Bienvenida
Amaya Montenegro
Desperté con una sacudida ligera en el hombro. El vuelo se me había hecho cortísimo, pero lo que sí estaba largo fue el camino de baba que le dejé al pasajero de al lado. ¡Qué horror! Sentí cómo se me calentaban las mejillas; estoy segura de que me puse roja como un tomate. Pobre tipo, seguro ni se movió en todo el viaje por pura pena de despertarme. Me alejé de él lo más rápido que pude pidiéndole perdón mil veces y, mientras esperaba a que el pasillo se despejara, sentía que el tiempo se me hacía eterno.
Al bajar me siguió la mala suerte: no tenía ni idea de a qué pasillo ir. Estuve perdida un buen rato hasta que llegó otro vuelo y mejor seguí a la multitud para encontrar la salida. Cuando por fin pisé la calle, tomé un taxi directo a casa de mi abuela. Me salió carísimo, la verdad, pero no podía arriesgarme a perderme en un lugar que —aunque ya conocía por mis papás— nunca me había molestado en prestar verdaderamente atención. Yo siempre me dejaba guiar.
Me quedé pegada a la ventana viendo el camino y, conforme avanzábamos, me iba sintiendo más tranquila. Cuando divisé esos edificios blancos supe que había llegado a mi destino; no pude evitar hacer una pequeña sonrisa. Caminé por el pasillo lleno de plantas y acaricié el letrero de talavera que decía: "Casa de la abuela". Respiré hondo y toqué el timbre.
—Ay, por Dios... esta gente que no deja descansar ni de noche —escuché que rezongaba mi abuela desde adentro—. ¡Hija! Pero qué sorpresa, no te esperaba. Pasa, pasa, que acabo de preparar chocolate caliente.
—Thanks, abue. De verdad necesito hablar contigo.
Me hizo seguir a la sala y ella se fue directo a la cocina.
—A ver, suelta la sopa. Hace años que no te apareces por acá y menos tú sola... aquí hay gato encerrado.
—Ay, abuela, if you knew...
—Pues cuéntame ya, que soy todo oídos.
—Es por el chico con el que me iba a get married hoy.
—¿Ibas? ¿Cómo que ibas? ¿De qué me perdí?
—Ayer fue la cena de compromiso y yo ya no podía más; I was completely exhausted. Se lo dije a Isaac varias veces, but he didn't even notice me. Ni siquiera me presentó con su familia o sus amigos; me tuvo ahí checando que todo saliera bien en la cocina hasta que el estómago me dio un vuelco. Corrí al baño a vomitar y, cuando le dije I want to go home... solo me dijo que lo resolviera, pero que saliera presentable. No aguanté más y me regresé al hotel... —me quedé callada un momento y sentí que se me quebraba la voz—. Granny, simplemente no pude. I couldn't imagine viéndolo ahí en el altar, jurando cosas que sé que nunca iba a cumplir.
Me solté a llorar y ella me envolvió en uno de esos abrazos que parece que te curan todo. Cuando logré calmarme un poco, me llevó a mi cuarto.
—Te puedes quedar aquí el tiempo que necesites, mi niña. Tienes el baño aquí al lado y mi cuarto está justo enfrente por cualquier cosa.
—Thanks, Granny. De verdad.
—Descansa, Mayita, que el viaje debió estar pesado.
Me dio un último abrazo y cerró la puerta. El cuarto se sintió muy pequeño y demasiado silencioso de repente. Corrí a la ventana y la abrí para que el aire frío me tocara la piel y pudiera volver a sentirme un poco tranquila, cuando de la nada se escuchó un:
—¡Ay!