Lejos de disculparse con su hermano por haberlo golpeado, Ibrahim dijo entre dientes.
—El único beso que ella va a dar será mío, Dabir, porque es a mí a quien ama, así que aléjate de ella.
Patricia, al escucharlo, se dio cuenta que si él hubiera dicho algo semejante en el pasado, sin duda se hubiera emocionado mucho, pero esa noche, sus palabras no significaron nada para ella, más bien, la hicieron mirar de manera diferente a Ibrahim.
“¡Es más egoísta de lo que creí!”, pensó y sin remedio, se sintió asqueada, porque Ibrahim primero la había rechazado y lastimado en un juego cruel cuando supo lo que sentía por él y a pesar de de eso, no quería que nadie se le acercase. Era un ser vanidoso y envidioso a más no poder.
—Tú también aléjate de ella, Ibrahim —pidió Gabriel.
La chica miró a los tres. Notó que Gabriel permanecía en guardia esperando el ataque de cualquiera de los hermanos.
—Hermanito —dijo Dabir en un tono más claro, aunque seco—, creo que el que sale sobrando es este vecino entrometido. Desde que llegó, Patricia ha cambiado. ¿Lo has notado? Ya no es solo nuestro juguete, sino que ahora tenemos que compartirla con él.
—¡A mí nadie me comparte, cretino! —vociferó Patricia, tan ofendida, que sus ojos se cristalizaron por la humillación—. ¡No soy un objeto que tengan que estar compartiendo!
—Yo más bien pienso que Dabir te la quiere quitar, Ibrahim —opinó Gabriel con cierta indiferencia. Quería meter cizaña entre los hermanos—. Al principio los dos jugaban con ella, ¿verdad? ¿Pero te has dado cuenta? Ahora quiere jugar él solo. Me parece que ya le estorbas.
Ibrahim miró con ira a Dabir, la que se reflejó en su voz cuando habló:
—Es verdad, Dabir, bien que escuché cuando le dijiste, “deja que se maten y serás para mi solito”. Gabriel tiene razón. ¡Me has traicionado, hermano!
A continuación se lanzó contra Dabir, pero éste, a pesar de su estado de embriaguez, fue echándose hacia atrás, moviendo con rapidez la cabeza de un lado a otro para eludir los golpes que Ibrahim le lanzaba con los puños.
Los puñetazos iban con mucha fuerza, por ello, cuando Ibrahim lo alcanzó en plena boca, Dabir cayó al suelo, boca arriba, pero de inmediato se sentó y sonriendo de manera siniestra, probó su propia sangre y después la escupió.
—Mmmm, Ibrahim, pegas duro.
Se levantó tan rápido como pudo y luego sucedió que, como si el alcohol en su organismo se hubiera evaporado, utilizó la misma táctica de su hermano para lanzarse contra él en unos movimientos que fueron todo, menos torpes, así que fue el turno del menor retroceder hasta que más de un golpe lo alcanzó. Recibió uno en la nariz, otro en la mandíbula y después una poderosa patada en el estómago que lo lanzó por el aire. Ibrahim no pudo hacer nada más que aterrizar en el suelo.
Muy aturdido, el joven se sentó y también probó su sangre, pues esta escurría desde su nariz pasando por sus labios.
—Dabir, ¡esto no te lo perdonaré!
Gabriel reaccionó y aprovechó para dirigirse a Patricia, quien estaba angustiada por la situación porque no quería que se dijera después que se habían peleado por su culpa.
—Vámonos, Paty, Déjalos que se hagan trizas, así te libras de una vez por todas de sus abusos y sus…
Un par de patadas sorpresivas en la espalda lo interrumpieron. Fueron tan brutales que el pobre muchacho lanzó un gemido de dolor al momento de irse hacia adelante y caer de bruces contra unos rosales. Gritó cuando sus manos se clavaron en las espinas. La ira se apoderó de su persona, así que se enderezó y minimizando la sensación de dolor, se enfrentó a los hermanos. Los muy ventajosos habían utilizado muy bien sus pies para golpearlo.
—¡Qué cobardes son! —acusó con frialdad—. ¡Por poco me rompen las vértebras!
Los tres en guardia se miraron entre sí, notando lo poco que la luz de las lámparas les permitía apreciar de cada oponente.
—Yo opino que acabemos con él, Ibrahim —sugirió Dabir sin perder de vista a Gabriel—. Patricia siempre ha sido nuestra, él no tiene por qué venir a quitárnosla. Es nuestra.
—¡Te equivocas, Dabir! —corrigió Patricia—. ¡Nunca he sido de ustedes! ¿Por quién me han tomado? ¡No soy una muñeca!
—¡Eres nuestra muñeca, claro que sí! —voceó Ibrahim, concentrado en cualquier movimiento que Gabriel pudiera hacer, por ello, no miró a la joven—. Tienes razón, Dabir, terminemos con este usurpador.
Dabir sonrió satisfecho. Siempre le agradó el poder que tenía sobre su hermano menor y mucho más manipularlo de tal forma que Ibrahim quisiera imitarlo en casi todo, por eso lo había tomado por sorpresa que lo atacara de esa forma.
De reojo, miró a Patricia y entendió a Ibrahim, cómo se sentía respecto a ella, porque él mismo odiaba que alguien más, aparte de la familia Kalil, Imelda y Julio el jardinero, llegara a formar parte de su vida.
Por eso, como no estaban dispuestos a compartirla con nadie, a una señal suya, él y su hermano se fueron contra Gabriel, quien retrocedió. Bloqueó los golpes que le dirigieron con los puños, utilizando los brazos como barrera para protegerse. No obstante, su defensa fue rota cuando recibió un puñetazo de Dabir en su costado derecho mientras otro de Ibrahim rebotó en su mandíbula izquierda.
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Editado: 10.08.2026