La tristeza es parte de la vida, sentirse solo incluso estando rodeado de otros se vuelve nuestra normalidad, pero cuando conoces a esa persona que puede llenar ese vacío a pesar de que jamás pensaste que sería posible, una persona que te hace sentir querido, todos los malos momentos se vuelven insignificantes, pero al mismo tiempo todo cobra sentido. Es necesario vivir los malos momentos para valorar los buenos… aunque estos suelen ser efímeros.
Klaus era esa persona para Victoria y ahora lo veía alejarse, haciéndose cada vez más pequeño a través de su retrovisor. Hasta que ya no quedaba nada que mirar.
Una lágrima intenta asomarse, pero Victoria se rehúsa a llorar frente a su madre. Para ella es la causante de toda su desgraciada vida.
—Tranquila Victoria —dice su madre acariciándole la rodilla.
—No me toques —responde ella girándose hacia la ventana, apartando la mano de su madre.
—¿Tanto te importa ese chico?… apenas lo conociste —responde sin quitar los ojos del camino.
—¡Ese chico me rescató mamá! Y no se trata de eso —hace una pausa— Apenas convivimos un día y le arruinamos la vida —su cabello se esponja— ¿Esto será siempre así, que se supone que debemos hacer ahora? Traeremos a papá y luego ¿seremos la familia perfecta? Viajaremos en una caravana mudándonos de un lado a otro llevando ese pedazo de roca a donde sea, siendo cazados por el resto de nuestra vida. ¿Es eso, ese es tu gran plan? —dice exasperada.
—No lo sé
—¿No lo sabes? Toda tu puta vida planeando este momento y no lo sabes, bravo madre —aplaude— un plan espectacular.
El auto frena en seco y ambas son empujadas hacia adelante siendo sostenidas solo por el cinturón de seguridad.
—Entiendo tu frustración, pero no olvides que soy tu madre. No volveré a soportar tus faltas de respeto.
—Y todas las faltas de respeto que tú has tenido conmigo ¡durante toda mi vida! mentir, engañar ¡Utilizarme!—responde.
—¡Ya basta! Esto es más grande que tú o yo, esto es más grande que cualquier problema que podamos tener. Es cierto, la gente sale lastimada… todos, todo el que se acerca a nosotros, todo aquel que se involucra. Pero, yo también tenía derecho a tener una vida ¿sabes? También quería sentir amor y ser al menos un poco feliz.
—¿Acaso yo no lo merezco también madre?
Un silencio se expande dentro del vehículo, la situación no era la ideal. Pero, era necesario para que las verdades salieran a la luz.
—Tenemos que seguir —dice Maggie evitando la conversación nuevamente— el camino es largo y aún falta recoger a un amigo.
—¿Un amigo? —pregunta Victoria.
—Mmm… es más bien un compañero de viaje. Nos ayudará a traer a tu padre de regreso.
—¿Una especie de anciano chamán, levanta muertos? —pregunta curiosa.
—Mmm yo no diría eso.
—Otra vez con tus incertidumbres. —dice Victoria resignada— Miranda me dijo muchas veces que Richard es mi padre. Jamás lo creí.
—Si, es que creerle a Miranda es bastante difícil —ríe irónica— Las mentiras suelen ser muy comunes en ella.
—Es de familia supongo. —Gira sus ojos.
—Quiero ser honesta contigo —se sincera Maggie— Richard es tu padre, no te lo dije porque mi madre nunca lo aceptó y temía que si tú sabías la verdad, mi madre desechara todo ese odio en ti. Ella sabe que Richard es tu padre, pero no soportaría ver a su única nieta llorando por un hombre. Me pidió que no te lo contara, fue su exigencia para aceptarme de nuevo en casa luego de la muerte de tu padre. Estaba sola y embarazada… ¿qué más podía hacer?
—Pero Richard solo tenía 15 años cuando llegó a casa, abuela lo contrató como chofer… eso es imposible. —dice Victoria confundida.
Una sonrisa tierna se asoma en el rostro de Maggie.
—Richard era muy pobre, su padre lo abandonó a él y a su madre. Falsificó sus documentos porque necesitaba el dinero. —Hace una pausa— Él solía hacer cosas de ese tipo, era un muchacho joven pero tenía responsabilidades de adulto. Su madre, tu abuela tristemente falleció poco después que Richard partiera, no soporto la tristeza.
—Otra víctima de esta mierda. —dice Victoria resignada.
El camino que resta es más silencioso, algunas preguntas consiguieron respuestas al fin. Pero heridas se abrieron y sanarlas parece imposible.
El viaje en carretera es largo y aburrido, ambas pasajeras tienen mucho que pensar así que el tiempo es su mejor compañía en este momento.
Una carretera larga y moderna, probablemente lo más moderno que tiene Greenwood contrarrestada a un costado con un bosque frondoso de árboles altos y un paisaje completamente verde. En el horizonte saliendo entre las hojas un muchacho de cabello gris se asomaba levantando su mano.
—Ahí está —dice Maggie.
—¿Es él? —pregunta Victoria— Wow.
El muchacho le da una última bocanada a su cigarrillo.
—Si, muy guapo… mantente alejada de él. —Advierte Maggie.
—Lo último que quiero hacer es ser responsable de otra muerte. —Dice— Tendremos que aguantar todo su olor a cigarrillo… me parece asqueroso.