Con el nuevo pasajero en la parte trasera el ambiente se torna incluso más tenso, ninguna de las mujeres se siente cómoda y el jovencito parece no importarle. Está embobado con la exuberante roca, su expresión no es de asombro o inquietud, sino analítica y curiosa.
Victoria se pregunta hasta qué punto llega el conocimiento de esta persona, no sabía que habían personas además de ellas que supieran de la maldición.
—La pregunta es ¿cuánto saben ustedes? —dice él, pareciendo que lee su mente.
Los ojos de Victoria se abren impresionados mirándolo a través del retrovisor. Es solo una coincidencia, se repite.
—Sabemos lo que necesitamos —responde Maggie.— Y conocemos nuestra historia, por supuesto.
—Mmm —murmura el.
—¿Quién eres tú? —pregunta Victoria severa. — De ti no sabemos nada, deleitanos con tu historia.
—Si no conoces tu propia historia, dudo que la mía te sirva de algo… víbora.
—¡Que dejes de llamarme así! —da un grito gutural.
—No te alteres víbora —responde relajado, sin alejar sus ojos de la roca. —No queremos que te transformes en un monstruo y nos mates a todos.
La incomodidad de Victoria es notoria en su cara, hay piezas que no encajan en toda la historia, la presencia del muchacho es demasiado para ella y siente que todo está flotando en el aire, sin orden o explicación.
Su ansiedad ha aumentado y la desesperación se siente en su pecho.
El reflejo en el espejo muestra unos ojos amarillos y gira su cabeza asustada.
Cierra sus ojos y su respiración se acelera.
—¿Estás bien? —pregunta su madre apartando sus ojos del camino.
—¡Cuidado! —grita Dante.
Una figura grande y oscura colapsa contra el vehículo lanzándolo unos metros más adelante.
—¡Muuuu! —se escucha profundo.
El primero que recupera la conciencia es Dante. Abre sus ojos y con la visión aún borrosa distingue un toro de dos metros de alto que se prepara para embestir nuevamente el auto con los tres dentro.
—¡Arriba! —gritó— ¡Despierten víboras!
Victoria despierta gracias a los empujones que le da Dante.
—¡Que mierda es eso! —gritó.
—Hay que salir ahora —dijo desesperado.
Ambos dejan el auto y corren para sacar a Maggie por la ventana, a pesar de los movimientos la mujer no despierta.
—Llevala a la orilla —manda Dante.
Victoria hace caso y arrastra a su madre por la calle.
—¡Bestia ven aquí! —agitó sus manos en el aire.
Asustada y confundida Victoria mira desde el otro lado con su madre aún inconsciente.
—¿Qué estás haciendo? —gritó.
—Vaelis soreth, en’thar Tuven kaelisar, nox’elen —recitó.
Elevó sus manos en el aire haciendo movimientos circulares. La brisa alrededor se agitó con fuerza y el monstruoso animal comenzó a levitar, sus patas traseras se doblaron hacia atrás y sus huesos crujieron como vidrio roto.
La espantosa criatura chillaba de dolor, pero los ojos del muchacho estaban oscuros y llenos de rabia. No iba a terminar hasta que el animal muriera.
—¡Ya basta! —gritó Victoria.
Dante baja los brazos y el animal cae con tanta fuerza que el suelo se agita bajo los pies de los jóvenes.
—¿Quién eres tú? —pregunta Victoria.
—No te acerques. No está muerto.
—¿Qué estás haciendo? ¿Vas a matarlo? —pregunta agitada.
—Es él o nosotros.
Las patas del toro vuelven a su sitio y se pone de pie otra vez. Sus ojos brillan y su mirada está fija en lo que queda del auto.
Le toma unos segundos a Dante darse cuenta que lo que quiere la criatura no son ellos, sino lo que traen.
Corre hacia la chatarra y saca la roca gigante.
—¿Esto es lo que quieres? —gritó.
—¡Muuuu! —respondió furioso
Sus ojos brillaron con mayor intensidad.
Dante agita la cabeza con fuerza y la bestia lo sigue con la mirada expulsando vapor caliente por la nariz.
El muchacho lanza la cabeza y el toro la alcanza en el aire tomándola con su hocico desapareciendo en el instante que toca la roca.
El ambiente se tranquiliza y se vuelve a oír sólo el vaivén de los árboles.
—¡Qué mierda hiciste! —grita la muchacha.
—Nos acabó de salvar.
—¡Entregaste la cabeza, imbécil!
—Esa roca no sirve para nada.
—¿De qué hablas? Esa roca es lo que traerá a mi padre de regreso —dijo enfurecida.
El muchacho suspira.
—Es solo una roca. —respondió.
—Es la cabeza de Medusa.