Lazos De Mentira

Capítulo quince

Alessia

Los dos primeros días fueron un infierno.

No tenía idea de a dónde había ido, y mi madre tampoco lo sabía. Mi padre, en cambio, tenía información, pero la guardaba. Exigí que la compartiera conmigo, pero él no daba el brazo a torcer. Al parecer, Kael le pidió a mi padre que no me lo dijera para que yo no escapara detrás de él y mi hermano como la otra vez.

Lo llamé una, dos, tres y cuatro veces. Luego, lo llamé por quinta vez. El contador de llamadas llegó a treinta, pero no había respuesta del otro lado.

¿Dónde diablos estaban?

Kael no podía hacerme esto.

¿Por qué no regresaron todavía?

Kael no contestó ninguna de mis llamadas ni respondió a mis mensajes. Intenté mantenerme tranquila, diciéndome que probablemente estaba demasiado ocupado para usar su teléfono, pero conforme pasaban las horas, la angustia crecía en mi pecho como una sombra oscura que se negaba a disiparse. Si él estaba ocupado, sé que habría encontrado un tiempo para enviarme un simple mensaje. Pero ni siquiera mi hermano me contestaba las llamadas.

Papá no me daba información sobre su estado, pero no estaba segura de que él supiera cómo estaban los chicos. Elisa, la esposa de mi hermano y yo, estábamos igual de preocupadas.

Al tercer día, la desesperación me estaba carcomiendo por dentro. ¿Y si algo le había sucedido? ¿Y si la misión había salido mal y estaba herido en algún lugar, sin poder comunicarse? O peor aún, ¿y si no iba a regresar nunca?

El miedo se apoderó de mí. Me sentía estúpida por preocuparme tanto, especialmente después de la última discusión que tuvimos, pero no podía evitarlo. Kael y yo nunca habíamos tenido una relación convencional, pero eso no significaba que su ausencia no me afectara.

Sé que la manada de Lucien y él se marcharon también. No todas las manadas asistieron a la misión porque tenían diferentes tareas. Si Lucien también se fue, él también corría peligro. Supongo que eran tres personas por quienes preocuparme. La manada me importaba, pero no tanto como ellos tres.

Me pasé todo el día revisando el teléfono, esperando algún tipo de señal, pero nada llegó. Era como si Kael hubiera desaparecido del planeta. La incertidumbre me estaba volviendo loca.

Esa noche, apenas pude dormir. Me revolvía en la cama, con la mente llena de pensamientos catastróficos. No quería admitirlo, pero tenía miedo de que algo realmente malo le hubiera pasado. Ni siquiera pensaba tanto en Lucien. Pensaba más en Kael. Y lo peor de todo era que si algo le sucedía, lo último que habría entre nosotros sería una pelea llena de resentimiento.

Al día siguiente, me levanté temprano con la determinación de encontrar respuestas. Llamé a la manada, pero nadie tenía información clara sobre su paradero. Mi hermano seguía sin responder, lo que solo incrementó mi preocupación.

Entonces, cerca del anochecer, la puerta principal se abrió de golpe.

Kael estaba allí.

Mis piernas se quedaron pegadas al suelo. Quise correr hacia él, gritarle, abrazarlo, golpearlo por haberme hecho pasar por esta agonía. Pero no hice nada. Solo lo miré, incapaz de procesar lo que estaba viendo.

Estaba perfectamente bien. Ni un rasguño, ni una señal de que hubiera estado en peligro. Su ropa estaba limpia, su expresión neutral. Parecía que no tenía idea del infierno por el que me había hecho pasar.

—Hola, Alessia —dijo con calma, como si no hubiera desaparecido por días.

Lo miré sin poder creerlo. Kael se desajustó la camisa y se la quitó, arrojándola al sofá y sentándose. Soltó un suspiro de cansancio y frustración, pero no de dolor. Él no estaba herido y podía confirmarlo. Sus perfectos abdominales tampoco tenían un rasguño.

Mi rabia estalló como un volcán en erupción. Descarado. Se fue por días, no llamó, no escribió y simplemente me saludaba como si nada. Merecía una explicación.

Sabía que las mucamas de la casa estaban en la cocina, pero no me importó hacer un escándalo. El enojo superaba mi cordura.

—¿¡Eso es todo lo que tienes que decirme!? —grité, avanzando hacia él—. ¡¿Hola?! ¡Desapareces por días sin avisar, sin responder mis llamadas, y lo único que dices es «hola»! ¡¿Acaso tienes idea de lo preocupada que estaba?! ¡¿Tienes idea del infierno que me has hecho pasar?! ¡Pensé que te había pasado algo o que te habían secuestrado! ¡O peor! ¡Pensé que te mataron, Kael! ¿Con qué cara llegas a casa? ¡Maldito idiota!

Las lágrimas estaban a punto de salirse de mis ojos ante la frustración. No estuvo bien lo que me hizo pasar. Me lastimó a propósito. Kael me castigó de esta manera y no iba a permitir que volviera a hacerlo.

Realmente creí que algo malo le pasó. Lloré por la incertidumbre y el miedo acumulados estos días. Pero debo admitir que estaba feliz de verlo aquí.

Kael suspiró, frotándose la nuca.

—Lo sé. Lo siento —dijo, aunque su tono no mostraba verdadera culpa—. No podía contestar. Era demasiado riesgoso.

—¡Eso es una estupidez! ¡Podrías haberme enviado un solo mensaje para decirme que estabas bien! —le espeté, sintiendo que mi corazón latía con fuerza por la ira y la angustia acumuladas—. ¡Le dijiste a mi padre que no me ofrezca información sobre ti!

Kael me miró con intensidad, pero no dijo nada de inmediato. En cambio, se inclinó hacia adelante, tensando sus músculos y presionando sus abdominales. Lo miré. Se veía sexy, pero no había tiempo para esos pensamientos.

Caminé hacia él y me senté en el sofá frente a él.

—Yo le dije a tu padre que no te dé información sobre la misión para que no nos sigas y no pongas tu vida en peligro. Hice lo correcto.

—Pudiste llamarme —repetí molesta. Las lágrimas seguían en mis ojos acumulándose.




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