EL PRECIO DE UN DIOS CAÍDO
Las ráfagas de los flashes continuaban estallando con una violencia ensordecedora, como si fueran fuegos artificiales tiñendo el aire de un blanco cegador. Los murmullos de los periodistas se superponían unos a otros, creando un zumbido asfixiante que habría hecho flaquear a cualquiera, amontonados y con los micrófonos extendidos como armas, esperaban el colapso. La pregunta seguía flotando en el aire con un eco venenoso.
"¿Cómo se siente haber sido usada por Damián Miller y que te desechara como basura a mitad de la noche?".
Damián permanecía inmóvil, con la mandíbula tensa y una furia fría contenida en sus ojos grises. Su mirada estaba clavada en Alexia, esperando ver el más mínimo rastro de la vulnerabilidad que solía caracterizarla. Esperaba que se escondiera detrás de él, que buscara su protección frente al asedio de los medios. Avanzó un paso, su mandíbula continuaba rígidamente apretada y sus puños cerrados. Estaba a punto de ordenar a su seguridad que barriera el lugar. Sin embargo, la fría y calculadora calma de Alexia lo detuvo en seco.
Pero Alexia ni siquiera parpadeó, lejos de achicarse o de romper a llorar como lo habría hecho en su vida pasada, la joven ajustó con parsimonia la correa de su bolso de diseñador. Una sonrisa coqueta, divertida y cargada de una ironía letal se dibujó en sus labios perfectamente pintados. Con una calma que rozaba la insolencia, dio un paso al frente, clavando sus ojos oscuros directamente en la cámara del reportero que la había cuestionado, levantó una mano, el movimiento fue tan pausado, elegante y cargado de una autoridad aristocrática que por puro instinto, el griterío de la prensa cesó. Los camarógrafos ajustaron el enfoque de las lentes. Sabían que estaban transmitiendo en vivo para millones de pantallas en todo el país.
Alexia se retiró las gafas de sol oscuras con una calma que era extraña en la joven de 21 años. Sus ojos brillaron bajo la iluminación del vestíbulo. No tenían lágrimas, no tenían miedo. Solo una profunda y devastadora compasión que descolocó por completo a la audiencia.
Miró fijamente al reportero que la había cuestionado con más agresividad y esbozó una sonrisa que heló la sangre de los presentes.
Hizo una pausa dramática, acomodándose un mechón suelto de su moño bajo con una elegancia que dejó a los fotógrafos mudos.
Un periodista de un conocido tabloide de espectáculos, buscando recuperar el control de la nota y empujado por el dinero que Priscilla le había prometido a su agencia, se abrió paso entre la multitud y alzó su grabadora.
Damián dio un paso hacia el frente de manera instintiva, esperando el quiebre de Alexia ante la humillación pública de su pasado. Quería ver si esa armadura de hielo resistía el peso de su propia historia.
Sin embargo, Alexia soltó una risa suave, un sonido melodioso y genuino que desconcertó por completo a los presentes. Miró al reportero como si fuera una criatura tierna pero profundamente ignorante.
Dio otro paso al frente, obligando al círculo de periodistas a retroceder de manera instintiva. La imponente energía que emanaba de ella eclipsó por completo la suntuosidad del minivestido de Versace.
Un murmullo unánime de incredulidad recorrió a la multitud. Los flashes se intensificaron, pero esta vez apuntaron directamente al rostro de Damián.
El rostro del magnate se transformó en una máscara de piedra. Sus ojos grises se entrecerraron, inyectados en una furia posesiva y salvaje que nunca antes había experimentado. Nadie, absolutamente nadie en el mundo de los negocios o de la alta sociedad, se había atrevido a llamarlo "cuadrado", "aburrido" o "mayor". Alexia acababa de pisotear su impecable reputación de soltero codiciado frente a las cámaras de todo el país, y lo había hecho con una sonrisa en el rostro.