Lazos de Sangre.

Colombia.

Colombia (Bogota D.C). 

La ceremonia de graduación estaba a punto de iniciar. El orgullo de las familias, los cantos de alegría de un ciclo terminado y la emoción de los nuevos policías especializados recién graduados era notoria en todo el campo de la escuela militar José Arquímedes.  
Entre la multitud de presentes, Julián buscaba a su madre por todos lados, con su traje color verde del cual estaba orgulloso de portarlo y que lo identificaba de manera especial, caminaba con prisa en busca de ella para así recibir su bendición antes que diera inicio la ceremonia. Al paso de los segundos sus ojos la encontraron y al llegar a su lado la tomo por sorpresa dándole un fuerte abrazo seguido por un beso en la mejilla.  
—!Basta hijo! —Exclamo la mujer con una gran sonrisa.  
—Esta a punto de iniciar. Dame tu bendición mamá. —Pidió el muchacho a la madre.  
Ella alzó sus manos y acarició el rostro de su hijo contemplando sus ojos. La mujer quien superaba los 40 años llevaba puesto un vestido largo color azul cielo y con palabras cargadas de ternura, le dijo.  
—Dios me ha recompensado con el mayor tesoro de la vida. Hoy y como todos los días te doy mi bendición para que sigas por el camino correcto. Dios te bendiga siempre hijo, Te amo.  —Finalizó su corto diálogo con un abrazo y los ojos rebosados de lágrimas.  
—¿Julián?. —Exclamo la muchacha con notable duda al verlo.  
El giro su rostro y la contempló con alegría. Segundos de terminar el abrazo con su madre, camino hacia la muchacha y le besó los labios, continuo con un fuerte abrazo y la alzó en sus brazos de felicidad.  
—Te amo. Te amo. Te amo... —Repetía mientras sonreía y daba pequeños brincos en el mismo lugar. 
Su madre intervino y con la risa reservada dijo. 
—Baja la muchacha, carajo.  
—estoy feliz de tener aquí conmigo en este momento tan especial a las dos mujeres que más amo en esta vida. —dijo Julián con entusiasmo.  
—mi mamá y tu mi novia hermosa. Y por cierto, estas bellísima. 
Jennifer sonrió. Vestía un traje elegante de colores claros, su piel blanca era adornada por pequeños lunares fascinantemente hermosos, hoyuelos en sus mejillas al sonreír y un natural cabello color negro, largo y ondulado. 
—Aunque hace falta alguien. —Dijo sin querer y sin pensarlo, de repente.  
—No falta nadie hijo. Aquí estamos nosotras. —Comento la madre inmediatamente con una sonrisa extraña e inquietante.  
—Es verdad. —Admitió con serenidad y un pedacito de duda.  
—Tengo que irme, las veré al finalizar. —Concluyo Julián y se marchó.  
Las dos mujeres observaron con una sonrisa dibuja en sus rostros a su Julián, mientras caminaba hacia el auditorio. El joven de contextura delgada, ojos café, estatura que no superaba el metro ochenta, cabello ondulado y una tranquila y clara sencillez que lo hacía especial, estaba a punto de recibir el logro más importante de su vida.  

En el camino se encontró a tres de sus grandes amigos, colegas y también policías que estaban a punto de graduarse junto a el. Maite, Lucas y Nicolás, a los que abrazo con emoción. 

—¡Lo logramos muchachos!. —Dijo Nicolás con gran felicidad. 

—Casi que no, eh... —Respondió Maite mostrándose graciosa en el momento.

A pesar de ser la única mujer del grupo de amigos cada uno de ellos la veía como una hermana menor, sus ojos azules llamaban la atención de cualquier persona en el campus de la escuela. Nicolás, el más sociable y alegre del grupo con rasgos orientales en sus ojos y Lucas el más reservado y atento de la clase fueron sus mejores compañeros, aunque siempre el mejor en los resultados obtenidos fue Julián. 

—Vamos muchachos, ya es hora. —dijo Julián, de inmediato los cuatros ingresaron al interior del auditorio. 


La ceremonia y entrega de reconocimientos había iniciado. Cuando el general más importante de la escuela mencionó el nombre de Julián, el sintió que su corazón estallaba de profunda felicidad y satisfacción. Camino despacio hacia el escenario, al subir los escalones su mirada se fijó en su madre Janeth, la cual a menos de ocho metros estaba con los ojos rebozados de Lagrimas y una gran alegría que le trasmitía paz. Julián se encontró allí, a punto de recibir su diploma como policía, siempre había sido su sueño y aquel día se estaba haciendo realidad, quito de su cabeza el sombrero para recibir su medalla, en sus manos su diploma y por último la insignia que lo catalogaba como el mejor estudiante de la promoción.  
Janeth y Jennifer se dieron un fraternal abrazo y saltaron de felicidad, aplaudiendo la meta alcanzada del muchacho... llevó su sombrero nuevamente a su cabeza, respiro profundamente, sonrió y...   
 




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