Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 25

EL RETORNO DE LOS FANTASMAS

El Aethelgard se adentró en el mar abierto, cortando las olas con una precisión quirúrgica. La neblina de la mañana comenzaba a disiparse bajo el sol abrasador, tiñendo el agua de un azul profundo y cristalino. Con las velas desplegadas al máximo, el viento soplaba con fuerza, arrastrando el aroma a salitre y el persistente sándalo del perfume de Damián.

Damián aseguró el timón en el piloto automático y caminó con paso lento hacia la popa. Se paro a pocos centímetros de Alexia, invadiendo su espacio personal con una deliberada lentitud. La brisa marina agitaba algunos mechones sueltos de la coleta de la joven, y la luz solar hacía que la tela blanca de su enterizo se adosara a sus caderas, delineando su silueta con una provocación involuntaria.

El CEO se inclinó hacia ella, personalizando el espacio, permitiendo que su respiración rozara el lóbulo de su oreja. Quería romper el hielo de sus ojos quería recuperar la reacción física elemental que provocaba cada uno de sus encuentros, quería eso había presenciado en su cama.

  • Puedes fingir todo el desapego que quieras ante la prensa, Alexia - susurró Damián, y su voz profunda adoptó un tono ronco, cargado de una sensualidad oscura y posesiva - Pero tú y yo sabemos lo que paso en mi penthouse, recuerdo perfectamente cómo temblabas entre mis sábanas, recuerdoq tu piel bajo ese vestido rojo y cómo tu respiración se aceleraba cada vez que daba un paso hacia ti. Tu cuerpo no me miraba como a una figura paternal, nena, tú cuerpo me deseaba tanto como siempre.

Damián extendió una mano grande, con la intención de deslizar las yemas de sus dedos por la línea expuesta de su hombro halter, esperando el estremecimiento, la chispa de sumisión o el sonrojo que confirmara su dominio.

Sin embargo, la mano de Damián se congeló en el aire antes de tocarla. Alexia giró la cabeza despacio, mirándolo de frente, no se encogió, no se apartó ni mostró un solo ápice de la agitación física que él buscaba provocar. En su lugar, le dedicó una sonrisa cargada de una lástima tan fría y devastadora que el pulso del magnate se detuvo por completo.

  • Tienes una memoria muy selectiva, Damián - respondió Alexia con una calma espeluznante - Pero si de verdad quieres hablar de mujeres que tiemblan en tus sábanas y de anillos de compromiso... deberíamos cambiar el nombre de la conversación. Deberíamos hablar de Angels Rose.

Damián se tensó tanto que pareció convertirse en piedra. Sus ojos grises se abrieron con un shock absoluto y el color se drenó de su rostro en un solo segundo.

Angels Rose. Para el ojo público y la alta sociedad, ella y Damián eran simplemente amigos muy cercanos, un vínculo impecable de élite. Nadie sabía que detrás de las puertas cerradas y las sombras ambos mantenían un apasionado romance secreto y se entendían a escondidas. En este preciso momento, Angels se encontraba fuera del país en un largo viaje de negocios, una coartada perfecta que mantenía el secreto a salvo de chismes. Damián jamás le había mencionado a Alexia una sola palabra sobre la verdadera naturaleza de su relación con Angels.

  • ¿Cómo... cómo sabes ese nombre en ese tono? - exigió Damián, y su voz ya no tenía rastro de sensualidad era un gruñido ronco, tenso y defensivo.
  • Sé mucho más de lo que imaginas, Damián -continuó Alexia, disfrutando de la absoluta vulnerabilidad del hombre que alguna vez la destruyó- Sé que mantienes las apariencias frente al mundo, sé lo mucho que la extrañas mientras ella supuestamente atiende sus negocios en el extranjero y sé, con una precisión milimétrica, que muy pronto volverá a la ciudad.

Alexia se inclinó hacia él, invadiendo ahora ella su espacio, transformándose en el depredador psicológico de la escena. Sus ojos oscuros brillaron con el conocimiento de un futuro que ya había vivido.

  • Así que guarda tus discursos de seducción para ella - sentenció en un susurro demoledor - De hecho, cuando regrese de su viaje de negocios, deberías formalizar lo que tanto escondes, deberías ir al despacho de tu penthouse, abrir la caja fuerte empotrada detrás del cuadro de la marina holandesa, marcar la clave de seguridad de seis dígitos que tanto cuidas... y entregarle el anillo de diamantes con corte esmeralda que compraste en París y que guardas allí en su estuche de terciopelo azul.

Damián dio un paso atrás, trastabillando levemente sobre la cubierta del velero. El sudor frío le perló la frente. La revelación lo golpeó con la fuerza de un camión a toda velocidad. Nadie en el mundo, ni su secretaria Gina o su equipo de seguridad, sabía del romance oculto con Angels ni de la existencia de ese anillo en la caja fuerte de su recámara. Nadie conocía la ubicación exacta ni el diseño de la joya que había comprado en secreto en Europa.

¿Cómo podía Alexia Sterling tener esa información? Era imposible, era una locura.

  • Tú... ¿quién demonios te dio eso? ¿Mandaste a hackear mi seguridad privada? ¿Espiaste mis movimientos en Francia? - rugió Damián, perdiendo por completo la compostura ejecutiva, devorado por una confusión salvaje y un miedo primitivo ante la mujer que tenía enfrente.

Alexia se colocó las gafas de sol doradas nuevamente, recostándose en el asiento de piel con una elegancia suprema, mientras contemplaba el horizonte del océano.

  • Te lo dije ayer en tu oficina, Miller: buscas monstruos e intrigas en el lugar equivocado - concluyó con una voz plana - El universo tiene formas muy interesantes de cobrar las facturas del pasado. Ahora, levanta el veto financiero de mi padre, ya cumplí a cabalidad con mi primera hora de entretenimiento a bordo y no pienso saltar en mar abierto para escapar.

Damián Miller se quedó de pie en mitad de la cubierta del Aethelgard, con el viento azotándole el rostro y el orgullo hecho pedazos. Miró a la joven del enterizo blanco como si estuviera viendo a una extraña peligrosa, a una mujer que acababa de saquear los secretos más oscuros de su mente. La atracción física que sentía por ella se mezcló en ese instante con un pánico psicológico indomable, Alexia no solo había roto sus cadenas acababa de demostrarle que poseía las llaves de su propio infierno y la obsesión del CEO acababa de mutar en una desesperada necesidad de descubrir la verdad antes de que ella lo destruyera por completo.




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