Lazos de Sangre

10. La boca del lobo

No dormí.

Bueno, sí lo hice.

Durante aproximadamente cuarenta minutos antes de despertar. Sobresaltada con la imagen de unos ojos rojos clavados en mi memoria. No sabía si lo que sentía en ese momento era miedo, o la necesidad enfermiza por volver a sentir sus labios sobre mi piel. Me sentí asustada por la reacción de mi cuerpo, fue como una clase de adicción incontrolable que se activó con su mirada. Me sentía confundida, porque en este momento, cuando la soledad del nuevo departamento me recuerda que mi vida había dado un giro de 180°, yo anhelé aferrarme a esa sensación una vez más. Necesité sentirme viva.

Me tumbé nuevamente sobre la cama y suspiré profundamente.

Mi casa no se siente como mi casa, al menos no aún. La cama es cómoda pero las frazadas y el aroma a nuevo de las almohadas me resultan muy poco cómodas, es demasiada calidad para la que estoy acostumbrada. Intento pensar mucho en que me encuentro en un viaje, me repito lo mismo una y otra vez: “Es un viaje de intercambio”, “Estaré por aquí lo que dura un semestre”, pero… El recuerdo de la tumba, la ceremonia luctuosa que despidió a mamá y la vista de mi casa en soledad siempre aparecían como un latigazo en mi mente, me despertaban por completo de la alucinación que yo misma intentaba tejer a mi alrededor.

Un nudo en la garganta me advierte que estoy a punto de romperme nuevamente.

Se siente como un impacto implacable, se extiende desde el pecho y parece que me desgarra el alma en pedacitos. Intento callar mis pensamientos, porque ninguno de ellos es amable como debería ser. Pero es más fuerte que mi propia voluntad.

Me duele.

Mis lágrimas son las primeras en bautizar la almohada, se deslizaron rebeldes por mis mejillas hacia la superficie suave del algodón, apreté mis labios con intención de contener los sollozos, como si alguien en este nuevo espacio pudiese escucharme y yo quisiera ocultar mi debilidad. Me apreté el pecho para resguardarlo del mundo. Soy consciente de que nada volverá a ser igual por mucho que intente ver el lado bueno, pero tengo que intentarlo… ¿Cierto?

O podría volver al puente y finalmente tener el coraje para hacer lo que no me atrevo.

Maldita cobarde.

Cerré los ojos, me obligué a respirar con calma. Tomé grandes bocanadas de aire, se dice que eso ayuda mucho para con el sistema parasimpático. Le envía señales a mi cerebro de que no me encuentro en modo de supervivencia, de que estoy a salvo. Me rodee a mi misma entre mis brazos, un abrazo en cruz, justo por sobre mi pecho. Y lentamente, yo misma me dediqué unas palmaditas. Tenía que brindarme confort de alguna forma.

Eventualmente dejé de llorar.

No porque me sintiera mejor, sino porque mi cuerpo pareció resentir demasiado las emociones y decidió hacer lo que mejor sabe últimamente: Apagarse para no sentir toda la ola emocional estallar a su hora favorita.

A las nueve de la mañana ya estaba haciendo fila para comprar un café y poder soportar el día sin que algo me tome desprevenida. Decidí consentirme un poco y me pedí un muffin de red velvet, sentía que necesitaba algo de glucosa para mi sistema. O quizás era mi fluctuante estado anímico el que reclamaba azúcar.

A medida que iba tomando mi café me percataba de que había muchas personas extrañas en este lugar. ¿Y lo que era peor? Que no sabía porqué diablos se me quedaban viendo como si tuviera un tercer ojo en la cara. Intenté sonreír a uno que otro por cortesía, aunque empezaba a molestarme demasiado que se me diera más atención de la que esperaba obtener por ser alguien nueva. Es decir, era una universidad. ¿Qué probabilidades habían de que el mundo fuera demasiado pequeño y que todos se conocieran entre todos?

Hablé muy pronto, tan pronto que el mismo destino decidió escupirme directamente a la cara.

—¿Lennei?

Itzan.

—¡Sí que eres tú! ¿Qué te trae por aquí?

—Pensé que sería muy buena idea pasearme por la ciudad para ver otro ambiente. Ya sabes, a ver si me encontraba a otra criatura dispuesta a robarse mi alma o algo así.

Itzan me miró con una ceja enarcada.

—Es broma. Solo disfruto mi café antes de las clases. Dicen que una buena dosis de cafeína lo puede todo.

—Suena a que necesitas algo más fuerte que la cafeína. ¿Vas a transferirte aquí?

Asentí a su pregunta. Lo noté un poco entusiasmado con la respuesta, casi pude deducirlo por la forma en la que su mirada centelleó un brillo que interpretaría como… ¿Felicidad?

—Creo que dado mi caso particular necesito otro ambiente. ¿No crees?

Itzan asintió y luego me tomó de la mano con suavidad. Se acercó discretamente hacia mi rostro y me susurró: Tenemos que hablar sobre tu mamá.

Me tensé un poco. Esperaba noticias al respecto, pero no pensé que fuera tan pronto. Lo último que recuerdo de nuestra pequeña actividad de convivencia, es que me había ayudado a desenterrar su tumba y que él se encargaría de buscar sus restos.

—Pero no puede ser aquí, hay demasiados oídos escuchando.

Algo se removió muy dentro de mi pecho. Lo sabía, aunque no tenía idea de que hubiera demasiados escuchando. ¿Por qué razón estarían interesados? Cada día surgen más preguntas y ninguna respuesta. Tengo que apuntar una lista de preguntas para Milo y no dejar salir a ese niño hasta que me de una respuesta coherente a cada una de ellas.

Me terminé de comer la mitad del muffin de forma obligada. Este tema me había quitado por completo el apetito, pero Itzan insistió en que tenía que comer al menos un poco o mi estómago se iba a desquitar conmigo de una forma muy severa. Él se preocupa demasiado, así que, al terminar la mitad, le regalé el resto.

Un parquecito bastante concurrido nos daba la bienvenida. Además de los clásicos juegos infantiles, se encontraba una zona recreativa comunitaria para adultos, esos que tienen un gimnasio al aire libre. Un grupo de hombres y mujeres de edad avanzada estaban intentando ejercitar a su modo, conviviendo y compartiendo pláticas que no podía escuchar porque estaban demasiado lejos, pero que se notaba era bastante interesante por la concentración de cada uno. Otros, sólo se querían concentrar en sus ejercicios, quizás por un anhelo muy ferviente en concretar las repeticiones y en no lesionar sus cuerpos ya desgastados por los años.



#25694 en Fantasía
#3104 en Paranormal

En el texto hay: vampiros, sobrenatural, darkromance

Editado: 20.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.