CAPITULO 12
LAS GRIETAS DEL TRONO DE PAJA
El chirrido de los neumáticos de la lujosa camioneta de Damián Miller cortó la quietud de la tarde al detenerse frente a la escalinata de la mansión Sterling. Damián bajó del vehículo sin esperar a que su chofer abriera la puerta. Su imponente figura desbordaba una hostilidad corporativa y personal tan densa que los guardias de la entrada ni siquiera se atrevieron a pedirle una identificación, simplemente se hicieron a un lado, abriendo las pesadas puertas de madera tallada.
En el gran recibidor de estilo neoclásico ya lo esperaban Arturo Sterling, el patriarca de la familia y una temblorosa Priscilla que se aferraba al brazo de su padre como si fuera un escudo humano.
- ¡Damián, mi muchacho! - comenzó Arturo, intentando forzar su habitual voz de negociador firme, aunque sus ojos delataban la profunda preocupación por la transmisión en vivo del Club Eclipse - Lamento profundamente el espectáculo que dio mi hija menor en televisión, te aseguro que Alexia será castigada por esta inmadurez y por difamar tu intachable nombre...
- Cierre la boca, Arturo - lo cortó Damián. Su voz, un susurro gélido y cargado de una autoridad incuestionable, hizo que el anciano Sterling se tensara en seco.
Damián caminó hasta quedar a un metro de ellos. Su mirada gris ignoró por completo al patriarca y se clavó como una daga en el rostro pálido de Priscilla, quien intentaba desesperadamente sostener una mirada desvalida que ya no engañaba a nadie.
- No vine a hablar de Alexia. Vine a hablar de las víboras que cría bajo su techo - continuó Damián, entrelazando las manos detrás de la espalda con una elegancia depredadora - Hace menos de veinte minutos, mi equipo de ciberseguridad interceptó las transferencias bancarias de las cuentas secundarias de Sterling Holdings. ¿Y sabe qué encontramos, Arturo?
Arturo frunció el ceño, mirando de reojo a su hija mayor con una creciente sospecha.
- ¿De qué estás hablando, Damián? - titubeó el viejo.
- Encontramos tres pagos sustanciales emitidos anoche hacia la cuenta personal de Fabián, el director del portal de chismes amarillistas que armó el circo matutino - escupió Damián, y su mirada pareció taladrar la frente de Priscilla - Pagos autorizados con la firma digital de su adorada y perfecta hijita Priscilla. Ella financió al fotógrafo que montó guardia fuera de mi torre residencial, ella dictó la nota donde se aseguraba que yo había usado y desechado a Alexia anoche.
Un silencio sepulcral, espeso y violento cayó sobre el vestíbulo.
Arturo soltó lentamente el brazo de Priscilla, dándose la vuelta para mirarla con los ojos abiertos de par en par. La revelación no solo ponía en jaque la relación comercial con Industrias Miller, sino que demostraba que su perfecta y dulce hija mayor había expuesto la intimidad del hombre más peligroso del país por una rabieta de celos fraternales.
- Priscilla... ¿esto es verdad? - rugió Arturo, y la decepción en su voz hizo eco en las paredes de mármol.
- ¡No, papá! ¡Damián, te lo juro, es una trampa de Alexia! - comenzó a sollozar Priscilla, dejando caer las lágrimas fingidas que tantas veces la habían salvado - ¡Ella seguramente hackeó mis cuentas! Ella lo planeó todo para hacerme quedar mal ante ti porque sabe que tú me aprecias más... ¡Ella es la que está obsesionada contigo lo sabes!
- ¡Basta de mentiras! - la interrumpió Damián, dando un paso al frente con una agresividad que hizo que Priscilla retrocediera hasta chocar contra la consola de mármol - Alexia no hackeó nada, Alexia anoche me miró a los ojos con un desprecio que tú jamás serías capaz de fingir. Ella sabía exactamente lo que ibas a hacer porque te conoce mejor de lo que yo te conocía. Usaste mi nombre, mi penthouse y mi privacidad para destruir a tu hermana y al hacerlo, me arrastraste a mí al fango de los tabloides de espectáculos.
Damián se enderezó, acomodándose los puños de la camisa blanca con una parsimonia aterradora. Miró a Arturo Sterling, quien parecía haber envejecido diez años en un solo segundo.
- La alianza tecnológica entre Industrias Miller y Sterling Holdings queda suspendida a partir de este maldito segundo - sentenció Damián, dictando la quiebra financiera de la familia con una sola frase - Y si vuelvo a ver el nombre de mi empresa o el de Alexia vinculado a las intrigas de esta mujer, Arturo, me encargaré personalmente de que no les quede suficiente dinero ni para pagar los abogados de la bancarrota.
- ¡Damián, por favor, no puedes hacernos esto por un chisme de niñas! - suplicó Arturo, perdiendo toda la compostura aristocrática y dando un paso hacia el magnate - ¡Hablemos de negocios! ¡Podemos solucionar esto!
Damián ni siquiera le respondió. Se dio la vuelta con una frialdad corporativa demoledora y caminó hacia las grandes puertas de la mansión. Mientras avanzaba, sacó su teléfono celular y marcó el número de su asistente principal.
- Habla Miller - dijo al intercomunicador, ignorando los gritos desesperados de Arturo y los llantos histéricos de Priscilla que resonaban a su espalda - Localicen la ubicación exacta de Alexia Sterling. No me importa con quién esté ni qué esté celebrando en ese club, quiero saber a qué hora sale y a dónde piensa pasar la noche. Es hora de tener una conversación muy seria con mi... "figura paternal".
Las puertas de la mansión se cerraron detrás de él con un golpe seco, Damián Miller se subió a su camioneta con el orgullo herido, las acciones de su empresa bajo control pero con una peligrosa y ardiente fijación grabada en el cerebro. Destruir a Priscilla había sido fácil, un simple trámite financiero pero recuperar el control sobre la mujer plateada que se había atrevido a llamarlo "aburrido" ante todo el país se estaba convirtiendo en la única guerra que de verdad le interesaba ganar.