Alessia
El silencio que se formó después fue incómodo. Había miradas entre Kael y mi padre que no lograba descifrar. Yo sentía que en cualquier momento la tensión explotaría. Creo que hice un mejor trabajo que Kael en ocultar mi descontento. Pero, en realidad, Kael ni siquiera se estaba esforzando por disimular.
Le lancé una mirada a Kael para que se comportara. Él y yo podíamos pelear, pero no ahora. No frente a mis padres. ¿Acaso quería llamar la atención de ellos? ¿Hacerme ver como la culpable?
Maldición, Kael.
Finalmente, mi padre dejó los cubiertos y apoyó los codos sobre la mesa, mirando directamente a Kael. Cruzó sus manos y las apoyó en su mentón. Sabía que papá iba a cuestionar algo. Apenas hemos dicho una palabra en toda la noche. Yo no era una persona callada y mis padres lo sabían.
—Sé que algo sucede entre ustedes —dijo con voz firme—. ¿Es algo de lo que deberíamos preocuparnos? ¿Problemas matrimoniales? ¿La has engañado con alguien, Kael?
Papá era duro. Su carácter era intenso. Nunca fue una persona fácil de llevar e intimidaba a todos con quienes hablaba. Kael no parecía sentirse intimidado por mi padre. Él tenía la consciencia tranquila al respecto. En teoría, me engañó mil veces, pero no me importaban sus amoríos porque yo no lo amaba.
Kael me miró de reojo y yo sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Sabía que no haría un escándalo frente a mis padres, pero tampoco se guardaría sus pensamientos. Golpeé el pie de Kael debajo de la mesa para que cerrara la boca. Esto era entre nosotros dos. Mis padres no tenían nada que ver.
—Tuvimos una pequeña discusión —respondió Kael sin dar detalles.
Arrugué los labios y me mordí la lengua para no mandarlo a la mierda frente a mamá y papá.
Papá y mamá me miraron. Mamá mantuvo sus ojos sobre mí, pero mi padre no pareció satisfecho con la respuesta y decidió indagar.
—¿Sobre qué? —insistió.
Me removí incómoda en mi asiento. Esto era inapropiado e innecesario. Kael cometió un error.
—Papá, por favor —murmuré, sintiéndome expuesta.
Kael exhaló pesadamente y se pasó una mano por el cabello antes de mirarme. Por un momento, su expresión pareció suavizarse, pero luego volvió a endurecerse. Lo presentí en su mirada. Él iba a desquitarse por lo que hice. Iba a vengarse y exponerme por haber desconfiado de él y haberme escapado de casa ignorando su petición de que me quedara.
Le advertí a Kael con la mirada que no pronunciara una palabra, pero dejó de mirarme e hizo lo que se le dio la gana.
—Sobre algo que Alessia hizo y que puso en riesgo su seguridad —contestó finalmente.
Mamá y papá me miraron de inmediato, esperando una respuesta de mi parte. Fulminé a Kael con la mirada.
Mi madre dejó escapar un jadeo ahogado y me miró con preocupación.
—Alessia, ¿qué hiciste? —preguntó alarmada.
Bajé la mirada, incapaz de responder.
—Salió sola de noche para encontrarse con alguien sin avisarme —respondió Kael en mi lugar.
Mi padre frunció el ceño.
—Alessia, sabes que eso no es seguro —dijo con desaprobación—. ¿Por qué lo hiciste? ¿No sabes lo que ha estado pasando? Tu hermano y Kael están a cargo de una búsqueda de hombres lobos desaparecidos.
—No es tan grave como lo están haciendo ver —me defendí, aunque mi voz sonó débil incluso para mí—. Solo fui a hablar con alguien… No iba a pasarme nada. Tuve cuidado. No exageren, por favor.
—¿Con Lucien? —preguntó mi madre con el ceño fruncido.
La miré enseguida.
Me estremecí. Mi madre conocía la historia entre Lucien y yo, y no le agradaba para nada todo lo que pasó entre nosotros.
—Sí —murmuré.
El silencio que siguió fue sofocante. Mi padre apretó la mandíbula y mi madre negó con la cabeza. Kael mantenía su mirada sobre mí, disfrutando de la desaprobación de mi familia. Iba a matarlo por ser un idiota. Él estaba rompiendo nuestro pacto. Él no tenía por qué cuidarme. Yo podía cuidarme sola. No lo necesitaba. No quería un héroe a mi lado.
—Alessia, cariño… ¿Por qué te has visto con tu ex novio? —dijo mi madre con voz suave pero preocupada.
—No vine aquí para recibir sermones —murmuré, sintiéndome cansada. Estaba a punto de levantarme de la mesa para marcharme.
Kael dejó su copa de vino en la mesa con más fuerza de la necesaria, haciendo que el sonido resonara en la habitación.
—Y yo no vine a esta cena para fingir que todo está bien cuando claramente no lo está —dijo con frialdad.
Todos lo miramos sorprendidos. Kael rara vez perdía la compostura frente a otras personas.
Mi madre me miró con un destello de tristeza en los ojos. Mi padre solo suspiró y se recargó en la silla.
—Pudiste esperar a que mis padres se marcharan para tener esta conversación. ¿Qué tratas de hacer, Kael? ¿Crees que tengo cinco años y necesito que mis padres me reprendan?
—Tienes más de veinte —contestó Kael.
—Exacto —dije.
—Pero actúas como una niña de cinco años —finalizó.
—No eres mi dueño —recalqué.
—Pero soy tu esposo —se aprovechó. Él sabía que no podía negarlo frente a mi familia.
Kael gozó de hacerme sentir incómoda. Su dulce venganza.
—Quizás deberíamos irnos —dijo mi padre finalmente.
Me sentí culpable al instante. No quería que se fueran en medio de esta tensión. Pero al mismo tiempo, sabía que la situación era insostenible y no tenía energía para seguir soportando una cena.
—No es necesario —dije en voz baja.
—Sí lo es —replicó mi padre con firmeza—. Está claro que ustedes dos tienen cosas que hablar y no seremos un obstáculo para eso. Pero espero que entiendas que has cometido un error al ir a verte con Lucien a espaldas de tu marido. ¿Acaso engañaste a Kael?
Abrí los ojos sorprendida.
—¡Claro que no! —me defendí.
—Alessia, luego te llamaré para que tengamos una conversación de madre e hija —avisó mi madre, mirándome desaprobatoriamente.