Alessia
Todos nos estaban mirando. Mi hermano no nos quitaba los ojos de encima desde su lugar, con los brazos cruzados.
El aire entre nosotros se tornó espeso cuando Kael me sujetó de la cintura y apartó las manos de Lucien de mis brazos. De por sí, todo fue incómodo, pero Kael hizo algo para empeorar el asunto. Fue un movimiento instintivo, posesivo, que me dejó sin aliento. Podía sentir la tensión en su cuerpo, la firmeza de su agarre y la forma en que su corazón latía con furia. El corazón de Lucien latía tranquilo y relajado.
Pero lo que más me desconcertó fue la mirada de Lucien. No estaba molesto. No estaba sorprendido. Estaba... entretenido. Yo lo conocía. Conocía sus miradas. Él hizo esto a propósito. Es un descarado. Sé que él presintió que yo aún lo amaba, y creo que estaba jugando con eso.
Lucien esbozó una sonrisa ladeada, una de esas que solía dedicarme cuando éramos jóvenes, antes de que todo entre nosotros se quebrara. Pero esta sonrisa contenía malicia.
—¿Tu esposa? —preguntó Lucien, como si no lo supiera. Pero sí sabía. Todo el mundo lo sabía.
—Sí, mi esposa —Kael no tardó en responder.
Mi corazón latió con fuerza ante su declaración. Kael saboreó la respuesta. Sobre todo, las dos últimas palabras. No sé si fue por cómo la dijo o por el peso que cargaban esas palabras. Kael y yo no nos amábamos, pero en ese instante, él estaba reclamándome como suya ante Lucien. Como si estuviera marcando territorio. No era necesario que me protegiera. No necesitaba su protección. Yo podía sola contra Lucien.
¿Verdad?
¿A quién quiero engañar?
Cuando Kael se acercó, sentí alivio. Pero el hecho de que Kael le dijera a Lucien que somos esposos me hizo sentir incómoda. Mi esposo le dijo al amor de mi vida que estaba casada. Lucien lo sabía, pero no me gustó confirmárselo. Esto es patético. Él tenía esposa.
—Sí, algo había oído por ahí —respondió Lucien divertido.
Lucien soltó una risa suave, pero en sus ojos brillaba algo peligroso.
—Qué interesante —comentó, con un tono que me hizo sentir escalofríos—. No sabía que eras tan protector, Kael.
Lucien lo estaba provocando. Yo lo sabía. Todos lo sabíamos.
Kael no respondió, pero su agarre de sus dedos en mi cintura se tensó. Yo podía sentir la rabia contenida en su cuerpo, su necesidad de imponerse ante Lucien. Pero también sentía los ojos de Lucien fijos en mí. La tensión en el aire podía cortarse con un cuchillo.
—Entiendo. Ella está bien, puedo verlo. Sin embargo, me gustaría hablar con Alessia a solas, si me lo permites.
—No creo que tengas nada que hablar con ella —contestó Kael por mí.
Sabía que a Kael no le gustaría, pero tampoco tenía que hablar todo el tiempo por mí. Tal vez intentó salvarme de la incómoda presencia de Lucien en el campamento. Pero eso no le daba derecho a decidir por mí. Me daba curiosidad saber qué quería Lucien. ¿Por qué quería hablar? ¿Para qué? ¿Qué tenía para decirme?
Pero sé que sería estúpido de mi parte hablar con él. Al menos, aquí. Todo el mundo nos miraba, y no tendríamos exactamente privacidad. Estábamos rodeados de lobos.
El cuerpo de Kael se endureció más. A Kael no le agradaba Lucien. Podía verlo en la forma en la que su cuerpo hablaba por él. Pero me pregunté por qué parecía odiarlo. Me lastimó a mí, no a él. Sé que Kael y yo éramos compañeros por nuestra unión matrimonial, pero no existía amor entre nosotros. ¿Por qué él lo mataba con la mirada?
—Eso lo decidirá ella. No tú. Eres su esposo, pero no eres su dueño.
Oí murmullos entre los miembros presentes. Esto era todo un espectáculo. Incluso para James.
—Lo siento, Lucien, pero lo que tengas que decirme, puedes decirlo aquí —hablé.
Kael me miró atento. Noté que su cuerpo perdió un poco la tensión.
Por un instante, vi algo en los ojos de Lucien, una chispa de algo... ¿Dolor? ¿Decepción? Pero desapareció rápidamente, reemplazado por su expresión de siempre: segura, arrogante y calculadora.
—Muy bien —asintió, deslizando las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero—. Vine aquí porque quería asegurarme de que estaban bien. Cuando te vi, me preocupé. Lo de anoche fue peligroso. No debiste haber estado aquí en primer lugar. No sé por qué permitieron que vinieras.
Lucien volvió a mirar a Kael. Sabía que le diría algo provocativo.
“Puede que seas su esposo, pero haces un mal trabajo en protegerla.”
Kael dio un paso hacia él, desafiándolo. Rápidamente me metí en medio de ellos para evitar cualquier tipo de confrontamiento.
“Kael, espera”, lo detuve.
“Repite lo que dijiste”, ordenó Kael.
“La misión tenía reglas específicas. ¿Ves a otras mujeres aquí? No. No hay ninguna mujer porque acordamos encargarnos nosotros sobre esto. Anoche los atacaron. Hubo balas. Pudo pasarle algo a ella. Pudieron llevársela. O peor. Pudieron matarla, Kael. Discúlpame si no creo que eres buen protector, pero tus acciones han hablado por ti mismo.”
“No tienes una puta idea de lo que estás hablando.”
“Cuidado con hablarle así a un alfa, Kael.”
“¿Estás amenazándome?”
Dios mío.
“Es suficiente. Cierren la boca los dos. Kael no tuvo nada que ver. Fui yo quien vino hasta aquí. Los seguí a lo lejos para asegurarme de que estuvieran bien. Estaba preocupada por las desapariciones y no podía quedarme en casa sin hacer nada”, expliqué.
“No vuelvas a hacer eso, Alessia. ¿De acuerdo?” ordenó Lucien, mirándome preocupado, pero con la arrogancia en su mirada.
“Tú no te atrevas a decirle lo que tiene que hacer”, intervino Kael.
“Desde que he llegado aquí no has dejado de hablar por ella, Kael.”
“No me gusta que tú hables con ella y finjas preocupación.”
“Ella me importa”, dijo Lucien, acelerando mi corazón. Esas palabras se clavaron en mí como un cuchillo.
Sentí un nudo en la garganta.
“Si Alessia te importara, no la habrías abandonado en primer lugar.”