EL DIAGNÓSTICO DEL INFIERNO
Damián colocó el cuerpo inerte de Alexia sobre el diván de cuero de su oficina privada con una delicadeza que no sabía que poseía. Le retiró con cuidado las gafas de sol, revelando los párpados hinchados y la palidez extrema de sus facciones. El temblor en las manos de la joven había disminuido visiblemente pero su respiración seguía siendo un hilo débil e irregular.
Sin perder un segundo, Damián caminó hacia su escritorio y marcó una línea privada.
Diez minutos después, el médico de confianza de la familia Miller, un hombre de avanzada edad y discreción intachable, ingresaba al despacho. Mendoza se acercó al diván y comenzó a revisar las constantes vitales de Alexia. Tomó su pulso, revisó sus pupilas con una linterna médica y midió su presión arterial, mientras Damián observaba la escena de pie, con los brazos cruzados y la mandíbula rígida como el acero.
Tras unos minutos de tenso silencio, el médico se enderezó, guardando su estetoscopio con una expresión de profunda preocupación en el rostro.
Damián frunció el ceño, y sus ojos grises se entrecerraron con genuino desconcierto.
El despacho se sumió en un silencio glacial.
Cada una de las palabras del médico cayeron como un mazo sobre el calculador cerebro del CEO.
"Cautiverio".
"Tortura".
"Verdugo".
Damián miró el rostro pacífico de Alexia en el diván. Su mente, usualmente lógica, empezó a conectar las piezas de una forma completamente diferente. Recordó la fría madurez con la que ella lo había rechazado, la forma en que ahora cuidaba la distancia física con él en público, el recuerdo en la universidad volvió a su mente pero sobretodo el pánico absoluto que mostró en el vestíbulo al sentir sus manos sobre ella.
"Algo muy malo está ocurriendo en la mansión Sterling" pensó Damián, y una furia posesiva y protectora comenzó a hervirle en la sangre.
Estaba convencido de que Arturo o Priscilla habían cruzado una línea imperdonable en la privacidad de su hogar. Creía que la supuesta pobre media hermana huérfana y el ambicioso patriarca habían sometido a Alexia a algún tipo de encierro o maltrato secreto para quebrarle el espíritu y que esa era la verdadera razón por la que la joven había despertado de golpe a la realidad, renunciando a su amor por él para proteger su propia vida.
Una vez que el médico abandonó el lugar, Damián se acercó al diván y se sentó en el borde, observando las sutiles pestañas de Alexia. Su confusión inicial se había transformado en una obsesión indomable. Si la familia Sterling creía que podía destruir la cordura de la mujer que le pertenecía por derecho de devoción, iban a descubrir el verdadero significado de la ruina. Damián Miller iba a investigar cada rincón de esa mansión, cada registro médico y cada secreto del pasado de Alexia, sin sospechar que el monstruo al que tanto buscaba no estaba en la casa de los Sterling... sino reflejado en su propio espejo.