Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 18

EL PRECIO DEL DERRUMBE

El ambiente en el gran salón de la mansión Sterling era de un pánico absoluto, Arturo Sterling caminaba de un lado a otro, con el rostro desencajado y la respiración entrecortada, sosteniendo un fajo de notificaciones bancarias impresas a toda prisa. Las pantallas de sus teléfonos no paraban de parpadear con alertas rojas de fondos congelados y líneas de crédito revocadas.

A su lado, Priscilla avivaba el fuego con lágrimas de cocodrilo y una voz cargada de una falsa desesperación que solo buscaba salvar su propio pellejo.

  • ¡Te lo dije, papá! ¡Te lo advertí! - exclamó Priscilla, tapándose la boca con dramatismo - La soberbia de Alexia en el Club Eclipse nos ha destruido. Damián Miller no es un hombre que perdone que jueguen con su orgullo. ¡Ese discurso ridículo de la "figura paternal" nos ha costado el patrimonio de toda la vida! Tienes que hacer algo antes de que las acciones caigan a cero mañana por la mañana.

La puerta principal del salón se abrió y Alexia ingresó con una parsimonia que contrastaba violentamente con el caos del lugar. Llevaba su computadora portátil bajo el brazo y una expresión de absoluta indiferencia en el rostro. Sabía exactamente lo que se encontraría, el manotazo financiero de Damián era un movimiento que ya había previsto basándose en la naturaleza posesiva y controladora del magnate.

Al verla entrar tan calmada, Arturo estalló. La vena de su frente se inflamó, inyectada en una furia ciega y arrojó los papeles sobre la mesa de centro con un golpe seco.

  • ¡¿Cómo puedes tener esa cara de tranquilidad?! - rugió Arturo, gritándole a Alexia a pleno pulmón - ¡Damián Miller acaba de congelar cada maldita cuenta operativa de Sterling Holdings! ¡No tenemos fondos ni para pagar la nómina de esta quincena! Las tarjetas de la familia están bloqueadas. ¡Nos ha declarado la quiebra forzada por tu culpa, por tus delirios de grandeza en la televisión!

Alexia se detuvo en mitad del salón, cruzándose de brazos sin que un solo músculo de su rostro flaqueara ante los gritos de su padre. Priscilla, oculta detrás del hombro de Arturo, le dirigió una mirada de triunfo y desprecio, convencida de que finalmente la vería caer.

  • El CEO Miller es un hombre de negocios, papá. Simplemente está usando su poder financiero como un berrinche porque ya no tiene mi atención - respondió Alexia con una voz plana, helada y desprovista de cualquier asomo de culpa.
  • ¡No me interesan sus berrinches ni tu arrogancia! - interrumpió Arturo, dando un paso amenazante hacia ella y señalando la puerta con el dedo tembloroso - Vas a subirte a tu auto ahora mismo. Vas a ir a las oficinas de Industrias Miller, te vas a arrodillar ante Damián si es necesario y vas a suplicarle que desbloquee nuestras cuentas. Vas a retractarte de cada palabra que dijiste en ese club. ¡Le vas a prometer lo que él quiera con tal de salvar esta familia! ¡Es una orden, Alexia!

Alexia miró a su padre. Por un segundo, la imagen del anciano furioso se mezcló con los recuerdos de su vida pasada, cuando él mismo la había entregado a Damián sin hacer preguntas, ignorando sus súplicas de auxilio durante diez años con tal de mantener las apariencias y las acciones de la empresa a flote. Arturo Sterling nunca había sido un padre, era un comerciante que veía a sus hijas como activos negociables.

Una sonrisa gélida y enigmática dibujó los labios de Alexia. Guardó silencio, clavando sus ojos oscuros en una Priscilla que saboreaba la aparente sumisión de su hermana.

  • Está bien - sentenció Alexia, dando la vuelta hacia la salida - Iré a ver a Damián Miller.

Arturo respiró con un alivio amargo, creyendo que su autoridad había funcionado. Priscilla sonrió, imaginando la humillación de Alexia rogando en el despacho del magnate. Lo que ninguno de los dos sospechaba era que Alexia no iba a suplicar por el dinero de la familia, iba a usar la desesperación de Damián y la asfixia financiera de su padre como la coartada perfecta para ejecutar su golpe maestro y desaparecer legalmente del mapa familiar para siempre.




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