Alessia
Mamá se encargó de los preparativos para la boda y papá pagó todo. Ambos tenían la urgencia de verme casada con Kael después de la escena en el dormitorio del hotel. Presionaron demasiado para adelantar la boda lo antes posible. Mi hermano quería matar a Kael cada vez que estaba cerca.
Me vi atrapada en un camino sin salida. Decepcionar a mis padres no es una opción. Nací en una familia con valores y reglas estrictas.
Intenté retrasar la boda, pero no me lo permitieron.
El costoso vestido estaba frente a mí. Era un diseño elegante, de mangas largas y encaje delicado. El ramo de flores blancas yacía sobre el florero de metal en un costado de la habitación. Todo tenía una apariencia espectacular. Nuestro matrimonio con Kael tenía que ser de esa manera. Una apariencia. Lo nuestro no era real y nunca lo sería.
Se me revolvía el estómago al pensar en la boda. Tenía que ponerme el vestido pronto, pero mi cuerpo se negaba a moverse. Mi cuerpo rechazaba la unión.
Yo me metí en este lío. Tenía que hacerme responsable. Después de todo, he sido yo quien les dijo a todos que amo a Kael. Cuando la verdad amenazó con destruirme, tuve que inventar una mentira. La consecuencia es sostener mi farsa. Pero el peso de mi decisión me ahogaba.
Kael pudo evitar mencionar el casamiento. Tal vez mis padres no hubiesen pensado en el matrimonio si él no lo mencionaba. ¿A quién quiero engañar? Mis padres lo hubieran ordenado de todas maneras.
Kael y yo nos juramos amor, pero la realidad no era así. Yo no amaba a Kael. Jamás lo amaría porque Lucian ocupaba mi cabeza. Y mi corazón.
Pensar en Lucian oprimía mi pecho.
Desde que éramos niños, he amado a Lucian con todo mi ser. Pero cuando él cumplió dieciocho años, descubrí la verdad que traté de evitar: no era mi compañero destinado. Lo supe cuando no sentí el vínculo con él, la conexión inexplicable que debía unirnos. Sin embargo, no detuvo mi amor. No pude dejar de amarlo. Lo intenté, pero no pude. Me enceguecí y no quise aceptar la realidad. Sellé mi vínculo con el sumo sacerdote y rechacé la posibilidad de conocer a la persona destinada a mí.
¿Todo por qué?
Por Lucian.
Pero la boda se acercaba. En unas horas caminaría hacia el altar y le juraría amor eterno a Kael.
Mis ojos contenían lágrimas, pero no me permití derramarlas. Mi apariencia asustada lo decía todo. No podía disimular mi descontento.
Kael entró en la habitación despreocupadamente. No me preocupaba que me viera antes del casamiento. La estúpida regla de no vernos antes de la boda no nos preocupaba.
Kael se veía tranquilo. No había terror en sus ojos. ¿Por qué no le afectaba como a mí? Él no creía en el matrimonio.
Notó mi expresión enseriada y sonrió.
—Todavía tienes tiempo de arrepentirte, Alessia —bromeó. Pero él sabía que no podíamos arrepentirnos. No después de la promesa que le hicimos a mis padres y él al suyo. No hablar de mi hermano, el alfa.
La actitud relajada de Kael me relajó un poco. Suspiré, dándome la vuelta para verlo.
—Puedo recibir otro puñetazo para que puedas salir corriendo de aquí —continuó.
Sonreí. Kael logró robarme la única sonrisa que emití ese día. Kael tenía sentido del humor.
—¿Segura que no quieres echarte atrás?
Echarme atrás conllevaba enfrentarme a mi familia. Kael saldría lastimado por mi hermano otra vez. Quería evitar el caos. La mentira llegó a una boda. Tenía que hacerme responsable.
—No, no voy a echarme atrás con la boda, Kael.
—¿En serio? —sonrió—. Pensé que entraría a la habitación y me dirías que me abandonas, mi amor.
—Te estoy salvando de una muerte segura, por eso me caso contigo —bromeé.
—He encontrado a una novia empática. Me gusta.
—Nunca conseguirás a una novia mejor que yo —continué, intentando alejar el malestar.
—¿Planeas caminar al altar con esa cara? ¿Irás a una boda o a otro velorio?
No respondí. Kael continuó mirándome, atento y sonriendo. Estudió mi rostro. Sin embargo, su sonrisa desapareció. No se mostró enseriado, pero me habló con seriedad.
—¿Por qué estás haciendo esto, Alessia? No me amas a mí. ¿Lo haces por Lucian?
No era una novedad entre nosotros.
—Fuiste tú quien nos llevó a casarnos —recordé.
—Pero tú podías negarte antes.
—Mis padres no lo habrían aceptado —me encogí de hombros—. Y tú, ¿por qué lo haces, Kael? Tú también pudiste arrepentirte antes.
—Si me caso con alguien mi padre me dejará en paz. Me presiona todo el tiempo. Quiere que deje mi vida alocada y me centre en formar una familia.
—Tú no quieres una familia, y no vamos a formarla juntos. Ni siquiera casándonos, Kael.
—Lo sé, pero es una apariencia. Pero, en serio, Alessia. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué vas a casarte conmigo hoy? ¿Es por Lucian? ¿Por qué quieres casarte con alguien a quien no amas?
—Lo hago porque necesito hacerlo —respondí. El nudo en la garganta se intensificó—. Tú tampoco me amas, Kael. Podemos hacer que esto funcione. Podemos tener un trato —propuse.
Kael soltó una carcajada.
—¿Quieres un matrimonio falso? ¿Seguir nuestras vidas como si nada? Déjame adivinar. El día en que tú o yo encontremos a nuestras parejas destinadas nos separaremos. ¿Me equivoco?
Era la mejor solución para ambos. No podíamos atarnos para siempre. Me volvería loca pasar toda mi vida con él.
—Es lo mejor para los dos, Kael. Puedes continuar acostándote con las mujeres que desees. No hay problema con eso.
—Debo advertirte. Le rompí el corazón a las mujeres al comprometerme contigo —se cruzó de brazos. Mantuvo su sonrisa.
—Puedes ir a consolarlas —acepté.
—¿Y tú? ¿Te acostarás con otros hombres?
—Eso no es de tu incumbencia.
—Bien. Pero no te quejarás si llego tarde a casa o encuentras mensajes románticos con otras mujeres en mi celular —advirtió divertido.
—Hecho.
Le tendí la mano. Él la miró, lo pensó, y me estrechó la mano. Sellamos el pacto.