LA DOBLE AGONÍA DEL DESEO
Tras el almuerzo, Damián ordenó trasladar la comodidad a una zona privada de la playa, donde dos exclusivas tumbonas de madera balinesa aguardaban bajo la sombra intermitente de las palmeras. El sol del mediodía continuaba implacable, invitando al letargo, pero el magnate no tenía intenciones de descansar. Se despojó de la camisa, exhibiendo un torso esculpido y bronceado que conservaba algunas gotas de agua salada y se dispuso a tomar el sol, obligando a Alexia a permanecer a su lado.
El bombardeo de atenciones subidas de tono comenzó casi de inmediato, Damián no buscaba sutilezas buscaba una grieta en la armadura de la joven. Con una deliberada lentitud, despojo a Alexia del vestido dejándola en el traje de baño de dos piezas, tomó un frasco de aceite bronceador con aroma a coco y almendras, vertiendo una cantidad generosa sobre sus palmas antes de deslizarlas, sin pedir permiso, por las piernas expuestas de Alexia.
El toque provocó una descarga eléctrica inmediata. Dentro de Alexia, se desató una tormenta invisible y devastadora. En ese preciso instante, dos fuerzas colosales chocaron dentro de su mente. Por un lado, la Alexia original de esta línea temporal, una joven que adoraba ciegamente a Damián, que se desvivía por una sola de sus miradas y cuyo cuerpo respondía con un anhelo primitivo e incontrolable a la calidez de sus manos sobre su piel. Esa versión de sí misma gritaba por ceder, por perderse en el sándalo de su perfume y en la falsa seguridad de sus brazos.
Por otro lado, la Alexia de la otra línea de tiempo, la conciencia que ahora habitaba ese cuerpo, recordaba con una claridad milimétrica el frío de la traición, el desprecio de sus palabras y la forma en que él la había destruido sistemáticamente. Esos recuerdos actuaban como un balde de agua helada, congelando la sangre en sus venas y recordándole que cada caricia de Damián era un movimiento calculado en un tablero de ajedrez.
Damián, notando la sutil rigidez de sus músculos pero también el pulso acelerado en su cuello, se inclinó más. Deslizó sus dedos por la cintura de ella, rozando deliberadamente el borde de su traje de baño, buscando que reaccionara, que gritara, que lo besara o lo apartara con furia. Cualquier cosa era mejor que esa indiferencia sepulcral.
Alexia respiró hondo, obligando a la fría madurez de sus recuerdos a someter los impulsos enamorados de su propia juventud. Con una lentitud exasperante para el hombre, le puso una mano en el pecho desnudo, no para acariciarlo, sino para detener su avance con una firmeza implacable. Miró esos ojos grises que tanto la habían hecho llorar y con una voz que no tembló un solo segundo, sentenció:ñ.
NO OLVIDES SEGUIRME, ✔️, TU APOYO ME AYUDA A SEGUIR 📝