Alessia
El regreso a la ciudad estuvo plagado de silencios tensos. Kael aún no me dirigía la palabra, pero yo tampoco hice el esfuerzo de romper la distancia entre nosotros. Su enfado aún pesaba en el aire, y la discusión que tuvimos antes de partir había dejado su huella. No entendía por qué sentía la necesidad de controlarme. ¿Por qué se enojaba? ¿Por qué sentía celos? Nuestra relación era un acuerdo, sin sentimientos de por medio, o al menos eso habíamos acordado. Entonces, ¿por qué su actitud me afectaba tanto?
Pero no podía centrarme en lo que Conrad me dijo. Kael no es una persona que demuestre sentimientos o le importaran las ataduras. Yo no le importaba, al menos no de la forma romántica. Los últimos dos días se ha comportado como un idiota.
La llegada a la casa no hizo que la tensión se disipara. Kael simplemente entró y se encerró en su despacho sin decir una palabra. Ni siquiera se dignó a mirarme y yo no pensaba romper el silencio.
Me quedé en la sala, tratando de calmar mis pensamientos, pero mi mente estaba demasiado revuelta. La cercanía de Lucien, su actitud desafiante, la reacción de Kael… todo se acumulaba en mi pecho. Ni hablar de lo que pasó anoche. Necesitaba descansar. Apenas pude dormir anoche.
No pude evitar recordar la expresión de Lucien antes de irse. No era la mirada de un hombre derrotado, sino la de alguien que planeaba su siguiente jugada. Y yo sabía que Lucien no se daría por vencido tan fácilmente. Pronto aparecería y yo temía no poder alejarme cuando lo hiciera. Esta vez me ha salvado Kael, pero pronto Lucien podía encontrarme a solas.
Me quedé pensando en qué habrá querido decirme. Quiso hablar a solas por algún motivo. ¿Cuál era? ¿Qué quería?
Debo admitir que me sentí estúpida al sentir la ilusión de que me dijera que me ama. Todos hemos regresado a nuestros hogares, y Lucien ha regresado con su esposa y yo con el mío. Al menos su matrimonio no era una mentira como el mío.
Los días siguientes transcurrieron con una calma engañosa. Kael y yo ya nos hablábamos y él no volvió a mencionar a Lucien. Agradecí que no lo hiciera, pero creo que él seguía molesto porque defendí a Lucien.
La calma continuó un par de días. Kael se iba de casa y se reunía con la manada para planear una nueva misión. Ellos investigaban qué ocurría, pero creían que volver a crear un campamento no era la mejor decisión. La otra noche casi nos matan a todos. Hubo muertos. Eran humanos, pero eso no quitaba el hecho de que existían decesos. Nuestra naturaleza es salvaje, pero no buscábamos matar a nadie.
Pero la paz cambió una noche cuando una nota fue deslizada por debajo de la puerta de nuestra casa. La mucama me la entregó. Dijo que no tenía remitente en el sobre. Mi corazón latió con fuerza cuando la recogí y leí las pocas palabras escritas con una letra elegante y reconocible:
"Nos vemos esta noche en el mirador. A solas. Esperaré paciente tu presencia."
Era de Lucien. Conocía su letra a la perfección.
Mi primera reacción fue romper la nota. Sentí rabia, pero se mezcló con una intensa curiosidad. No debía ir. Yo sé que no, maldita sea. Kael tenía razón en advertirme. Pero esa estúpida parte de mí que necesitaba respuestas no podía ignorar la cita. Y así fue como, a pesar de mis dudas, me encontré caminando en dirección al mirador esa misma noche.
No me importaba si Kael se molestaba por esto. Para empezar, él no tenía por qué enterarse y no había forma de que lo supiera. El encuentro entre Lucien y yo era secreto. Kael podía meterse en sus asuntos. No quería drama innecesario entre nosotros. Acordamos que cada uno haría lo que quisiera y no exigiría explicaciones al otro.
Yo nunca le pedí explicaciones a Kael cuando él me pedía ayuda con sus amantes. Él no tenía que exigirme ni obligarme a hacer nada.
El mirador estaba cerca. Había una persona parada allí, de espaldas.
Lucien estaba allí, esperándome con una sonrisa ladeada.
Mi corazón martilleaba contra mi pecho. No hemos estado a solas en meses.
—Sabía que vendrías, Alessia. Gracias por venir a verme —su voz era tranquila, pero en sus ojos brillaba algo oscuro.
Lucien agregó una sonrisa.
—¿Por qué querías verme? —pregunté con frialdad para ocultar mis sentimientos.
Quería demostrarle que superé lo que sentía por él. Quería que Lucien viera que ya no me importaba que me abandonara en el pasado.
—Primero que nada me gustaría saber cómo estás.
—¿Por qué te interesa, Lucien? —pregunté mirándolo fijamente. Sus ojos se veían tan bonitos esa noche.
—Es la primera vez que te enfrentas a la muerte. Tu familia siempre te ha protegido del peligro. Además, me interesa porque me importas, Alessia.
Olvidé lo mucho que me gustaba el sonido de su voz pronunciando mi nombre. Aparté la mirada. No quería que él viera que me afectaba lo que me decía. Intenté mantenerme fuerte.
—Sí, eso fue lo que dijiste el otro día.
—Antes de que tu novio prácticamente me echara del campamento —añadió.
—No es mi novio. Es mi esposo —aclaré, sintiendo el ardor de la mentira en mi garganta.
—De él es de quien quiero hablar, Alessia.
—¿De Kael? ¿Qué tienes que decirme sobre él?
—No entiendo cómo te casaste con alguien como él tan pronto. Tú y yo terminamos hace meses, pero te has casado con él de repente. Cuando oí el rumor, no podía creerlo. Kael y tú no parecen compatibles.
Sentí rabia ante sus palabras. ¿Quién se creía él para decir que Kael y yo no éramos compatibles? No sé por qué me sentí tan enfadada. Tuve el impulso de defender a Kael ante el ataque. Lucien tenía razón en lo que decía, pero quería cerrar su boca.
—Tal pareciera que es falso lo que tienen —opinó, acelerando mi corazón.
Mierda.
—No hables así de mi matrimonio. Tú no tienes idea de lo que hablas, y lo que Kael y yo tenemos es real.
—No sabía que te gustaban los mujeriegos, Alessia —comentó maliciosamente.