Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 17

EL MANOTAZO DEL DEPREDADOR

Damián Miller ingresó a su despacho corporativo como un torbellino de furia gélida, azotó la puerta de doble hoja con una violencia que hizo vibrar los cristales blindados de la oficina. Se arrancó la camisa de lino blanca, arrojándola sobre uno de los sillones de cuero y regresó a su escritorio vistiendo únicamente un pantalón oscuro, con los músculos de la espalda tensos por la humillación residual que le quemaba la piel.

Haber sido plantado en mitad del campus universitario, frente a decenas de estudiantes que presenciaron cómo Alexia lo reducía a un capricho irrelevante, había destruido los últimos vestigios de su paciencia en él.

  • ¿Llego diez años tarde? - repitió Damián entre dientes, y una risa seca y carente de humor escapó de sus labios - Ya veremos qué tan tarde es cuando no tengas un solo centavo para pagar tus malditos tacones de Versace.

Presionó el intercomunicador de su escritorio con un golpe seco.

  • Gina, comuníqueme de inmediato con el director del Banco Central de Comercio y con nuestro jefe de auditoría legal. Ahora mismo.

Menos de dos minutos después, la pantalla holográfica de su escritorio se encendió, mostrando el rostro de su asesor financiero principal. Damián no se molestó en saludar. Su mirada gris brillaba con la peligrosidad de un depredador acorralado que decide usar toda la fuerza de su mandíbula.

  • Quiero que congelen de inmediato todas las líneas de crédito y las cuentas operativas de Sterling Holdings - ordenó Damián, con una voz profunda que destilaba un veneno absoluto - Utilicen las cláusulas de incumplimiento de la alianza tecnológica que suspendí ayer tarde. Quiero una auditoría fiscal agresiva sobre los fondos personales de Arturo Sterling y de manera específica, bloqueen las tarjetas de fondos fideicomitidos de Alexia Sterling.

Al otro lado de la línea, el asesor tragó saliva, visiblemente intimidado por la agresividad del CEO.

  • Señor Miller, un movimiento de esa magnitud va a ahogar financieramente a la familia Sterling en cuestión de horas. No podrán cubrir las nóminas de sus empleados ni los gastos corrientes de la mansión. Es una declaración de quiebra forzada.
  • Eso es exactamente lo que quiero - sentenció Damián, entrelazando sus dedos sobre la mesa con una calma aterradora - Quiero que sientan el frío del vacío. Quiero que Arturo Sterling entienda el precio de criar víboras bajo su techo y quiero que Alexia descubra que el mundo real no se maneja con discursos épicos en televisión nacional ni con paseos universitarios. Se maneja con poder y el poder es mío.

Damián cortó la comunicación sin esperar respuesta. Se reclinó en su silla de cuero, cerrando los ojos mientras se pasaba una mano por el rostro. Su mente, traicionera, volvió a proyectar la imagen de Alexia dándole la espalda en el campus, con su silueta perfecta alejándose de él sin un solo rastro de miedo.

El magnate tecnológico creía que, al asfixiarla económicamente, obligaría a la joven a bajarse de su pedestal de orgullo. Estaba convencido de que, cuando Alexia viera sus tarjetas rechazadas y a su padre desesperado por la bancarrota inminente, se vería obligada a llamarlo por teléfono, a arrodillarse en su oficina y a suplicar por una tregua.

Damián Miller no utilizaba este tipo de tácticas bajas en el mundo de los negocios, era un hombre de estrategias limpias pero implacables. Sin embargo, el rechazo de Alexia lo había descontrolado por completo, transformando su fría lógica empresarial en una obsesión primitiva y peligrosa. Lo que el CEO no sospechaba era que, al intentar asfixiar financieramente a la nueva Alexia, solo estaba acelerando el plan de la joven para cortar el último hilo de dependencia que la unía a su verdugo.




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