Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 22

LA CEGUERA DEL CAZADOR

El murmullo del aire acondicionado central fue lo primero que devolvió a Alexia a la realidad. Abrió los ojos lentamente, encontrándose con el imponente techo artesonado y las maderas nobles que solo podían pertenecer al despacho principal de Industrias Miller. El pánico ciego que la había asfixiado en el vestíbulo había retrocedido, dejando en su lugar una pesadez amarga en los músculos y una claridad mental fría como la escarcha, tomo un respiro profundo enterrando ese miedo visceral que la había dominado horas antes

Al intentar incorporarse sobre el diván de cuero, descubrió que una manta oscura la cubría y que a escasos centímetros, Damián Miller la observaba.

El magnate estaba sentado en una silla de diseño, inclinado hacia el frente con los codos apoyados en las rodillas. Su saco seguía desabotonado y sus ojos grises, fijos en ella, brillaban con una intensidad sombría, cargada de una preocupación genuina que jamás había mostrado en su existencia anterior.

  • No te muevas - ordenó Damián, y su voz profunda sonó inusualmente suave, desprovista de las habituales exigencias ejecutivas - El médico dijo que sufriste un colapso severo.

Alexia ignoró la advertencia. Se sentó en el borde del diván con movimientos pausados, apartando la manta con un desprecio sutil que no se molesto en ocultar. Se pasó una mano por el cabello, acomodándolo detrás de la oreja, y miró al CEO con una ceja arqueada.

  • ¿Un médico, Miller? ¿Llamaste a un médico? Vaya, de verdad te asusté - respondió ella, y aunque su voz aún arrastraba el cansancio de la crisis, sonó firme y burlona - No debiste molestarte. Estoy perfectamente bien.
  • No estás perfectamente, Alexia - la interrumpió Damián, poniéndose de pie de golpe. Su imponente silueta cortó la luz del ventanal mientras daba un paso hacia ella, con la mandíbula tensa - Sé lo que te pasó abajo. El doctor Mendoza me dio tu diagnóstico. Tienes un trastorno de estrés postraumático severo, tu cuerpo reaccionó como si entraras a una celda de castigo.

Alexia se tensó por una fracción de segundos cuando los recuerdos de su vida pasada amenazaron con volver pero está vez estaba decidida a no darle nuevamente el poder de su fragilidad al hombre que la había destruido y se obligó a recuperar la compostura de inmediato.

Sus palabras le causaron gracia, y tuvo que reprimir una carcajada, él había reducido su trauma a una ironía trágica y casi divertida "Una celda de castigo" . Qué precisión la del médico, sin saber que describía exactamente el sótano donde este mismo hombre la dejaría agonizar bajo torturas sistemáticas años más tarde.

Damián se inclinó hacia ella y la preocupación en sus facciones se transformó en una furia protectora y peligrosa.

  • Quiero que me digas la verdad ahora mismo - exigió, y sus ojos grises destilaron una sed de venganza que ella jamás había visto - ¿Qué te hicieron, Alexia? ¿Qué ocurrió en esa mansión? ¿Qué clase de monstruosidad cometieron Arturo o Priscilla a tus espaldas para dejarte en ese estado? Dime qué te hicieron en esa casa y te juro que los destruiré antes de que caiga la noche.

Alexia se quedó mirándolo en silencio. Contempló la indignación sincera de Damián, su deseo ciego de castigar a los culpables y su absoluta convicción de que la maldad provenía exclusivamente de la mansión Sterling.

Entonces, no pudo contenerlo más. Una carcajada limpia, amarga y demoledora escapó de sus labios, resonando en las cuatro paredes del suntuoso despacho. Se rió con tantas ganas que Damián retrocedió un paso, completamente desconcertado y ofendido por su reacción.

  • ¿Qué es tan divertido? - siseó el magnate, sintiendo que su orgullo volvía a ser pisoteado.
  • Tú, Damián. Tú eres lo más divertido de este mundo - dijo Alexia, enjugándose una lágrima de risa imaginaria con la punta del dedo - Buscas monstruos en el lugar equivocado, qué increíble es tu ceguera. De verdad crees que la red de mentiras solo se teje bajo el techo de mi padre.
  • ¡Te dio un ataque de pánico al tocarte! ¡Mencionaste que no te encerraran a oscuras! - rugió Damián, perdiendo los papeles por completo ante su cinismo y tratando por todos los medios de saber de qué demonios estaba hablando - ¡Exijo saber quién te hizo caer en ese estado, quienes te hicieron eso, Alexia! ¡Dímelo!

Alexia se puso de pie, alisando los pliegues de su vestido de Versace con una elegancia que lo hizo callar por el puro magnetismo de su presencia. Caminó hasta quedar a centímetros de él, obligándolo a sostener una mirada que ya no reflejaba a la niña de cinco años que lo idolatraba, sino a la mujer que había regresado del mismísimo infierno.

  • No te preocupes por mi alma, CEO Miller. Ya no importa el pasado - sentenció ella, y su sonrisa se volvió tan gélida que Damián sintió un escalofrío real - Quienquiera que haya sido mi verdugo, cometió el grave error de no asegurarse de que me quedara bajo tierra porque gracias a ese encierro, gracias a esa oscuridad que me devoró el alma y a cada una de las cicatrices que mi memoria registra... hoy estoy de pie aquí, frente a ti, completamente libre de tu control y el de cualquiera que quiera volverme a poner un collar para encadenarme.

Damián abrió la boca para exigir respuestas, desconcertado por el enigma de sus palabras, pero Alexia levantó una mano, cortando sus intenciones en seco y cambiando el tono de la conversación a uno puramente corporativo.

  • Pero no vine a este edificio a hablar de mi salud ni de fantasmas y menos de traumas postraumáticos - continuó ella, y sus ojos oscuros se clavaron en él con una lucidez mercantil implacable - Vine a hablar de la patética maniobra financiera que hiciste esta tarde al bloquear las cuentas operativas de mi familia. Fui muy clara contigo en el campus, esto es entre tú y yo, Damián. Así que dime de una vez de manera directa y sin rodeos... ¿Qué me costará que levantes ese veto? ¿Cuál es tu precio?




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