Alessia
Me despertó el dolor de cabeza. Me froté la cara y me quejé por la molestia. No sé por qué bebí tanto, pero juro que es la última vez que tocaba una copa de alcohol. Giré sobre la cama buscando una posición cómoda para mi cuerpo. Pero sentí algo extraño. Algo no estaba bien.
Arrugué la cara.
Mi piel desnuda tocó un cuerpo caliente.
¿Qué diablos?
Abrí los ojos de golpe.
Kael estaba dormido a mi lado. Su respiración calmada combinaba con su rostro relajado. Su cabello estaba despeinado y una mano detrás de la cabeza. El músculo de su brazo se marcaba perfectamente. Las sábanas lo cubrían de la cintura para abajo, permitiéndome ver su abdomen tonificado.
Entiendo por qué las mujeres se enloquecían por él. Pero casi se me escapa el corazón por la boca al darme cuenta de lo que hice.
El aroma de su perfume estaba impregnado en todo mi cuerpo. Una ducha no quitaría el recuerdo de su perfume en mi piel. Una ducha no borraría lo que hicimos.
Maldita sea. No. ¿Por qué esto me estaba pasando a mí?
Me senté en la cama casi de un salto. Tomé mi cabeza, lamentándome por esto. La sábana se deslizó por mi cuerpo y descubrió mis pechos. La tomé y me tapé. Estaba completamente desnuda y Kael también.
La noche anterior regresó a mi mente. Los labios de Kael sobre los míos, sus caricias sobre mi piel y la ola de calor envolviéndome. Anoche ardimos juntos. Nos dejamos llevar. El deseo nos descontroló. Kael repartió besos por cada centímetro de mi cuerpo. Me hizo sentir deseada. Desde que Lucian me dejó, no me sentí deseada por nadie.
Kael me protegió. No pensé que él me haría sentir protegida. Kael me acurrucó en sus brazos en la noche y se quedó dormido en el hueco de mi cuello.
Noté movimiento a mi lado. Kael se removió en la cama. Abrió perezosamente los ojos, pero me vio sentada en la cama mirándolo. La arrogancia de Kael no tardó en aparecer. Recorrió mi cuerpo con sus ojos y sonrió de lado.
**—**Buenos días, princesa.
Sentí vergüenza. El calor acudió a mis mejillas y tuve que taparme la cara.
NO PUEDE ESTAR PASANDO.
—Dios mío. No puede estar pasando —me quejé.
Descubrí mi cara al ver movimiento de reojo. Kael se acomodó en la cama, sosteniéndose con su codo. Me miró divertido. ¿En serio le parecía divertido? No había diversión aquí.
Me sonrió.
—Alessia, por favor, no seas dramática. Ha sido una noche. Nada más. ¿Por qué te tapas con las sábanas? No es nada que no haya visto anoche.
—¡Cierra la boca! —reprendí—. ¿Te parece poco lo que pasó? Kael, tú y yo... Hicimos... Ya sabes. No estuvo bien.
—¿Dices que cometimos un error? No parecías pensar eso anoche.
—¿No te arrepientes? Deberías arrepentirte.
—No me arrepiento de las decisiones tomadas. No podemos volver el tiempo atrás. No es para tanto, Alessia. No te alarmes.
—¡Nos acostamos! ¡Tú y yo!
—Sí, pero fuiste tú quien empezó todo.
Él tenía razón. Yo comencé todo. ¡Mierda! Yo me desnudé, lo provoqué y lo seduje. Kael no me habría tocado si fuera lo contrario. ¿En qué estaba pensando?
Cuando Kael mencionó que a los hombres no les gustan las mujeres aburridas, perdí el control.
—No sientas pena por hacerlo. A mí me gustó. ¿No te gustó? —preguntó curioso.
Había fuego en los ojos de Kael.
Las imágenes aparecieron en mi mente otra vez. Su forma de tocarme, besarme y hacerme sentir. Kael tomó mi dolor anoche y lo convirtió en placer. Adormeció el vacío en mi pecho y llenó el espacio con sus caricias. Lo dejé verme vulnerable. Incluso lloré frente a él. No me gusta que las personas me vean llorar, pero no pude evitarlo. Kael estuvo ahí conmigo todo el tiempo.
Me encantó, pero no quería admitirlo.
Salí de la cama y tomé mi ropa del suelo para taparme. Kael me recorrió con la vista.
—Deja de mirarme así, Kael.
—¿No te gustó, Alessia?
Me quedé en silencio. ¿Gustarme? Fue una de las mejores noches de mi vida, pero él no podía saberlo.
—Te gustó —sonrió orgulloso.
—Cierra la boca. Pasó una vez. No volverá a pasar. —Me coloqué un zapato torpemente.
—Pasó una noche. Pero fueron varias veces —aclaró.
Cerré los ojos con fuerza.
Tres, de hecho. Ocurrió tres veces.
¿Por qué bebí tanto?
—Nadie puede enterarse de lo que hicimos. ¿Me entendiste, Kael? Cometimos un error. Lo olvidaremos y cada uno continuará con su vida.
Kael soltó una carcajada. Lo miré.
—¿Quieres olvidar una de las mejores noches de tu vida?
—Basta, Kael —lo fulminé con la mirada.
Kael se vistió, pero su camisa estaba descubierta. Me atrapó mirándolo, pero fingí tranquilidad. Caminé hacia la puerta. Kael se quedó cerca de la cama colocándose sus zapatos. Cuando abrí, mi corazón se detuvo. Un grito retumbó en toda la habitación.
—¡Alessia!
Mi familia estaba fuera de la habitación. Incluso el padre de Kael estaba presente. Sus rostros eran una mezcla de incredulidad y furia.
Lo único que me faltaba.
Mi hermano echaba humo por las orejas. Empujó la puerta con violencia y se metió en la habitación. No pude detenerlo. Él vería a Kael y la cama descubierta. Dios mío, ¡los envoltorios de los condones estaban en el suelo!
Caminé detrás de él para detenerlo, pero no lo logré. Vio a Kael.
—¿Qué demonios hiciste con mi hermana, maldito bastardo?
Kael tenía las manos en los botones de su camisa. Mi hermano miró la cama, las copas de champán y los envoltorios en el suelo.
Antes de que yo pudiera reaccionar, el puño de mi hermano voló hacia la cara de Kael. Abrí la boca por la sorpresa.
—¡Dios! ¡Detente, no hagas eso! —intenté detener la pelea.
Kael cayó al suelo. Su rostro emitió una mueca de dolor, pero no se sorprendió por el golpe. Kael sabía lo que le esperaba. Se limpió la sangre de la boca. Lo miró molesto.
El padre de Kael entró al cuarto. Mi mamá y mi padre también.