Lazos De Mentira

Capítulo veintiseis

Alessa

El sol de la mañana se filtraba por las cortinas cuando abrí los ojos y los problemas aparecieron rápidamente en mi mente. No tenía ganas de levantarme de la cama. No hoy. A pesar de haber dormido toda la noche, me sentía agotada. La conversación con Kael había drenado todas mis energías, dejándome un vacío en el pecho que no sabía cómo llenar.

Despertar significaba enfrentar mis problemas y mi energía terminó por agotarse con la conversación de anoche. La ola de emociones que ahogaba mi interior no quería marcharse de mi cuerpo. Necesitaba un respiro del drama, pero la vida no me daba tregua.

Sabía que tenía que bajar a desayunar. La decisión del divorcio fue mía y tenía que enfrentar la vida de soltera otra vez. Y con ello tenía que enfrentar la futura reacción de mis padres cuando se enteraran de lo que pasó entre Kael y yo. Tenía que prepararme para una larga conversación sobre cómo arruiné generaciones de matrimonios limpios y duraderos. Ni siquiera entendía por qué me dolía tanto saber que iba a divorciarme. Se supone que esto tenía que ser más fácil para mí, pero no lo era.

Me vestí, lista para bajar, pero dudé varias veces. Sin embargo, lo hice. Bajé las escaleras.

Sabía que me encontraría con Kael. Él se levantó temprano. Lo oí marcharse de su habitación.

Al bajar a la cocina, lo encontré sentado a la mesa, con una taza de café en la mano y el rostro serio. Su cabello todavía estaba húmedo por la ducha, y su camisa blanca estaba desabotonada en la parte superior. Se veía bien, demasiado bien para alguien que, un día atrás, aceptó divorciarse de mí sin dudarlo.

Se veía tan bien que sentí ganas de besarlo.

Es estúpido. No puedo creer que ese pensamiento se me pasara por la cabeza después de haberle pedido el divorcio.

—Buenos días —murmuré, tomando asiento frente a él.

Todo era incómodo, pero no quise sentarme sin saludarlo. Esperé su respuesta, pero me decepcioné al ver sus expresiones nulas.

—Buenos días —respondíó, sin mirarme.

El silencio se instaló entre nosotros mientras desayunábamos. Yo apenas probé mi comida. Mi mente estaba demasiado ocupada intentando procesar todo lo que había sucedido. Fue entonces cuando escuché la vibración de su teléfono sobre la mesa. El sonido captó mi atención y miré hacia su lugar de origen por instinto. Kael lo miró rápidamente y su expresión cambió por un instante antes de bloquear la pantalla. No pude evitar notar el nombre en la notificación antes de que lo hiciera: un nombre femenino acompañado de un emoji de corazón.

Un nombre femenino.

Un corazón.

Kael ocultando su teléfono.

Sabía que significaba.

Mi estómago se encogió. Apenas había pasado un día desde que habíamos decidido divorciarnos y él ya estaba en busca de alguien más. En realidad, apenas pasaron ocho horas desde la conversación.

Sentí una punzada de dolor, pero no tenía derecho a reclamarle nada. Fui yo quien le pidió el divorcio, fui yo quien le dejó claro que amaba a otro hombre. Entonces, ¿por qué me dolía verlo seguir adelante tan rápido? ¿Mi ego se sentía tan herido de que abandonara su interés por mí?

Levanté la vista y encontré la suya. Kael también me miraba, pero su expresión era diferente. Parecía... incómodo. Como si no supiera qué decir o cómo reaccionar. Y eso solo empeoró las cosas para mí.

Su incomodidad era una respuesta a mis dudas. Kael ya tenía una nueva conquista. No me sorprendía. Pero me extrañó que su conquista estuviera agendada con un corazón. ¿Por qué él la agendaría con un corazón?

—Es... un mensaje del trabajo —dijo, desviando la mirada.

No es cierto. ¿Quién agenda a alguien del trabajo con un corazón si no hay una relación sentimental de por medio? Kael me creía estúpida si pensaba que me tragaría su cuento.

Esa típica respuesta de un esposo infiel yo ya me la conocía. He visto las películas de esposos infieles. Kael tenía a una mujer detrás de él. No me extrañaba, pues Kael era una de las personas más atractivas que he conocido en mi vida, y siempre noté la cantidad de mujeres que lo buscaban. Kael nunca perdía la oportunidad.

Pero... Es sorprendente que encontrara a alguien nuevo tan rápido.

Ese corazón... Ese corazón me dejó pensando.

Si tan solo fuer una amante, Kael no la agendaría con un corazón. Tal vez, Kael buscaba, por primera vez, una relación seria con alguien.

No respondí. No quería saber. No quería escuchar ninguna explicación que solo me haría sentir peor.

Terminé mi desayuno rápidamente y me levanté de la mesa. Necesitaba alejarme antes de que algo dentro de mí explotara.

Pero la mucama entró en la cocina con una carta en la mano. Me detuve, presintiendo que era para mí. Volví a sentarme. Kael miraba cada una de mis acciones.

La mucama me entregó el sobre con mi nombre Lo tomé rápidamente y, al ver el remitente, mi corazón se aceleró. Era de Lucien. Yo sabía que era de él. Reconocí su letra de inmediato. Lucien no se daba por vencido.

Abrí la carta con manos temblorosas por la sensación de disgusto por el mensaje en el teléfono de Kael y la ansiedad por ver las palabras de Lucien. La caligrafía de Lucien era elegante y cuidada. Decía que quería verme, que había tomado una decisión importante y necesitaba hablar conmigo en el mirador donde nos habíamos encontrado la última vez. Hoy.

Sentí una mezcla de emoción y miedo. Sonreí, pero fue una sonrisa inconsciente. No fue para darle celos a Kael, pero noté su mirada fija en mí. Tenía la mirada impaciente. Él también sabía de quién era la carta y se aguantaba para no preguntarme.

Sin embargo, no resistió cuando sonreí. Pero esa sonrisa sí fue apropósito.

—¿Lucien te escribió? —preguntó con un tono neutro, casi indiferente.

Asentí, esperando algún comentario mordaz, alguna muestra de enojo o celos. Pero no dijo nada más. Solo me miró por un instante más y luego siguió caminando.




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