Lazos de Peligro

Capitulo 4

Eran las diez de la mañana del viernes y el gran auditorio del piso superior de Industrias Novagen parecía el epicentro del mundo científico y financiero. El aire olía a perfume costoso, café recién servido y a esa electricidad característica que solo generan las grandes revelaciones.

Periodistas, fotógrafos, inversores de la alta sociedad y miembros de la junta directiva abarrotaban las gradas de cuero.

En primera fila, Gael Rossi vestía un traje gris impecable. Mantenía una postura erguida y sobria, con la mirada fija en el escenario mientras en su mente ya calculaba el impacto bursátil y el prestigio internacional que este día le traería a Novagen.

Los murmullos se apagaron de golpe cuando el Dr. Arthur Pendelton caminó hacia el centro del escenario con paso firme y una sonrisa radiante. Llevaba una bata blanca impoluta sobre su traje negro.

Las ojeras que lo habían perseguido días atrás parecían haber desaparecido bajo las luces cálidas del auditorio, sepultadas por la pura adrenalina del momento.

A su lado, un pedestal de cristal sostenía tres maletines metálicos reforzados.

—Señores y señoras, bienvenidos a una nueva era —comenzó Arthur con voz clara y potente, haciendo que el eco resonara en los altavoces de alta fidelidad—. Durante décadas, la medicina ha considerado las lesiones cerebrales y las enfermedades degenerativas como sentencias irreversibles. Nos dijeron que el tejido neuronal destruido jamás podía recuperarse... Hoy venimos a demostrarles que estaban equivocados.

Un murmullo de expectación recorrió la sala. Gael inclinó ligeramente la cabeza, escuchando con atención analítica.

—El tratamiento que Industrias Novagen y mi equipo hemos desarrollado es capaz de estimular y reconstruir conexiones neuronales dañadas a nivel celular —continuó Arthur con pasión contagiosa, haciendo gestos con las manos—. Hablamos de una tecnología que en teoría podrá recuperar funciones motrices perdidas, acelerar radicalmente la rehabilitación tras traumatismos graves, reparar daños neurológicos complejos y, eventualmente, erradicar patologías del sistema nervioso.

Los aplausos de los inversores interrumpiendo el discurso no se hicieron esperar.

Arthur esperó a que el ruido cesara y le hizo una señal con la mano a su asistente. Tomás caminó hacia el pedestal. Tenía el rostro pálido y sus dedos temblaban de forma sutil al presionar el cierre de seguridad de uno de los maletines.

La tapa se abrió lentamente, dejando al descubierto una serie de inyectores neumáticos cargados con un líquido azul brillante y denso que parecía reaccionar bajo la luz ambiental.
Los flashes de las cámaras comenzaron a dispararse en ráfagas enceguecedoras.

—Sé lo que están pensando —dijo Arthur, caminando hacia el maletín con una seguridad aplastante—. "Es una promesa revolucionaria, pero ¿es segura?". Para demostrarles que la estabilidad del compuesto es absoluta y que no hay margen de error... el primer sujeto de prueba seré yo mismo.

Un jadeo colectivo resonó en el auditorio. En primera fila, Gael alzó una ceja, impresionado por el nivel de dramatismo y audacia del científico, sintiendo que la apuesta millonaria de la empresa estaba a punto de dar sus frutos.

Tomás tragó saliva con dificultad, aproximando la estación de monitoreo biológico al escenario para registrar los signos vitales de Arthur. Sus manos temblorosas ajustaron los electrodos en las sienes del doctor mientras Arthur tomaba el inyector con la fórmula azul.

El público contuvo el aliento. El espectáculo estaba servido.

***

El bullicio de la comisaría central parecía ajeno a lo que estaba sucediendo en el piso más alto del centro financiero.

Entre el repicar incesante de las máquinas de escribir, las llamadas entrantes en las radios de patrulla y el murmullo de los oficiales de turno, Lucas intentaba concentrarse en el informe de un robo ocurrido la noche anterior.

Un compañero de patrulla caminó hacia su escritorio sosteniendo una taza de café humeante y se apoyó contra el borde del mueble de metal.

—Vega, ¿te enteraste del experimento que se hace hoy en Industrias Novagen? —preguntó, dando un sorbo a su taza—. Bueno... creo que a esta hora ya debe estar realizándose el show.

Lucas levantó la vista del expediente y se acomodó en su silla, soltando un leve suspiro.

—Sí, algo sabía.

El oficial soltó una risita corta y, sin pedir permiso, le lanzó el periódico matutino directamente sobre la mesa, cubriendo los papeles de Lucas.

—Ese tipo Rossi sale hasta en la sopa —comentó su compañero, señalando la portada con el pulgar—. Míralo. Con veinticinco años y ya tiene a media ciudad comiendo de su mano. Dicen que si la prueba de hoy sale bien, la empresa se va a multiplicar por diez. Contra tipos así da hasta rabia competir, ¿no?

Lucas no respondió. Se quedó en silencio, fijando la mirada en la imagen principal del periódico.

En primera plana, bajo el titular en letras doradas e imponentes: “NOVAGEN Y EL FUTURO DE LA MEDICINA”, aparecía una fotografía de la junta directiva. En el centro, luciendo una elegancia impecable y una compostura que infundía respeto absoluto, destacaba Gael Rossi.

Lucas pasó la yema de los dedos por el borde del papel. Miró de reojo su propio escritorio: la taza de café barato ya frío, la placa de policía desgastada, las carpetas de crímenes de barrio y el cajón donde había guardado los pequeños destornilladores con los que intentó aprender a arreglar una máquina vieja.

Una punzada amarga le atravesó el pecho.
Imaginó el resultado de esa mañana.

Si ese experimento resultaba ser el éxito rotundo que todos esperaban, Gael no solo seguiría siendo el magnate sofisticado de siempre, sino un héroe nacional. Alguien capaz de mover montañas, regalar soluciones instantáneas y ofrecerle a Mía un futuro sin carencias, lleno de lujo y estabilidad.

¿Cómo se compite contra eso?, pensó Lucas, sintiendo por un segundo que estaba a kilómetros de distancia en una carrera que jamás ganaría. Por más paciencia, tiempo y corazón que le pusiera a cuidar a Mía, la realidad le recordaba que él solo era un oficial de policía con el sueldo contado al final del mes.




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