Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 15

LA PREGUNTA EQUIVOCADA

El sol de la mañana apenas comenzaba a teñir de dorado los rascacielos de la ciudad cuando Damián Miller presionó el intercomunicador de su escritorio. Su voz, un barítono seco y desprovisto de cualquier atisbo de fatiga a pesar de no haber dormido en toda la noche, cortó el silencio del área ejecutiva.

  • Gina, venga a mi despacho de inmediato. Traiga la agenda del trimestre.

Menos de un minuto después, la puerta de doble hoja se abrió. Gina, su secretaria ejecutiva una mujer sumamente eficiente de cuarentena y ocho años, conocida por su discreción absoluta y su capacidad para anticipar cada movimiento corporativo del CEO entró con una tableta digital contra el pecho. Sus pasos sobre la alfombra de felpa negra eran mudos.

  • Buenos días, señor Miller. Aquí tiene los reportes de apertura de la bolsa de Nueva York y las minutas de... - comenzó Gina, manteniendo su tono profesional.
  • Deje eso sobre la mesa - la interrumpió Damián, sin apartar los ojos de los ventanales inteligentes que daban a la avenida principal.

Gina parpadeó, extrañada por la interrupción, pero obedeció de inmediato. Colocó el dispositivo sobre la caoba pulida y se entrelazó las manos al frente, esperando las habituales directrices implacables sobre fusiones de empresas o recortes de presupuesto.

Damián guardó silencio durante unos largos y tensos segundos. Se pasó una mano por la barbilla, donde una sombra de barba de veinticuatro horas delataba su falta de descanso y finalmente se giró para clavar sus ojos grises en su empleada.

  • Gina, tengo una consulta que no está relacionada con Industrias Miller - mencionó, con una falsa naturalidad que a la secretaria le pareció sumamente sospechosa.
  • Dígame, señor. ¿En qué puedo ayudarlo?
  • Si tuvieras que... celebrar el cumpleaños de una mujer joven, de unos veinte o veintiún años - Damián aclaró la garganta de forma casi imperceptible, acomodándose los puños de la camisa - ¿Qué tipo de regalo u ocasión elegirías? Algo que no involucre joyas de catálogo, ni bolsos de diseñador, ni una cena de protocolo de treinta minutos. Algo genuino.

El rostro de Gina se congeló.

Por lo general, la secretaria era una estatua de profesionalismo pero la naturaleza de la pregunta, sumada al brutal escándalo televisado del Club Eclipse que todo el país había presenciado la tarde anterior, hizo que sus barreras colapsaran. Sus cejas se elevaron al máximo y sus ojos se abrieron de par en par. La sorpresa fue tan mayúscula que abrió la boca sutilmente, conteniendo un jadeo. Su jefe, el témpano de hielo corporativo que medía la vida en márgenes de ganancia, estaba pidiendo consejos de romance juvenil a las ocho de la mañana.

Damián arqueó una ceja y una chispa de fría advertencia brilló en sus pupilas grises ante la evidente reacción de la mujer.

  • ¿Hay algún problema con mi pregunta, Gina? - preguntó con un tono peligrosamente bajo.
  • ¡No! Ninguno, señor Miller. Disculpe ,- se apresuró a decir Gina, recuperando la compostura a toda prisa y aclarando su garganta, aunque sus mejillas se tiñeron de un ligero rubor por haber sido descubierta - Es solo que... no es el tipo de memorándum que suelo procesar.

La secretaria respiró hondo, obligando a su mente a trabajar rápido. Sabía perfectamente para quién iba dirigida la consulta. Todo el equipo de la oficina había visto a la señorita Alexia Sterling reducir al CEO a una "figura paternal aburrida" en cadena nacional.

  • A esa edad, señor... las mujeres de la alta sociedad ya están saturadas de objetos materiales - respondió Gina, eligiendo sus palabras con pinzas tácticas - Un collar de diamantes o un auto deportivo se sienten como un trámite, un gasto deducible de impuestos. Si de verdad quiere captar la atención de alguien que... que parece haber tomado distancia, el secreto está en el tiempo y el detalle personal.
  • ¿El tiempo? - repitió Damián, frunciendo el ceño de forma casi imperceptible.
  • Sí, señor. Una experiencia donde usted tenga que estar presente por completo. Cancelar una junta importante para llevarla a un lugar que signifique algo para ella, o recordar un detalle trivial que mencionó hace años y convertirlo en un hecho. A los veinte años, el mayor lujo que un hombre como usted puede ofrecer no es su dinero, sino su atención exclusiva sin un temporizador al lado. Las jóvenes de hoy buscan autenticidad, no una transacción financiera envuelta en papel de Tiffany.

Damián se quedó en silencio, procesando cada palabra de su secretaria. La factura digital que había revisado de madrugada cobró un peso aún más real en su mente. Él nunca le había dado autenticidad a Alexia, le había dado transacciones.

  • Entiendo - sentenció Damián, dándole la espalda nuevamente para mirar el horizonte de la ciudad - Puede retirarse, Gina. Y que esta conversación no salga de estas cuatro paredes.
  • Por supuesto, señor Miller. Con su permiso - concluyó la secretaria, tomando su tableta y saliendo del despacho a paso rápido, conteniendo el tremendo deseo de escribirle a sus compañeras de recursos humanos para contarles que el gran depredador tecnológico finalmente estaba intentando aprender a ser humano.

En la soledad de la oficina, Damián Miller apretó los puños. Las palabras de Gina se sumaron al veneno plateado de Alexia. El CEO no sabía cómo dar autenticidad, pero su orgullo y su naciente obsesión no le permitirían rendirse. Si Alexia Sterling quería atención exclusiva, él iba a desplegar toda la maquinaria de su poder para dársela, sin sospechar que la nueva Alexia ya no estaba interesada en comprar ninguna de sus promesas.




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