¿Amor a primer golpe?
Leónidas Navarrete
—¡Ay! —exclamé de dolor al sentir cómo el borde de una ventana me daba en la cabeza—. Esta pinche gente que no se fija. Tengan más cuidado al abrir la ventana.
—I'm so sorry!, no fue mi intención darle un golpe con la window.
Me volteé con cuidado para ver quién había sido tan tonto como para no fijarse antes de abrir, pero la oscuridad del cuarto no me dejó ver bien; a esto súmale mi astigmatismo y el trancazo.
—No creo que nadie ande repartiendo ventanazos a propósito —dije con cierto sarcasmo.
No sé si no escuchó mi comentario o si decidió hacerse la sorda, pero me dijo:
—Are you okay? Déjeme ver si tengo algo para curarte. —Se volteó y pegó un grito—: ¡Abueeee, ¿dónde tienes el first aid kit?!
—Dentro del mueble del baño —escuché que decían a lo lejos.
—Ya déjalo así —dije un tanto harto de la situación y comencé a caminar.
—No, wait... yo... —escuché cómo intentaba correr a la puerta para seguir hablando conmigo, pero la verdad no tenía ánimos de seguir escuchando más disculpas.
Seguí el rumbo hacia mi departamento, abrí la puerta rápidamente mientras escuchaba cómo la que estaba detrás de mí se abría; cerré inmediatamente, prendí las luces y me dirigí al baño. Al verme al espejo vi el resultado de aquel golpe: un pequeño corte por encima de la ceja. Me lavé con cuidado la zona con agua y jabón —sí, como Pin Pon—, me quité la ropa y me di una ducha larga. La verdad es que lo ameritaba; el entrenamiento había estado pesadísimo y necesitaba relajar los músculos.
Al salir de bañarme me amarré una toalla a la cintura y me disponía a ir a mi cuarto para tomar mi pijama —o dicho de otra forma, una playera de un partido político por el que nunca votaría y un pantalón viejo—, cuando tocaron al timbre. ¿Ya qué más daba presentarse semidesnudo ante sus vecinos? Estaba tan cansado que solo quería comer algo e irme a dormir.
Pero en cuanto abrí la puerta y vi a una chica con una bandeja de comida, la volví a cerrar; ella volvió a tocar el timbre. Solté un suspiro cansado y volví a abrir.
—A thousand apologies por lo de antes —dijo ella con una sonrisa tímida y la cara roja (ja, como una manzana)—. De verdad I feel so embarrassed. Como disculpa te traje un poco de hot chocolate y lasaña que hizo mi abuela; además traje el botiquín para curarte.
En cuanto el aroma llegó a mi nariz, mi estómago hizo un ruido incómodo. Hoy ganó el hambre. Con resignación abrí más la puerta.
—Acepto tu disculpa SOLO porque tengo hambre.
Pasó a la sala y a su paso dejó un suave aroma como a mango... mmmm, mango. Odiaba admitirlo, pero ese pequeño detalle hacía que la odiara un poquito menos porque, Dios, ¿quién no ama el mango? Pero bueno, ella no se enteraría de eso.
—Puedes dejar la bandeja en la mesa —dije mientras me retiraba a mi cuarto.
— What about your injury? —preguntó en voz un poco más alta para que pudiera escucharla, pero decidí que ahora yo me haría el sordo. Me puse rápidamente mi pijama y regresé a la sala.
—No te preocupes, ya me lavé con agua y jabón.
—Okay, it's fine... entonces yo... ya me voy —dijo mientras se dirigía lentamente a la puerta—. Y nuevamente, sorry for the hit.
—Les diré a mis amigos que me peleé con un oso, de eso no te preocupes.
—Goodnight, vecino —dijo al cerrar la puerta.
Qué chica.