Lazos

18

Desvelado
Leónidas Navarrete

Estoy tirado en mi cama viendo al techo, pensando en por qué demonios no puedo dormir. Hacía mucho que no me daba insomnio de este tipo. Me quité la cobija de una patada y me fui a la cocina a oscuras para buscar alguna pastilla de melatonina, o de perdida un té de tila.

—¡CARAJO!

Me pegué de lleno la espinilla contra una silla de la barra. Muy bien, Leo, todo por ser un flojo y no prender la luz.

Para evitar más accidentes y no terminar fracturado, esta vez sí encendí el foco de la cocina.

—A ver si encuentro algo que me ayude por aquí... —murmuré para mí mismo.

Busqué en las alacenas entre frascos viejos y cajas de cereal y, de pura chiripa, encontré una gomita de melatonina toda dura en un bote escondido hasta el fondo. Me la comí inmediatamente, pero justo al mismo tiempo capté un movimiento repentino por el rabillo del ojo. Al voltear la mirada hacia la ventana, apenas y percibí una mancha negra escondiéndose a toda prisa... Tenía que ser el sueño. Sí, sí... definitivamente debía ser eso.

Regresé a mi cuarto, cerré la puerta con seguro (solo por si las dudas) y me volví a tumbar en la cama. En cuanto cerré los ojos, una imagen muy específica apareció en mi mente y mi corazón se aceleró de la nada... era por la mancha en la ventana, sí, eso, solo eso.

🎾🎾🎾

—¿Qué chingados te pasa, Leo? Estás jugando de la verga.

—No me pasa nada, cabrón —respondí, ajustándome la gorra y recuperando la posición en la línea.

—Ajá, sí... A ver —me lanzó un remate de sorpresa hacia la esquina opuesta.

Apenas y alcancé a llegar a la pelota, estirándome en un split casi desesperado que por poco me saca un tirón.

—¿Ves? No andas al cien, ya güey —dijo Jorge, acercándose a la red y apoyándose en ella—. Concéntrate, cabrón, que el torneo se acerca y no puedes andar jugando así si vamos a entrar en dobles juntos.

—Perdón, güey, debe ser el cansancio de la semana —claro, Leónidas, sigue diciéndote esa mentira hasta que te la creas.

—Bueno, cinco minutos de descanso y seguimos.

Nos acercamos al mismo tiempo a la mesa metálica para tomar agua cuando, a lo lejos, al otro lado de las gradas, vi una figura bastante conocida caminaba a paso apresurado.

—Mira, allá va Amaya —dijo Jorge, confirmando mis sospechas mientras entornaba los ojos—. ¿Qué estará haciendo por aquí a esta hora?

Por suerte ese día llevaba puestos mis lentes de contacto y alcanzaba a ver con claridad aquella mancha menuda que, para variar, caminaba abrazándose a sí misma y temblando como chihuahua aunque ni siquiera hiciera frío. Noté cómo se acercaba a un chavo que iba pasando por el pasillo con su mochila al hombro; Amaya le sonrió, le habló con las manos haciendo gestos de súplica para pedirle algo, pero el tipo solo negó con la cabeza, le hizo un gesto de desinterés y la dejó con la palabra en la boca. Amaya bajó los hombros, claramente frustrada.

—Voy a rellenar mi botella —le dije a Jorge a toda prisa, dejando la raqueta en la banca.

Caminé hacia la toma de agua que estaba convenientemente cerca del pasillo exterior. Puse la botella bajo el chorro y dejé que se desbordara a propósito, demorándome lo más posible solo para disimular y escuchar de cerca qué diablos estaba haciendo. Para mi sorpresa, la mismísima Amaya cambió de rumbo al verme y caminó directo hacia mí con cara de apuro.

—Hola, Leo —dijo en cuanto llegó a mi lado, jugando nerviosamente con sus dedos.

—Hola, Amaya. Por si no te enteraste, las clases son más tarde.

—Sí, lo sé, es solo que... ¡maldita sea! —susurró esto último entre dientes, apretando los puños antes de volver a morderse el labio—. Necesito tu ayuda... Por cierto, ¿tienes novia?

Alzó sus ojos apenada para sostener mi mirada.

Fuck. Esos ojos.

Logré reaccionar a tiempo y solo alcancé a alzar una ceja, haciéndome el desinteresado.

—¿Por?

—Para un proyecto.

—Ajá, un proyecto —repetí con incredulidad—. No me vas a salir con que te gusta alguien de tu facultad, pero esa persona tiene novia y quieres a otro para ponerlo celoso, ¿verdad?

Ahora la de la ceja alzada era ella, mirándome con una mezcla de indignación y gracia.

Wow, eres muy imaginativo, pero no, definitivamente no es por eso.

—¿Entonces?

—Es que necesito a un chico para que haga el papel de "Emilio" para mi video musical —tomó una larga respiración y soltó todo de corrido sin respirar—: Ymiprofesoranospidióunavanceperonoconozcoanadiequequierahacerloyyalepreguntéavariosdesconocidosaversipodíanayudarmeperoningunoquiereaceptary...

—A ver, respira, respira un poco —la interrumpí, riendo levemente por la verborrea que soltó—. Tranquila, pequeño chihuahua.

Su expresión cambió drásticamente a una que decía que estaba a exactamente dos segundos de ahorcarme con sus propias manos.

—¡Ey! Atrás, atrás, eso, buen perro —dije en tono burlón, levantando las manos defensivamente.

Go to the fuck —soltó en inglés con un tono impecable y se dio la vuelta, alejándose con paso decidido.

Tuve que salir corriendo detrás de ella para alcanzarla. Joder, estaba chiquita, pero vaya que caminaba rápido cuando se encabronaba.

—Bueno, bueno, perdóname —dije, poniéndome enfrente para detener su avance—. Dime para qué canción van a hacer el video.

—¿Qué no estás muy OCUPADO? —dijo, haciendo un gesto con la cabeza hacia la cancha donde Jorge nos observaba a lo lejos.

Miré de reojo hacia la red. Chingadamadre, tremendo espectáculo debimos de haberle dado a mi compañero de dobles.

—Ya acabamos por hoy —dije sin pensarlo mucho, volviendo la vista a ella.

Amaya se detuvo en seco y se quedó pensativa durante unos minutos, examinándome la cara como si estuviera calculando si hablaba en serio, mientras yo la observaba extrañado por su repentino cambio de humor.



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En el texto hay: romantico, aventura, inesperado

Editado: 15.08.2026

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