EL ESPEJO ROTO DE LA ENVIDIA
En la intimidad de su habitación en la mansión Sterling, Priscilla contemplaba la pantalla de su tableta digital con la boca ligeramente abierta. El silencio en el cuarto era sofocante, interrumpido únicamente por el murmullo de los comentarios que subían a la velocidad de la luz en la transmisión en vivo del Club Eclipse.
La sonrisa macabra y triunfal que había lucido minutos antes se desvaneció por completo. Su rostro perfecto se transformó en una máscara de horror, incredulidad y una bilis amarga que le quemaba la garganta.
En la pantalla, Alexia no estaba llorando, no estaba acorralada contra la pared por los reporteros hostiles ni lucía como la demente inestable que Priscilla le había vendido durante años a los tabloides, Alexia se veía imponente, serena y devastadoramente hermosa con el vestido plateado de Versace. Su voz, clara y modulada a través de las bocinas del aparato, resonó en la habitación destruyendo la reputación de Damián Miller con una elegancia aristocrática que Priscilla jamás le había conocido.
"Lo que yo sentía por él no era pasión, caballeros. Era la ternura infantil y la profunda nostalgia paternal que su severidad me inspiraba... Solo había un hombre de negocios frío, predecible y... sumamente aburrido".
Se puso en pie de un salto, arrojando la tableta contra las sábanas. La trampa perfecta, la bomba mediática que había diseñado meticulosamente para enterrar viva a su media hermana, se había convertido en el escenario de su coronación pública. Al mirar la sección de comentarios del directo, el veredicto del país era unánime. La alta sociedad y el público general alababan la increíble madurez, el amor propio y la elocuencia de la nueva Alexia Sterling. En cuestión de minutos, la narrativa del escándalo había cambiado por completo. Alexia ya no era la acosadora rechazada, era una heroína de la dignidad femenina que acababa de derribar al hombre más poderoso del país desde su pedestal de ego.
El pánico real comenzó a colarse por las venas de Priscilla, sustituyendo la furia inicial por un frío sudor helado. Su mirada se desvió hacia su teléfono celular, que empezó a vibrar con insistencia sobre la mesa de noche.
El nombre en la pantalla de alta resolución la hizo retroceder un paso, perdiendo el aliento
DAMIÁN MILLER.
Priscilla tragó saliva, sintiendo que el corazón le golpeaba con fuerza las costillas. Damián jamás la llamaba a su número personal a menos que fuera estrictamente necesario por cuestiones de la empresa de su padre. Con las manos temblorosas, deslizó el dedo por la pantalla y se llevó el aparato al oído, forzando de inmediato su habitual tono de voz dulce, sumiso y angelical.
La voz de Damián Miller al otro lado de la línea no era la del CEO distante y educado de siempre. Era un rugido sordo, una vibración cargada de una furia gélida y una peligrosidad tan letal que a Priscilla se le aflojaron las piernas, obligándola a sentarse en el borde de la cama.
Priscilla sintió que el mundo giraba a su alrededor. El veneno de Alexia en el pasillo del Eclipse no había sido un ataque al azar, había sido un dardo envenenado directo a su cuello.
El clic de la línea cortada resonó en el oído de Priscilla como la sentencia de un juez.
Dejó caer el teléfono sobre el edredón, con el rostro completamente pálido, desencajado y cubierto por un sudor frío. Miró su propio reflejo en el espejo del tocador, la dulce y protegida rubia ya no estaba allí. Solo quedaba una mujer aterrorizada que acababa de darse cuenta de que al intentar cazar a Alexia, había despertado al monstruo más peligroso del mapa. Y lo peor de todo, la presa que tanto quería destruir se había marchado sonriendo, dejándola a ella sola en el centro del tablero para pagar las consecuencias.