Lazos de Amor

Cap. 57 La última barrera

 

Charles Weasley, el segundo hijo de Molly y Arthur, era un chico de temperamento alegre y bromista. Durante su época escolar fue tan popular como su hermano mayor, quizá un poco menos atractivo que éste, pero no por eso menos perseguido por las chicas, porque aparte de su encanto natural, era poseedor de unos hermosos ojos azules, una cabellera rojo fuego, y un cuerpo atlético debido a que era jugador de Quidditch y Capitán del equipo de su casa. Desde muy temprano, Charlie mostró un interés notable en la asignatura de Criaturas Mágicas, por lo que finalmente y en lugar de terminar como un jugador profesional de Quidditch como todos creían, terminó dedicándose al cuidado de dragones. En la actualidad y como había venido haciéndolo durante varios años, trabajaba en una reserva de estas criaturas en Rumania.

Esa noche acababa de llegar a su casa después de un largo día de trabajo, y estaba curándose unas heridas causadas por una de las encantadoras criaturas a las que dedicaba su atención, cuando vio una ráfaga plateada y el patronus de Bill, un jaguar, se posó frente a él.

Charlie, necesitamos tu ayuda, te espero en mi casa tan pronto como sea posible

Aquel sucinto y nada específico mensaje, alteró la tranquilidad habitual de Charlie, porque al igual que todos ellos, lo único que lo preocupaba más que ninguna otra cosa, era el bienestar de su familia. De modo que dejando lo que hacía, se desapareció rumbo a Shell Cottage. Apareció en el jardín de la casa de su hermano y lo vio cerca de la puerta de entrada en compañía de Jason. Al menos ellos dos estaban bien, pensó el chico mientras avanzaba, pero se preguntó cómo estarían los demás.

  • ¡Charlie!  --  exclamaron los otros dos al verlo llegar
  • ¿Qué sucede? ¿Mamá y papá están bien?  --  preguntó con preocupación
  • Sí, todos estamos bien  --  se apresuró a tranquilizarlo Bill 
  • ¿Y entonces?
  • Te hice venir por una cuestión de trabajo, no…
  • ¡Si serás mal nacido!  --  exclamó él interrumpiéndolo  --  ¿No podías ser un poco más específico? ¿Tienes idea del susto que me diste, imbécil?
  • Vamos hombre, si hubieses pensado un poco, habrías notado que…
  • Aclaremos algo, Bill Weasley, aquí al que se le da eso de pensar aun cuando lo están apuntando las varitas de una docena de mortífagos con deseos de matarlo, es a ti. De modo que cuando me envíes mensajes, asegúrate que no me causarás un paro cardíaco, cretino.

Jason que no había dicho nada hasta el momento, soltó la carcajada ante la indignación de su primo. Charlie era la persona ideal para divertirse, pero cuando se trataba de sus emociones, era un completo desastre.

  • ¿Y tú de que te ríes, infeliz?
  • De que sigues pareciendo una señorita y te asustas con cualquier cosa
  • Los dos son un par de idiotas, si estuvieses a miles de kilómetros de tu familia y te llega un mensaje en el que no te dicen nada útil, entonces veríamos.
  • Bueno ya, deja de discutir y vamos a ver qué se puede hacer por esos lindos adornos que traes  -- le dijo Jason

Entraron a la casa, saludaron a Fleur y Jason se dispuso a atender las heridas de su primo.

  • Bien, ya esto estuvo  --  dijo el sanador en cuanto terminó
  • No, aún no  --  y sacándose la camisa dejó ver unas quemaduras en la espalda
  • ¡Hombre!  --  exclamó Jason  --  Haber comenzado por ahí
  • ¡Diablos!  --  exclamó Bill a su vez cuando le vio la espalda
  • Tú nos criticas a nosotros, pero la verdad no te va a ti mucho mejor  -- opinó Jason  --  Prefiero enfrentarme a un Avada que puedo ver venir, a pasearme a diario por entre unos bichos que pueden carbonizarme sin que me entere.
  • Fue un descuido de mi parte, me distraje y pasé excesivamente cerca de los huevos de un Hocicorto Sueco hembra recién parida y bueno, pagué las consecuencias  -- explicó él sin mucha emoción
  • Hablando de tus criaturas, esa es la razón por la que te hemos hecho venir

Entre ambos le contaron los hechos recientes y a juzgar por lo que le dijeron, él coincidía con la opinión general, pero, aunque no dijo nada cuando Jason planteó su objeción, se quedó pensativo.

  • En cualquier caso, necesito ir al lugar de los hechos, porque normalmente y aparte de las señales obvias, los dragones suelen dejar otras huellas de su presencia, y debido a su tamaño rara vez son detectadas si no saben lo que están buscando.
  • Bien, imaginé eso, pero tendrá que ser mañana
  • De acuerdo, pero ya que me fastidiaste la noche, al menos dame de comer, porque muero de hambre  --  pero recordó dónde estaba y que la comida francesa no era una de sus favoritas  --  O pensándolo bien, mejor voy a ver a mamá  --  y Jason rio por lo bajo
  • ¿Por qué mejor no vienes con nosotros a Grimmauld Place?  --  le preguntó a su primo
  • ¿Para qué? Dije que…
  • Ya sé lo que dijiste, necio, pero todos vamos para allá, porque es donde están los chicos




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