LA CARRETERA DEL OLVIDO
El motor del Porsche de Alexia rugió con una furia metálica al salir del estacionamiento subterráneo de la torre. Sus manos, firmes sobre el volante de cuero, temblaban de forma imperceptible debido a la brutal descarga de adrenalina. La fría noche de la ciudad pasaba a los lados como un destello borroso de luces de neón. Cada kilómetro que la alejaba del penthouse de Damián era un segundo más de oxígeno puro que lograba meter a sus pulmones.
Estaba libre, estaba viva pero sobre todo, estaba a tiempo de no cometer el mayor error de su vida.
Mientras conducía por la autopista casi desierta, el parabrisas reflejaba la imagen de una mujer completamente diferente a la que recordaba. Llevaba puesto un abrigo que cubría el sugerente vestido rojo de seda, un disfraz de mujer fatal que casi la destruye. Al mirar por el espejo retrovisor, los fantasmas de su vida pasada comenzaron a emerger de la oscuridad del asfalto.
El rugido del motor se transformó en su mente en el sonido seco, agudo y oxidado de la puerta de la bodega subterránea donde pasó su última año.
Recordó con una nitidez aterradora el primer año de su encierro, la primera vez que estuvo alli, recordó el frío extremo de aquel suelo de concreto donde pasó noches enteras tiritando, sin más abrigo que sus propios brazos. Recordó la voz de Damián, antes profunda y seductora, convertida en un látigo de acusaciones venenosas. "¡Tú la alejaste de mí! ¡Tú planeaste su desaparición para quedarte con mi apellido!" , le gritaba él mientras la tomaba con violencia del cabello, cegado por las supuestas pruebas que su media hermana, Priscilla, sembraba meticulosamente en las sombras.
Angels Rose, la mujer que Damián amaba con locura y que cuando salio a la luz que ellos habían dormido juntos sin pensarlo dos veces, le había devuelto el anillo de compromiso y con una supuesta enteresa y madurez que en ese momento no se había dado cuenta, que no era tan real le había deseado que fuera muy feliz al lado de un hombre que jamás la amaría, en ese momento debido a la felicidad por haber logrado su deseo y por su inmadurez no entendió el significado de aquéllas palabras.
Y tres años después cuando desapareció en ese naufragio, él la culpa desatando toda su furia y su dolor sobre ella, intensificando su tortura.
Alexia apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Las lágrimas del trauma pasado amenazaron con nublar su vista pero las contuvo con pura rabia. No iba a llorar. Ya había gastado todas las lágrimas en su existencia pasada, durante una década de suplicio.
Recordó los golpes en las costillas que le impedían respirar, recordó los días en que el hambre le quemaba el estómago, castigada por faltas que jamás cometió. Damián la había convertido en su prisionera personal, un secreto oscuro que nadie buscó porque Priscilla se había encargado de falsificar cartas y correos electrónicos donde Alexia supuestamente "huía del país por vergüenza de sus propios actos".
Todo había sido un plan maestro de su retorcida familia y su ejecutor fue el hombre al que tontamente le había entregado su devoción desde que era una niña de cinco años.
El dolor físico de los dedos rotos y las uñas arrancadas que recordaba de su agonía parecía un eco lejano en este nuevo cuerpo intacto pero el daño psicológico seguía sangrando, seguía vivo como una herida abierta. Damián la había quebrado sistemáticamente, jugando con su mente, haciéndole creer a veces que si confesaba sus crímenes, él volvería a mirarla con amor.
Qué estúpida había sido. La obsesión la había cegado pero el infierno la había hecho despertar.
El auto deportivo derrapó levemente al tomar la curva que conducía a la mansión de la familia de Alexia. Al ver la enorme propiedad de estilo neoclásico iluminada a lo lejos, una fría certeza se asentó en su pecho, ese lugar tampoco era seguro, allí vivía Priscilla, la mente maestra detrás de las intrigas, la "pobre media hermana huérfana" que todos compadecían y protegían mientras manipulaba a Damián y a todos a su antojo.
En su vida anterior, Alexia habría entrado a la casa buscando el consuelo de su padre y planeando el anuncio del compromiso mediático para forzar a Damián. Esta vez, su estrategia era radicalmente opuesta.
Alexia detuvo el auto a unos metros de la entrada principal, ocultándose bajo la sombra de los viejos robles. Apagó los faros y se quedó unos segundos en silencio, escuchando el tic-tac rítmico del tablero. El universo le había otorgado el regalo más grande, el conocimiento del futuro.
Sabía cómo se tejería la red de mentiras que la sepultaría por diez años, utilizando el escándalo de su supuesta intrusión en el penthouse de Damián como la prueba definitiva de su "inestabilidad emocional y su perversa malicia". En la línea temporal original, Priscilla filtraría la noticia a la prensa a primera hora fingiendo ayudarla para que ella logrará obtener la última pieza del compromiso forzado que enfureció a Damián.
Pero esta vez, ella tenía la ventaja de las cartas no jugadas.
Esta noche era el principio del fin, pero no a través de una confrontación caótica o un drama familiar. Era el principio de su verdadera vida, se lo debía a la Alexia que había muerto en la oscuridad tras haber amado con locura, y se lo debía a la Alexia de esta nueva línea temporal. No iba a perder su tiempo ni su juventud en una guerra de trincheras contra monstruos, tratando de probar su inocencia contra un hombre que jamás le creería.
Había aprendido que la mejor venganza contra un depredador no es atacarlo en su terreno, sino desaparecer por completo de su mapa, retirarle el poder de su presencia y dejar que sus propias mentiras y paranoias los consuman por dentro.