El monstruo nocturno
Iris Ashford
En cuanto me subo al automóvil de Asher, siento cómo el temblor que recorre mi cuerpo se pone más violento. El silencio dentro del coche se vuelve abrumador. No sé qué decir, así que fijo la vista en la ventana. Las luces de la calle se deslizan sobre el vidrio mientras avanzan.
En un semáforo en rojo, Asher se quita el suéter y se lo coloca sobre los hombros con cuidado.
—¿Otra vez?
Iris asiente apenas, sin mirarlo. Sus ojos siguen clavados en el horizonte teñido de tonos anaranjados y violetas. Un par de aves cruzan el cielo en formación, libres, ligeras.
Ojalá algún día pudiera sentirme así, piensa.