Lazos De Mentira

Capítulo dieciocho

Alessa

La pregunta de mi madre se sintió como una bofetada en medio de la mesa. Sabía que su pregunta tuvo una doble intención. Mamá estaba esperando este momento justo para decir lo que pensaba. Todos querían que Kael y yo fuésemos padres y por eso mi familia insistió en realizar la cena.

Me di cuenta de que Kael y yo caímos en la trampa. Mamá nos atrajo aquí para hablar sobre el tema de los hijos y la presencia de todos tenía que ver. Mi hermano, cuñada, mis suegros y mis padres lo tenían planeado.

Lucien estaba buscando tener un hijo con su esposa, así que mis padres querían asegurarse de que Kael y yo tuviéramos uno pronto.

Debí haberlo visto venir.

Mis dedos se crisparon alrededor del tenedor. Sentí la mirada de todos sobre mí. El aire pareció hacerse espeso, difícil de respirar. Me obligué a alzar la cabeza y a sonreír como si nada, pero dentro de mí solo quería desaparecer. El silencio en la mesa hizo acto de presencia.

—Mamá... —intenté decir, pero mi voz fue débil, casi inaudible.

—Oh, querida —añadió la madre de Kael con tono dulce—. La verdad es que todos estábamos preguntándonos lo mismo. Ustedes ya llevan un tiempo juntos y, bueno, no son unos adolescentes.

Mis ojos se clavaron en el plato. Noté que Lucien me miraba de reojo, sabiendo perfectamente que estaba al borde de un ataque de nervios. Su esposa, Emily, también frunció ligeramente el ceño, incomodada por la situación. Lucien vino aquí para contentar a mis padres, pero él no estaba de acuerdo con esta situación.

Menos mal. Lo único que me faltaba es que Lucien me presionara para tener un hijo con Kael. Sin embargo, su presencia aquí lo hacía todo más incómodo. Lucien aún sospechaba de mi matrimonio falso con Kael.

Kael, por su parte, seguía sin mirarme. Se limitaba a cortar su carne como si no escuchara nada. Pero yo sabía que estaba escuchando. Cada músculo de su cuerpo tenso lo delataba.

No podía creer cómo no dijo ni una palabra para quitarme de apuros. Este tema también le concernía a él.

—Claro, con la edad adecuada y su buena salud —añadió mi padre con esa voz paternal que tanto respetaba—, no tendrían ningún problema. Pero ambos son adultos y responsables de sus propias vidas. Este puede ser un buen momento para buscar un hijo.

Tomé un sorbo de agua, pero casi me ahogo. Tosí.

—Y un bebé iluminaría sus vidas —se metió la madre de Kael, emocionada—. No saben lo hermoso que es ver a tu hijo crecer. Nosotros estábamos encantados cuando Kael llegó a nuestras vidas. Es lo más hermoso que tenemos y estamos ansiosos de conocer a un bebé de nuestro hijo.

Mi estómago se encogió. No podía hacer esto. No podía soportar la idea de un hijo. Mucho menos con Kael. Ni siquiera éramos una pareja, no de verdad. Aún no hablábamos desde lo que pasó la noche anterior. Yo apenas podía sostener su mirada y ellos querían que tuviera un hijo.

No podía. No debía.

—Yo... —comencé, intentando buscar una salida. Pero entonces, Kael habló.

Volví a tomar otro trago de agua.

—Tendremos un hijo —declaró de golpe.

Casi escupo el agua. Tosí de nuevo, casi ahogándome. Dejé el vaso de agua en la mesa y miré a Kael.

Mis ojos se abrieron tanto que sentí que me iba a quedar sin aliento. Lo miré, incrédula. Por primera vez en toda la noche, sus ojos se clavaron en los míos.

—Cuando llegue el momento —añadió con firmeza, sin dudar ni un segundo—. Sí, tendremos un hijo.

Mi madre aplaudió, encantada. Los padres de Kael sonrieron emocionados. Incluso Emily soltó una pequeña risa nerviosa. Mi hermano me miró con una mezcla de sorpresa y duda.

Pero yo no podía ni moverme.

Kael me acababa de enterrar viva frente a todos.

Lo fulminé con la mirada, pero él solo se dedicó a beber de su copa de vino como si nada hubiera pasado. Como si no acabara de lanzar una bomba en medio de la mesa. Como si no acabara de acabar conmigo frente a todos.

—Qué buena noticia —dijo mi madre, genuinamente feliz—. Sabía que no tardarían en darme un nieto.

Kael solo asentía, como si realmente creyera que esto era lo mejor. Yo quería gritarle, quería levantarme de la mesa y salir corriendo. Pero no podía. No frente a todos.

—Pero tienen que hacerlo pronto. Deben buscarlo ahora. Es el mejor momento, ¿no crees? —le preguntó mi madre a la mamá de Kael buscando su aprobación. La mujer asintió—. Son jóvenes, tienen dinero y recursos y salud. Además, Alessa siempre ha querido ser madre, Kael.

Kael me miró. Él no sabía eso y se notó en su mirada.

Pasé el resto de la cena atrapada en un silencio incómodo, soportando las miradas, las sonrisas y las conversaciones sobre cunas, nombres y futuros sobrinos. No podía evitar sentirme traicionada. Y ni siquiera sabía si tenía derecho a sentirme así.

Kael nunca prometió que me protegería de estas situaciones. Pero... tampoco debía tomar una decisión así por mí. ¿Por qué era tan idiota?

Cuando la cena terminó, no esperé a que nadie más hablara. Me levanté de la mesa y me excusé, diciendo que estaba cansada y quería regresar a casa. Kael y yo nos despedimos de la familia y caminamos hacia el auto.

Tenía mil cosas por decirle, pero no lo hice. Me guardé las palabras. Kael caminó detrás de mí. Ni siquiera esperé a que me abriera la puerta del auto como él acostumbraba a hacer.

El viaje a casa fue silencioso. Bajé la ventanilla de mi lado porque la tensión del auto y los recuerdos de la noche anterior y la cena me cortaban la respiración. Cuando llegamos, no esperé a Kael para entrar a casa. Subí a la habitación, con el corazón latiendo tan fuerte que temía que se me saliera del pecho.

No pasó ni media hora cuando Kael irrumpió en la habitación. Cerró la puerta tras de sí y apoyó la espalda en ella, cruzando los brazos.

—¿Qué demonios fue eso? —espeté sin poder contenerme.

—Tarde o temprano iban a preguntarlo —respondió encogiéndose de hombros—. Era mejor que lo escucharan de nosotros y no de las suposiciones que iban a hacer después.




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