deseó que todo se desvaneciera para no volver a sentirse lamentable y débil.
Intentó ignorar el grito de auxilio de su cuerpo, incluso intentó ignorar la sensación de que algo dentro de él se retorcía, buscando escapar y destrozarlo todo a su alrededor.
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Palabras: 446.
Publicado: 02 de Enero de 2.026.