La cena
Amaya Montenegro
Me metí a bañar después de un largo día, la organización de la fiesta de graduación de mi hermana era cada día más pesada, y a esto se aunaba la organización de la boda. Hablando de eso, mañana por fin se llevaría a cabo y tendría un peso menos sobre mis hombros. A decir verdad estaba cansada de todo lo que estaba relacionado con eso: buscar el lugar, mi vestido, los zapatos, las flores, el pastel, la comida, el catering...cada maldito detalle. No debería estar bajo el agua de la regadera imaginando que se lleva mi cansancio, tendría que estar descansado en mi cama, ¡demonios!, me lo merecía, llevaba tanto tiempo sin dormir bien...
Mi hilo de pensamientos se vio interrumpido por un toque repentino en la puerta del cuarto.
—Cariño, debemos salir en tres minutos. —Sí... solo dame unos segundos, me arreglaré rápido. —Más te vale. Ya debíamos estar allí desde hace un buen rato; muchos de los invitados ya han llegado y sabes lo importante que...
Mi mente comenzó a diluir lo que decía mi prometido; ya tenía suficiente con mi cansancio como para que también me estuviera reclamando. Terminé mi baño lo más rápido que pude, me enfundé en el vestido de gasa blanco, me enchiné las pestañas y me puse máscara. Usé un poco de labial oscuro en los labios y salí del baño para calzarme las zapatillas.
—Lista, vámonos. —¿Piensas irte así? Llévate tu estuche de maquillaje para arreglarte en el camino. No es por nada, pero tus ojeras se notan mucho.
Puse los ojos en blanco y corrí por mi estuche de maquillaje.
—¿Suficiente? —Vámonos.
Bajamos las escaleras en silencio y el trayecto en el auto también fue así. No fue hasta que llegamos al restaurante que su semblante se transformó totalmente; comenzó a sonreír y a saludar a todos enérgicamente. Mientras tanto, yo me quedaba atrás esperando a que él me presentara ante sus conocidos y familia, pero eso nunca pasó.
Así que me dirigí a mis propios amigos y familia para darles la bienvenida. Los llevé a sus asientos en la gran mesa que estaba dispuesta para la cena de compromiso que se llevaría a cabo esta noche. Luego, fui a la cocina para asegurarme de que los platillos se entregaran en el momento exacto que había indicado cuando hice la reservación. Todo iba a la perfección hasta que sentí cómo la comida subía por mi garganta. Corrí al baño esperando lo peor, pero, por suerte, no vomité. Lo que sí pasó fue que la cabeza comenzó a dolerme terriblemente. Saqué del bolso mi celular y abrí su chat.
¿Puedes venir al baño de damas?, no me encuentro bien
No, resuélvelo
Tan atento como siempre
Por favor, necesito que me lleves a casa, me siento terriblemente mal
Pon tu mejor cara y sal del maldito baño, toda la gente te está esperando
Al leer el mensaje me recargué en la puerta del baño. Me quedé unos minutos así para ver si lograba componerme un poco, al ver que mi malestar disminuía un poco pedí un taxi desde la aplicación, caminé a la cocina y de ahí salí al exterior. El viento fresco me golpeó de lleno en la cara y pocos minutos después llegó el taxi.
Cuando llegué al hotel subí con dificultad hasta mi cuarto , pasé el seguro en la puerta y me tiré en la cama, pronto el sueño me llevó a lugares desconocidos.