¿Lennei?
Estoy demasiado confundida en este momento como para detenerme a pensar en que quizás, este muchacho, se ha equivocado total y completamente de persona. Pero tengo demasiado miedo de decírselo porque me ha salvado de un Lannister malvado.
El pulso aún se encontraba demasiado alto, podía sentirlo porque juraría que se me saldría el corazón por la garganta. Pude vislumbrar como el muchacho de ojos mieles se incorporaba y recorría la estancia de mi casa en busca de algo. Comprendí de qué se trataba cuando la luz inundó cada rincón y me permitió ver con horror cómo el cuerpo de aquella criatura yacía sobre la madera de mi casa con un corte certero en la yugular.
Qué-era-eso. Sentía que hiperventilaría. Es más, sentía la necesidad de abrir los labios para poder pasar mucho más oxigeno hacia mis necesitados pulmones.
—¿Qué era eso? —Sí. Finalmente me atreví a preguntar.
—Un elfo oscuro.
Me reí con bastante diversión. La risa se escapó de mis labios como si realmente después de todo este tiempo finalmente tuviera humor para esa clase de chistes malos que tanto suelen hacerme reír.
Pero él me miró con seriedad.
¿Qué..Demonios? No está bromeando.
Exhalé de forma casi incrédula. ¿Acaso alguno de mis amigos había contratado una comedia para hacerme olvidar la miserable vida en la que encontraba? Si era así, me preguntaba porqué no me habían entregado el dinero para irme a llorar... No sé, en Aruba, o tal vez en Punta Cana.
—Ajá. Un elfo oscuro. ¿Entonces tú eres uno normal?
—No seas tonta.
¿HUH? Bueno, él me dice una sarta de estupideces y yo soy la tonta. Claaaro.
—Te lo diré a su debido tiempo. Por el momento tenemos que salir. ¿De acuerdo? No tardarán en rastrear a este y venir con refuerzos.
No. Es que todo estaba mal. ¿De qué diablos estaba hablando este muchacho? Y lo que era peor. ¿Acaso no se daba cuenta de que había un cadáver en mi sala?
—No. Creo que el tonto aquí eres tú. ¡¡Acabas de asesinar a una persona en mi casa!! Mierda... ¿Cómo le explicaremos esto a la policía? ¿Tienes idea de que esto me pone en un gran predicamento?
Porque sí, lo hacía. Buscarán mis registros, comprobarán que soy una persona que está pasando por una fase luctuosa y pensarán que me volví loca, seguramente me diagnosticarán psicosis o alguna clase de trastorno, atacar a alguien en un presunto brote psicótico o quien sabe qué otras sandeces.
Bueno, al menos de esa forma me salvaría de la prisión. ¿Cierto? ¿CIERTO?
Ojos mieles se pasó una mano por su rebelde cabello oscuro. Me miró algo confundido y divertido. Como si para él tuviera todo el significado del mundo.
—Está bien. Está bien. Creo que estás algo conmocionada y que debo dejar que comprendas esto poco a poco, al momento en el que suceda. Solo espero tener suficiente tiempo para huir cuando sea el momento. —Fue lo que dijo.
Con calma se acercó a mí y se inclinó a mi lado derecho. Tomó asiento de forma despreocupada y solo contempló el cuerpo inerte en silencio. Como si intentara más que nada darme tiempo a mi de asimilarlo que a él mismo de sentir remordimiento.
Suficiente.
Empezaba a desesperarme más de la cuenta. Estaba demasiado nerviosa como para comprender la situación. Solo me levanté algo nerviosa. Bien. Alguna vez había visto mentes criminales, había leído libros incluso. ¿Qué necesitaba en primer lugar? Algo con qué limpiar, desinfectante. Quizás algo de cloro y un par de guantes.
Fui por unos toallines de cocina y el desinfectante. Comencé primero con la sangre esparcida en el suelo y en cuanto comencé a tallar, me quedé inmóvil cuando el cuerpo empezó a desvanecerse poco a poco delante de mis ojos. Se hacía polvo, como si fuera una mala jugada de mi cerebro. La sangre también desapareció, como si nunca hubiera estado allí.
Por un momento me quedé como una imbécil, intentando comprender. Tratando de encontrar alguna lógica razón que me dijera qué estaba ocurriendo; sin embargo no la encontraba. Y dudo mucho que la vaya a encontrar.
—¿Ahora sí podemos irnos? —Nuevamente habló el muchacho en mi sala.
—¿Qué... Demonios acaba de suceder? —Intenté que mi voz no sonara más aguda, me quise mostrar tranquila pero era obvio que estaba más cerca de irme corriendo yo que él.
Ojos mieles suspiró. Dejó su espalda recargada contra la pared y me miró.
— Se desvaneció.
Asentí.
–Claro. —coincidí.— Se desvaneció. Y... ¿Por qué?
Nada tenía sentido. Y calma poco expresiva de este hombre empezaba a desesperarme.
—Te dije que era un elfo. Cuando los elfos mueren vuelven a ser nada. Son uno solo con la naturaleza, aun cuando son elfos oscuros. Su esencia está ligada a la tierra, a la naturaleza.
De acuerdo. Todo esto empezaba a ser demasiado incomprensible.
—No comprendo nada de lo que me estás diciendo. Y no entiendo por qué quieres que vaya contigo. ¿Puedes... solo... Irte y dejarme digerir sola todo esto?
Ojos mieles frunció el ceño. Pude ver el atractivo de su rostro cuando presentó esa expresión.
—No. Tengo que llevarte conmigo. No puedo protegerte si me voy.
—Por favor... Solo quiero estar sola. No sé quién te ha contratado. O qué agencia te ha traído para armar todo este teatro. Ha resultado muy bien, de verdad. Y el show del elfo mágico que desaparece fue el estelar. Por un momento me he olvidado de todo lo que me ha ocurrido, pero ahora... Solo quiero quedarme sola.
Él pareció dudar. Veía la preocupación en su rostro. Y nuevamente sentí fastidio. Empezaba a sentirme inútil. Siempre defendida, siempre buscando consuelo.
Pero la determinación de Ojos mieles era severa. Porque no se inmutó. Ni siquiera quiso levantarse. Por lo que solo tomé mi bolso y abandoné mi casa. Era lo más correcto. Después de todo estar encerrada allí solo me ahogaría. Empezaba a ahogarme. Siempre he pensado que hay un límite para llorar cada día. Podemos llorar hasta el cansancio, hasta que no podamos sollozar más. Hasta que las lágrimas no rueden más. Pero en ese momento sentía que mi teoría se iba a la basura. Me sentía cansada.