Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 23

LA MONEDA DE LA AUTENTICIDAD

Damián Miller se quedó inmóvil frente a ella, asimilando el tono transaccional y helado con el que acababa de tasarlo. La pregunta de Alexia, "¿Cuál es tu precio?", resonaba en las paredes de caoba como una bofetada a su orgullo. Él había congelado las cuentas de los Sterling para verla doblarse, para obligarla a necesitarlo como antes pero tenerla enfrente tratándolo como a un simple obstáculo financiero que se podía comprar lo hacía sentir peligrosamente desarmado.

El CEO dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que el aroma a sándalo de su piel volvió a rodearla. Sus ojos grises, fijos en la mirada imperturbable de Alexia, perdieron por completo la frialdad corporativa, sustituida por una fijeza ardiente y posesiva.

  • ¿Quieres saber mi precio, Alexia? - preguntó Damián, y su voz bajó a un registro ronco, denso, que vibró en el aire del despacho mientras invadia peligrosamente su espacio personal - No me interesan las acciones de tu padre, ni comunicados públicos, ni contratos de sumisión. Mi precio es el tiempo que te negaste a pasar conmigo esta mañana en el campus.

Alexia arqueó una ceja, sin moverse un solo milímetro.

  • Sé más específico, Miller. No tengo todo el día para tus acertijos - replicó con una calma viperina que no delataba su desconcierto por el camino que el esta llevando la negociación.
  • Quiero esa salida contigo - sentenció Damián, clavando sus pupilas en las de ella con una intensidad que pretendía derribar su armadura - Quiero que aceptes no pasar un día entero conmigo, ahora quiero que pases todo el fin de semana. Desde el amanecer del viernes hasta que caiga la noche el domingo y no te excusas en tus clases porque conozco perfectamente tu horario. Mi precio es tú y yo, solos, en el velero pero con una condición irrevocable sin máscaras, sin este hielo con el que te vistes ahora y sin los muros que levantaste desde que saliste de mi penthouse. Quiero que seas la Alexia de siempre.

"Quiero que seas la Alexia de siempre".

Al escuchar esa frase, un eco amargo y punzante golpeó las costillas de Alexia. El magnate tecnológico pedía de forma indirecta, a la niña ingenua que lo idolatraba desde los cinco años, estaba pidiendo a la mujer que se desvivía por una mirada suya, la que soportaba sus desprecios y la que en la otra línea temporal, terminó encerrada en un sótano por el pecado de amarlo demasiado. Damián Miller estaba negociando la supervivencia financiera de la familia Sterling a cambio de un fantasma que él mismo se había encargado de asesinar en otra línea temporal.

Una sonrisa ladina, cargada de una ironía devastadora que Damián no logró comprender, dibujó los labios de la joven.

  • Un fin de semana entero a cambio de la libertad financiera de Sterling Holdings - resumió Alexia en un susurro calculador, como quien evalúa un trato sumamente barato - Vaya, Damián. Pensé que tus minutos cotizaban más alto en el mercado.
  • ¿Aceptas o no? - exigió él, con la mandíbula tensa, ignorando el veneno de sus palabras porque la sola perspectiva de tenerla cautiva de su presencia durante setenta y dos horas hacía que su corazón golpeara con fuerza.

Alexia estiró la mano, tomó su computadora portátil del escritorio y caminó hacia la puerta de doble hoja del despacho ejecutivo. Antes de tomar el pomo de la puerta se giró levemente, permitiendo que la luz de la tarde hiciera brillar el tejido de su vestido.

  • Prepara el velero, Miller - sentenció Alexia con una voz plana y misteriosa - Tendrás tu fin de semana pero ten mucho cuidado con lo que deseas. A veces, cuando quitas las máscaras y derribas los muros de un edificio en ruinas, lo único que encuentras dentro son los monstruos que tú mismo ayudaste a crear. Envíame la hora de salida a mi teléfono.

Las puertas se deslizaron con un siseo dejando a Damián Miller a solas en la inmensidad de su oficina. El magnate soltó el aire que no sabía que contenía, con el pecho agitado y una extraña victoria amarga entre las manos. Había conseguido su precio, tendría a Alexia para él no solo durante un día entero como había previsto antes la tendría a su merced todo el fin de semana, a solas para él únicamente. Sin embargo, la inquietante frialdad de su respuesta dejó en el aire una advertencia implícita, la cita no prometía el regreso de la niña sumisa que él recordaba, sino el inicio de un juego psicológico donde el cazador estaba a punto de descubrir el verdadero peso de su propia ceguera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.