Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 13

LA FACTURA DEL TIEMPO OLVIDADO

El aire de la medianoche se sentía denso a la salida de L’Éclipse Doré, el restaurant bar privado donde Alexia y sus amigos habían extendido la celebración. La adrenalina de la tarde se había transformado en una calidez flotante, azuzada por las copas de champaña y los cocteles que había tomado. Caminaba hacia la acera con una risa ligera que compartía con Mateo, sosteniendo sus tacones de aguja en una mano y pisando el frío pavimento descalza, con el minivestido plateado brillando bajo los faroles de la calle.

Antes de que el chofer de su Porsche pudiera arrimar el vehículo a la acera, un imponente sedán negro se cruzó en el camino, bloqueándole el paso de forma abrupta.

La puerta trasera se abrió con violencia y de ella bajó Damián Miller, su saco Tom Ford estaba desabotonado y la corbata ya no estaba, pero su presencia seguía destilando esa peligrosa y gélida autoridad corporativa. Sus ojos grises, fijos en las manos de Mateo que sostenían el abrigo de Alexia, centellearon con una posesividad salvaje.

  • Déjanos solos - ordenó Damián, dirigiendo a Mateo una mirada tan letal que el joven universitario dio un paso atrás, tragando saliva.
  • Damián, no tienes derecho a... - intentó intervenir Mateo.
  • Está bien, Mateo - lo interrumpió Alexia, levantando una mano con suavidad. Su voz arrastraba las palabras de forma sutil, con la encantadora soltura de quien está algo tomada pero sus ojos mantenían una lucidez cortante - Vayan adelantándose al auto. El señor Miller insiste en ser el entretenimiento de la noche.

Sus amigos se retiraron con reticencia, dejándolos en la penumbra de la acera exclusiva, Damián avanzó de inmediato, acorralándola contra la carrocería de su propio vehículo en movimiento, cerrando el espacio entre sus cuerpos de una manera que pretendía ser intimidante. El aroma a sándalo de su perfume la rodeó, activando los reflejos condicionados de su memoria.

  • ¿Ternura paternal, Alexia? ¿Un dios caído? - siseó Damián, y su voz profunda vibró con un orgullo gravemente herido mientras la tomaba con firmeza de la muñeca - ¿Tienes idea del ridículo que me hiciste pasar en televisión nacional? Exijo que mañana mismo emitas un comunicado retractándote de esa estupidez. No soy el refugio infantil de nadie y mucho menos tuyo.

Alexia sintió la presión en su muñeca pero en lugar de encogerse de miedo como el reflejo de sus diez años de tortura le dictaba, soltó una carcajada limpia, melodiosa y carente de cualquier pizca de respeto. Se inclinó levemente hacia él, permitiendo que el calor de su respiración impregnada de champaña rozara la barbilla del magnate.

  • ¿Te dolió el ego, Miller? - susurró ella, mirándolo de abajo arriba con una audacia que lo dejó sin aliento - Suéltame. Ya no eres mi dueño y tus órdenes ya no tienen valor en mi mundo.
  • No me voy a ir hasta que me des una maldita explicación de este teatro - exigió él, apretando la mandíbula, perturbado por la cercanía de sus curvas plateadas y la desconcertante indiferencia en su mirada - ¿Desde cuándo te importan los comunicados y la prensa? ¿Desde cuándo decidiste pasar el dia de fiesta como si nada mas importará?

Alexia dejó de sonreír de golpe, la calidez del alcohol pareció evaporarse por un segundo, sustituida por una sombra de profunda melancía y un dolor antiguo que Damián no fue capaz de descifrar. Sus ojos oscuros viajaron por las facciones perfectas del CEO, y en su mente se reprodujo una película de fantasmas.

Recordó el sótano frío de su otra vida, recordó pasar noches enteras mirando el calendario digital que él controlaba desde su sistema inteligente, esperando una visita, un plato de comida caliente o una sola palabra que nunca llegaba. Específicamente en esta fecha.

  • Hoy es veinte de agosto, Damián - dijo ella, y su voz bajó a un tono tan suave y herido que el agarre de él en su muñeca se aflojó por puro instinto.

Damián frunció el ceño, desconcertado por el repentino cambio de atmósfera.

  • ¿Y eso qué demonios tiene que ver con tu circo mediático? - preguntó.
  • Es mi cumpleaños número veintiuno - respondió Alexia, esbozando una sonrisa triste y cargada de una ironía demoledora - Pero claro, ¿Cómo podrías recordarlo? Siempre has estado demasiado ocupado controlando tus acciones en la bolsa, manejando tus empresas... o ignorando mi existencia.

Damián se quedó mudo, una extraña e incómoda opresión le atenazó el pecho al ver la mirada desprovista de rencor pero llena de un cansancio histórico, con la que ella lo observaba.

En la línea temporal original, Alexia había pasado sus cumpleaños veintiuno, veintidós y los siguientes siete encerrada, llorando por la ausencia de un hombre que prefería pasar esas fechas organizando cenas benéficas con Angels Rose o revisando informes financieros, castigándola con el vacío absoluto de su indiferencia. Él jamás había recordado un solo cumpleaños de la mujer que decía amarle. Para el Damián del pasado, ella era solo un ruido de fondo molesto.

  • Alexia, yo... - intentó hablar Damián, sintiéndose extrañamente culpable por un olvido que en teoría, pertenecía a una rutina de años que él consideraba normal.
  • No digas nada - lo interrumpió ella, zafándose de su agarre con un movimiento limpio y firme y colocandose nuevamente los tavones - Ya no importa. El universo me dio el mejor regalo de cumpleaños esta mañana, me devolvió el amor propio. Así que regresa a tu penthouse, CEO Miller. Pasa la noche con tus informes y tu preciado silencio. Al fin y al cabo, siempre has sido excelente celebrando mis fechas importantes en la más absoluta soledad.

Sin darle tiempo a reaccionar, Alexia se dio la vuelta, abrió la puerta de su Porsche y subió al asiento trasero junto a Mateo. El auto deportivo arrancó de inmediato, perdiéndose en la fría neblina de la medianoche de la ciudad.




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