Lazos De Mentira

Capítulo seis

Alessia

Se avecinaba una tormenta. El aire en la frontera es más frío de lo que imaginaba.

Me aferré a mi chaqueta, viendo los árboles y pensando en Kael. Él me prohibió venir. Insistí, pero no pude convencerlo de que me llevara con él y la manada. Kael se comportaba como un machista. ¿Acaso creía que yo no podía defenderme sola?

No le hice caso y decidí venir por mi cuenta. Sola, en medio del bosque. Debo admitir que la idea de desaparecer me tenía inquieta. Las desapariciones de hombres lobo no han ocurrido desde hace más de un siglo. ¿Quién se atrevía a desaparecerlos? La preocupación de Kael en la mañana me advirtió que el problema era inmenso. Tal vez, no fue buena idea venir. Pero yo no podía quedarme de brazos cruzados sin hacer nada.

Mi hermano lideraba nuestra manada y algo podía ocurrirle.

Kael estaba a cargo de un grupo de hombres lobo.

Y... Lucian.

Algo podía ocurrirle a él. No me lo perdonaría nunca. Lucian se casó con otra mujer, pero yo no podía odiarlo. Si algo le pasaba, me destrozaría. Por esa razón no pude quedarme de brazos cruzados y tomé la decisión de seguirlos.

Mi corazón martilleaba contra mi pecho. El bosque de noche era aterrador.

Le envié un mensaje a Kael hace unas horas, y no ha respondido aún. Eso me inquietaba. Él creía que yo estaba en casa, cumpliendo con su orden. Pero yo no sabía nada de él. Sabía a dónde ir, pero les perdí el rastro hace rato.

¿Y si les ha ocurrido algo? ¿Qué pasa si el grupo de Kael ha sido atacado?

Lo admito. Me he acostumbrado a la presencia de Kael. Me acostumbré a su arrogancia y su manera de tener el control de todo. Kael tenía actitudes de un idiota, pero era buena persona. La ansiedad por la preocupación me carcomía por dentro. Esto es demasiado peligroso.

Oí el campamento de Kael cerca. No podía acercarme tanto para que no me escucharan. Si Kael me veía, me devolvería a casa.

Encontré un río cerca. Saber que ellos estaban en el campamento me daba tranquilidad. Necesitaba respirar y olvidarme un segundo de los problemas. Cerca del agua, no lo pensé dos veces. Me quité la ropa y me metí. El agua estaba helada, pero no me importó.

Pero mi paz no duró mucho. Oí crujidos en las ramas y me alarmé. Mi corazón bombeó sangre exageradamente. Quise voltearme a ver quién era, pero unos brazos me atraparon y presionaron mi espalda contra un pecho firme. Solté un grito, pero me taparon la boca. Pataleé en el agua para liberarme, pero la persona me presionaba fuerte contra él.

No pude evitar pensar en que yo iba a desaparecer.

Pero, entonces, la voz de un hombre habló cerca de mi oído.

—¿Viniste por mí o por Lucian, Alessia?

Kael.

Su voz era inconfundible.

Mierda. Me descubrió.

Pero prefiero ser descubierta a desaparecer.

El alivio y la furia se mezclaron en mi interior. Intenté zafarme de su agarre, pero su fuerza era inquebrantable.

—Suéltame, Kael.

Kael me soltó, pero me giró bruscamente para verlo. Nuestros ojos se encontraron en la oscuridad. Los suyos brillaban con un fuego que no había visto antes, una mezcla de rabia, celos y algo más profundo que no pude descifrar.

—¿Me seguiste? —espeté, sintiendo mi sangre hervir.

—No creo que tengas derecho a reclamarme. Fuiste tú quien nos siguió desde un principio. He sentido tu olor detrás de nosotros por horas. Te dije que no quiero que estés aquí. Eres una carga para mí, Alessia.

Entreabrí la boca, ofendida.

¿Se atrevió a decirme eso?

—¿Soy una carga para ti? Disculpa por preocuparme por ti y la manada. Vine a ayudar.

—Tengo demasiada responsabilidad cuidando y liderando el grupo. No tengo tiempo para cuidar a mi esposa.

—No necesito que me cuides. Quiero ayudar.

Kael negó con la cabeza. Él no me creía. Entrecerró los ojos y yo también.

Me crucé de brazos.

Kael estaba conmigo dentro del agua. El río tapaba mis pechos desnudos. Si salía del río, él me vería desnuda otra vez.

—No soy idiota, Alessia. Sé cuándo mientes. —Su mandíbula estaba tensa—. Me dijiste que querías venir para ayudar, pero en realidad solo querías ver a Lucian.

—¡Eso no es cierto! —exclamé, aunque incluso yo sentí la duda en mis palabras. Kael me conocía demasiado bien—. Estoy aquí porque quiero ayudar, porque me preocupa lo que está pasando.

—Es patético lo que haces. Lucian no merece que te preocupes por él.

—No te metas en mis asuntos, Kael —advertí.

Sus manos seguían tomándome de los brazos.

Kael soltó una carcajada seca, sin humor. Su agarre se aflojó, pero no lo suficiente para que pudiera alejarme.

—Eres tan ingenua. Aquí no eres más que un objetivo fácil, Alessia. Y si crees que Lucian te protegerá, entonces eres aún más estúpida de lo que pensaba. —Sus ojos me recorrieron de arriba abajo, y fue entonces cuando me di cuenta de lo vulnerable que estaba. Solo mi ropa interior me cubría. Me ardieron las mejillas, pero no bajé la mirada.

Kael no tenía problemas en lastimar mis sentimientos. Sus palabras herían. Quemaban.

—Suéltame, Kael —dije con voz firme. No quería que él pusiera sus manos encima de mí.

—No. —Su tono era definitivo. De un solo movimiento, me tomó por la muñeca y me arrastró fuera del río. Me revolví contra su agarre, pero era inútil. Kael era demasiado fuerte.

Kael se detuvo a un costado de mi ropa. Me soltó y me la dio para que me vistiera. Me sentí expuesta ante él. Kael lo notó.

—No es nada que no haya visto, Alessia.

—Eso no significa que puedas seguir viéndome desnuda.

—Estamos casados.

—Eso es una farsa —recordé.

Kael se veía molesto. Estaba acostumbrada a verlo de mejor humor. Muy pocas veces lo he visto molesto. Cuando Kael se molestaba era intimidante.

—Supongo que a Lucian sí lo dejarías mirar —atacó, mirando hacia otro lado mientras yo me vestía.

—¡Eres un maldito imbécil! —grité mientras me ponía la ropa torpemente, temblando por la adrenalina y el frío.




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