Lazos De Mentira

Capítulo doce

Kael

Cuando llegué a casa, Alessia no estaba allí. Me extrañó no verla. La noche había llegado y no era seguro que Alessia no estuviese en casa. Le pedí específicamente que no saliera de noche. Alessia tendría que haberme obedecido. Los ataques ocurrían de noche.

Alessia era terca y orgullosa. Pero su orgullo un día terminaría metiéndola en serios problemas.

—¿Dónde está Alessia? —le pregunté a la encargada de la limpieza.

—No estoy segura, señor. Pero la señorita Alessia salió hace unos cinco minutos. Parecía un asunto urgente.

—¿Notaste algo fuera de lo común?

—No. Pero la señorita recibió una carta hace un rato.

—¿Una carta?

—Sí, señor.

—¿De quién es la carta? ¿Quién la envió?

—El sobre no lo decía.

Miré las escaleras y subí a la habitación rápidamente. Rebusqué entre las cosas de Alessia y encontré el sobre metido en un cuaderno en su mesa de noche. Cuando leí el contenido, arrugué la hoja furioso y la arrojé al suelo.

No podía creer que Alessia fuese capaz de desobedecerme en medio de una guerra para encontrarse con Lucien en el mirador. Era una estupidez de su parte. Algo podía ocurrirle si salía sola. Pero mi rabia no era únicamente por eso. ¿Qué diablos hacía ella con Lucien? ¿Por qué aceptó verlo a solas?

Lucien no era bueno. Podía verlo en su mirada. He conocido tipos como él. Lucien quería jugar con Alessia. Lo noté el otro día en el campamento. Su presencia hacía que Alessia se sintiera confundida. Yo sabía lo que ella sentía por él y quería arrancarle ese amor por él con mis manos, pero no podía hacerlo. Me prometí que no dejaría que ambos estuviesen a solas, pero ella hizo lo que se le dio la gana.

Sabía dónde encontrarlos y no dudé en ir a buscarla. Más allá de mi rabia por su motivo de salida, tenía miedo de que algo le ocurriera.

Alessia y yo no éramos esposos por amor. Todo fue conveniencia. Una apariencia para evitar problemas mayores. Pero hemos estado juntos bajo el mismo techo durante tres meses. No iba a negar que me encariñé con ella. Además, le prometí a su familia que la cuidaría. No me perdonaría nunca si algo le ocurría bajo mi vigilancia.

Conduje hasta el mirador. Los encontré a solas.

Mi mandíbula se tensó.

El solo hecho de verla con él hizo que la rabia se encendiera en mi interior. Todavía no podía creer que Alessia hubiera venido aquí a escondidas, sin decirme nada, a encontrarse con ese bastardo. Por lo menos pudo tener la decencia de decirme a dónde iba.

Apreté los puños y avancé sin apartar la mirada de Lucien. Su expresión de suficiencia solo me enfureció más.

Alessia intentaba zafarse del agarre de Lucien, pero él no la soltaba. Tuve que respirar profundo para no matarlo. Descubrí que detestaba que Lucien le pusiera las manos encima.

—No toques a mi mujer —espeté con un tono que apenas lograba contener la furia que hervía en mi interior.

Lucien miró por encima de Alessia y no pareció intimidado en absoluto. De hecho, sonrió, como si estuviera disfrutando de la situación.

Alessia se dio la vuelta sorprendida por mi presencia. Mis ojos se clavaron en los de Alessia por un segundo. No me importaba que ella me viera enojado. Sé que no nos debíamos nada, pero esto era dañino para ella y su seguridad. Su amor por él la tenía enceguecida.

Alessia no se daba cuenta de que había mil hombres mejores que Lucien. Hombres que serían capaces de renunciar a todo por ella, e incluso su vínculo con su pareja destinada.

—Vaya, qué rápido has llegado. Me preguntaba cuándo aparecerías. ¿Estabas siguiéndola? —preguntó con burla.

Entrecerré los ojos.

—Encontré el sobre. La mucama me dijo que saliste. ¿Qué diablos crees que haces, Alessia? Estamos en medio de una guerra. Salir sola es peligroso.

—Lo sé, pero yo tenía que...

—¿Qué es lo que tenías que hacer? ¿Venir a verte con él? ¿El hombre que te rompió el corazón?

—¿Por qué te entrometes, Kael? Es tu esposa, pero no es de tu propiedad. La seguiste sin ninguna razón.

—Ni siquiera tengo que seguirla para saber que eres un problema —repliqué con voz tensa.

Alessia dio un paso hacia mí, como si quisiera interponerse antes de que la situación escalara aún más. Mis brazos a los costados de mi cuerpo con los puños apretados lo delataban todo. Lucien iba a recibir una golpiza de mi parte en cualquier momento. Él lo sabía y se defendería en caso de que ocurriera.

—Kael, no es lo que piensas…

—¿Ah, no? —la interrumpí, mirándola fijamente—. ¿Entonces qué es, Alessia? Porque desde donde estoy parado, parece que viniste a escondidas a ver a tu ex. Y no por cualquier razón, sino porque él te llamó y tú corriste a su encuentro sin dudarlo.

Ella apretó los labios y, aunque pareció buscar una respuesta, no la encontró de inmediato. Lucien, en cambio, decidió hablar. Alessia parecía una niña descubierta por su padre. Se comportaba como una. Ella sabía que actuó mal al venir a verlo, pero buscaba alguna razón para explicarse y justificarse.

—No la culpes. Tenía derecho a escuchar lo que tenía que decirle.

—¿Y qué es lo que tienes que decirle, Lucien? —pregunté, clavando mis ojos en él—. ¿Que la amas? ¿Que cometiste un error dejándola? ¿O tal vez que yo soy el enemigo, que debería desconfiar de mí? Déjame adivinar, porque todo eso suena bastante conveniente viniendo de ti.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.