Lazos

1

Viaje

Alejandra

—¡Alejandra! —gritó mi tía desde el otro lado de la puerta—. Levántate ya, que tu prima y yo nos tenemos que ir y aún no está listo el desayuno.

Genial, ahora la bebé que dormía en mis brazos comenzó a llorar. Miré la hora y no eran ni siquiera las cinco de la mañana, pero me tuve que desperezar rápido. Tomé a la niña y la fui calmando mientras me dirigía a la cocina.

—Se te durmió el gallo, primita —dijo la figura que ya estaba sentada a la mesa.

—Lo siento, creo que no escuché la alarma porque la niña...

—Sí, sí —interrumpió mi tía con un gesto desinteresado—, mejor apúrate porque tenemos que irnos ya.

Hice rápidamente unos huevos revueltos con jamón y un poco de té de manzanilla. Les serví con agilidad y comencé a entibiar un poco de agua para preparar el biberón de mi bebé cuando escuché cómo un plato caía al suelo. Mi hija reaccionó al ruido con gritos y lágrimas.

—Ups, se me cayó.

—No te preocupes, hija; ni siquiera estaba tan bueno el desayuno. Deja que Alejandra limpie todo, ya no tenemos tiempo.

—Sí, ma.

Vi cómo la poca comida que quedaba en el plato se había esparcido por el suelo. Al fondo, la tetera que había puesto empezaba a silbar por la presión, mientras la única familia que me quedaba tomaba sus abrigos y salía apresurada por la puerta.

Me quedé unos minutos mirando al suelo mientras unas pequeñas lágrimas caían por mis mejillas. El sonido de los autos pasando se hacía cada vez más fuerte, al igual que el de la tetera; cuando volví en mí, fui a apagar el fuego. Limpié tranquilamente la comida, le preparé el biberón a la bebé y me serví lo poco que quedaba. Cuando vi el reloj, me di cuenta de que faltaban únicamente diez minutos para entrar al trabajo. Corrí a cambiarme, tomé mi bolso y la pañalera.

Salí como un relámpago del departamento y bajé las escaleras. Toqué la puerta de mi vecina con desesperación. Cuando al fin abrió, lo primero que vi fue a una chica que parecía haber llorado durante horas.

—Hola, ¿de pura casualidad no está tu abuela? —dije mientras me asomaba un poco. Ni siquiera esperé a que me respondiera y seguí—: Bueno, ella ya me conoce. Le dejo encargada a la niña unas horas. ¡Por favor!

Y salí disparada de ahí. Llegué unos minutos tarde, pero justo a tiempo para la inspección del supervisor. Al ver que todo estaba en orden, salió de la tienda. Fiu, por poco me cachaba; una más y me bajarían el sueldo.

Empezaron a llegar los clientes a cuentagotas, y en un momento en el que no acudió nadie comencé a acomodar la mercancía nueva, hasta que en uno de los pasillos escuché ruidos. Era extraño, pues no había oído que abrieran la puerta. Me asomé y vi una luz resplandeciente que se movía con cuidado.

Todo pasó muy rápido. Sonó algo parecido al cerrojo de un arma. Se escuchó una detonación y apenas logré refugiarme detrás de la caja. ¿Qué rayos? Al asomarme un poco, vi que los pasillos no estaban destrozados ni había pistas de nada, pero al voltearme me di cuenta de que el estante de productos que estaba detrás de mí había desaparecido. Mi corazón comenzó a acelerarse al mismo tiempo que las pisadas se acercaban.

Me escabullí sigilosamente por el siguiente pasillo. Estaba a punto de llegar a la entrada cuando alguien me tapó la boca y me jaló hacia el interior de la cámara de hielos. Quise gritar, pero aquel tipo no me dejó hacer nada. Me soltó solo para sacar algo de su maletín. Me quedé helada pensando que quizás sacaría un arma para obligarme a hacer algo, hasta que sacó... ¿una libreta?

Comenzó a escribir desesperadamente. Estaba a punto de preguntarle por qué me había llevado allí, pero él abrió la puerta trasera del refrigerador. Iba a gritarle que era un suicida —o que quizás él era parte del equipo que intentaba hacerme daño—, pero entonces vi el exterior.

Habíamos viajado al pasado.



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En el texto hay: romantico, aventura, inesperado

Editado: 12.04.2026

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