Lazos

16

Punto G
Amaya Montenegro

Ya llevaba una semana en la universidad y, to be honest, me iba adaptando poco a poco. El verdadero reto seguía siendo el idioma y los modismos, pero Avril me ayudaba muchísimo aclarándome ciertos términos locales después de clase. Por si fuera poco, ya me había presentado a su grupo de amigos. Es una persona súper linda y responsable; I really like her.

—Bien, chicos —la voz de la profesora interrumpió mis pensamientos—. Pasaremos lista y luego comenzaremos con el tema de hoy.

Dicho y hecho. Después de pasar asistencia, se plantó frente al pizarrón con plumón en mano.

—Bueno, se supone que hace como tres semestres les debieron haber enseñado cómo se realizan los guiones. Así que en las clases de esta semana daremos un repaso rápido de cómo están estructurados el guion literario, el americano, el técnico y el storyboard. Recuerden que el proyecto final de la materia será la entrega de un producto audiovisual completo, ya sea un video musical, una entrevista, un cortometraje, un programa radiofónico o el formato que más les guste.

Sinceramente, esa sesión en específico me cayó como del cielo. En mi antigua escuela, por andar concentrada en los dramas de mi ex-prometido, apenas y había tenido cabeza para poner atención a las clases. De puro milagro, mucho café y desveladas tremendas logré pasar la materia en su momento, así que este repaso era justo lo que necesitaba.

La jornada académica me había dejado de muy buen humor. Amaba todo lo relacionado con la producción. Estaba tan ensimismada pensando en eso mientras caminaba hacia el área deportiva que, al llegar a la cancha, me saqué de onda por completo. Únicamente había niños pequeños corriendo por todos lados. ¿Me habría equivocado de horario? No way, no podía ser. Al mirar el reloj de mi celular caí en cuenta de que había llegado quince minutos antes de las cinco. Ahora todo tenía sentido.

Me senté en una de las gradas metálicas que daban hacia la cancha y me quedé embobada viendo cómo niños que no debían pasar de los seis años ya peloteaban increíble. En esas estaba cuando, de repente, una bola perdida golpeó a una pequeña en el ojo; no debía tener más de cuatro años. De inmediato, la niña soltó un llanto desgarrador. Leónidas se acercó —aunque no precisamente corriendo, se le veía un poco torpe y perdido, como si no supiera qué hacer con una criatura chillando—. Se puso de cuclillas frente a ella y empezó a enseñarle los dedos de la mano, contándolos, para luego esconderlos todos de golpe, le preguntó algo, a lo que la niña se talló la cara y se soltó a reír.

—Es buena onda, ¿no crees?

What? —Me di la vuelta bastante rápido por el susto—. ¿Quién?

—¿Quién más? —dijo un chico desconocido de cabello castaño cenizo que se acababa de sentar cerca—. Leo.

Ahhh... la verdad es que no he tenido el gusto de tratarlo por mucho tiempo —respondí con la verdad a medias.

—Ya veo. —Se quedó en silencio unos segundos y luego reaccionó con una sonrisa—. ¡Ay, perdón! Qué maleducado soy. Me llamo Jorge, mucho gusto.

—Amaya. Lo mismo digo.

—No te había visto por aquí en los semestres anteriores.

—Lo que pasa es que soy de nuevo ingreso. Bueno, de transferencia.

—Tiene sentido. Definitivamente habría recordado una cara como la tuya.

Sentí cómo los nervios y el bochorno amenazaban con hacerme poner roja, pero afortunadamente Leónidas nos salvó del momento incómodo.

—¡Chicos, ya entren a la cancha! Comiencen a calentar —ordenó Leo a los que íbamos llegando.

—Como digas, cabrón —soltó Jorge en voz alta al pasar a su lado.

—¡JORGE! —exclamó Leo con tono severo y los ojos muy abiertos.

—Perdón, perdón —se disculpó Jorge, cero arrepentido y deletreando con burla—: P-R-O-F-E.

—Así está mejor. Recuerda que no podemos decir groserías enfrente de los niños.

—Entendido, jefe.

—Che güey... —escuché que murmuró Leo por lo bajo, aguantándose una sonrisa mientras los niños se alejaban.

En lo que estirábamos para comenzar, Jorge siguió platicando conmigo. Me pareció un chico bastante carismático y divertido, hasta que el profesor nos puso a correr alrededor de las canchas.

—¿Qué pasa, Amaya? ¿Eso es todo lo que puedes dar? —me picó Jorge al pasar a mi lado.

Oh, hell no. No me iba a dejar mangonear por el chico nuevo el primer día, así que aumenté la velocidad. Él no se quedó atrás y aceleró también. Solo Dios sabrá cuántas vueltas le dimos a la cancha porque estábamos súper entretenidos intentando ganarle al otro. Solo bajamos el ritmo cuando a Jorge se le terminó el aire y se apoyó en sus rodillas, jadeando.

—¿Decías? —le lancé con una sonrisa de suficiencia.

—Bien, chicos, ya vi que traen excelente resistencia —interrumpió Leo, caminando hacia el centro—. Ahora vayan por su raqueta y empiecen a pelotear a media cancha para terminar de calentar.

Hicimos inmediatamente lo que nos ordenó. Y damn, ese chico era jodidamente bueno con la raqueta. Casi no le pude contestar ninguna bola limpia. Cada vez que fallaba un golpe, yo soltaba un bufido de frustración, a lo que él, muy lindo, me imitaba desde el otro lado:

—¿Qué decías?

Eso era exactamente la gasolina que necesitaba mi orgullo para demostrarle que sí podía hacerlo. Así estuvimos un buen rato intercambiando tiros hasta que el resto del grupo llegó a la cancha. Al ver que el ambiente cambiaba, me acerqué sigilosamente a Leo.

—Oye, ¿y los chicos de la semana pasada? —le pregunté en voz baja para que los demás no escucharan.

—Ah, ellos —dijo con total indiferencia, acomodándose la gorra—. Son del grupo de avanzados.

—¡¿QUÉ?!

—¿Qué tiene?

—¡¿Y me dejaste tomar clase con ellos el lunes?! —Le reclamé, indignada.

—¿Y qué más ibas a hacer?

—No sé, ¡advertirme! Decirme algo como: "Oye, Amaya, te sugiero venir a esta hora porque en el bloque que te asignaron van a estar los avanzados y vas a volar todas las pelotas".



#7291 en Novela romántica
#3037 en Otros
#312 en Aventura

En el texto hay: romantico, aventura, inesperado

Editado: 15.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.