EL MANOTAZO DEL DEPREDADOR
Damián Miller ingresó a su despacho corporativo como un torbellino de furia gélida, azotó la puerta de doble hoja con una violencia que hizo vibrar los cristales blindados de la oficina. Se arrancó la camisa de lino blanca, arrojándola sobre uno de los sillones de cuero y regresó a su escritorio vistiendo únicamente un pantalón oscuro, con los músculos de la espalda tensos por la humillación residual que le quemaba la piel.
Haber sido plantado en mitad del campus universitario, frente a decenas de estudiantes que presenciaron cómo Alexia lo reducía a un capricho irrelevante, había destruido los últimos vestigios de su paciencia en él.
Presionó el intercomunicador de su escritorio con un golpe seco.
Menos de dos minutos después, la pantalla holográfica de su escritorio se encendió, mostrando el rostro de su asesor financiero principal. Damián no se molestó en saludar. Su mirada gris brillaba con la peligrosidad de un depredador acorralado que decide usar toda la fuerza de su mandíbula.
Al otro lado de la línea, el asesor tragó saliva, visiblemente intimidado por la agresividad del CEO.
Damián cortó la comunicación sin esperar respuesta. Se reclinó en su silla de cuero, cerrando los ojos mientras se pasaba una mano por el rostro. Su mente, traicionera, volvió a proyectar la imagen de Alexia dándole la espalda en el campus, con su silueta perfecta alejándose de él sin un solo rastro de miedo.
El magnate tecnológico creía que, al asfixiarla económicamente, obligaría a la joven a bajarse de su pedestal de orgullo. Estaba convencido de que, cuando Alexia viera sus tarjetas rechazadas y a su padre desesperado por la bancarrota inminente, se vería obligada a llamarlo por teléfono, a arrodillarse en su oficina y a suplicar por una tregua.
Damián Miller no utilizaba este tipo de tácticas bajas en el mundo de los negocios, era un hombre de estrategias limpias pero implacables. Sin embargo, el rechazo de Alexia lo había descontrolado por completo, transformando su fría lógica empresarial en una obsesión primitiva y peligrosa. Lo que el CEO no sospechaba era que, al intentar asfixiar financieramente a la nueva Alexia, solo estaba acelerando el plan de la joven para cortar el último hilo de dependencia que la unía a su verdugo.