Lazos

10

Ido

Julian Mussi

Ella se fue. Así, sin más.

Me quedé en el estacionamiento con una bolita blanca —bueno, gris en realidad— y temblorosa en los brazos y una sensación ridícula de abandono que no tenía derecho a sentir.

No éramos nada, pero yo sentía que sí. Y ahora no tenía ni idea de qué.

La gata maulló débilmente. Suspire.

—Bueno... supongo que ahora somos tú y yo.

La llevé a la veterinaria en cuanto abrieron. Esperé sentado más tiempo del que me gustaría admitir, mirando el reloj cada dos minutos como si eso fuera a hacer que Iris apareciera de la nada.

No apareció.

El veterinario dijo que necesitaba estudios y observación. Dejé pagado el anticipo sin pensarlo demasiado. Que ser el hijo mimado sirviera para algo.

Salí con menos dinero y más preocupación.

Llegué a casa, me bañé, intenté dormir. No pude.

Encendí la televisión. F1. Ruido de motores. Comentarios que no escuchaba. Pedí comida. No tenía hambre.

Cada vez que cerraba los ojos veía su cara en el suelo del estacionamiento. Sus manos temblando. La forma en que se aferró a mi camiseta.

No era normal.

Y no sabía si lo que me dolía más era que estuviera asustada... o que no confiara en mí lo suficiente para decirme por qué.

🏍️🏍️🏍️

Al día siguiente llegué tarde a clases.

Raro en mí (sarcasmo)

—Buenas tardes, joven Mussi—dijo el profesor Salazar con esa sonrisa que daba ganas de incendiar algo—. Veo que la señorita Ashford no es la única irresponsable.

Sentí un vacío en el estómago.

—Iris no vino

No fue una pregunta.

—Siéntese —respondió él—. Y concéntrese.

No me concentré.

Pasó el lunes.

Martes.

Miércoles.

Iris no apareció.

Ni mensajes.

Ni llamadas.

Ni excusas.

Fui por la gata cuando me avisaron que ya podía recogerla. Vacunada, vendada, más limpia que yo. Compré lo que nos faltó aquel día que nos quedamos encerrados en Walmart: una cama pequeña, una transportadora, juguetes que no necesitaba pero igual pagué.

La instalé en mi habitación.

Le puse de nombre Atlas.

Porque si no podía salvar a una persona... al menos podía cuidar a algo.

El jueves ya estaba convencido de que había hecho algo mal.

Tal vez la abracé demasiado fuerte, tal vez la presioné, tal vez la asusté. O simplemente tal vez soy el tipo de persona que arruina las cosas cuando empiezan a ponerse bien.

El viernes ya no podía más.

Así que hice lo único lógico que alguien con cero estabilidad emocional haría.



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En el texto hay: romantico, aventura, inesperado

Editado: 12.04.2026

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