Leave The City

Capítulo 4. Una nueva amiga

Yasu se dirigía a su salón de clases, cuando notó que alumnos, de distintos grados, se aglomeraban en el muro de anuncios que se encontraba al fondo del pasillo. No le interesó el motivo, a lo mejor era la convocatoria de alguna beca o habría una fiesta clandestina en la zona industrial, por lo que entró a su aula. Se dirigió a su escritorio, en él se encontraba una hoja y la tomó con temor a que fuera un ataque hacía ella. Sintió un gran alivio cuando vio una foto de una chica, pero ese alivio se transformó en pena cuando se dio cuenta que estaba semidesnuda.

— Miren a la rarita ya se le antojo. Yasu, eso está mal... a la pobre chica se le filtraron sus fotos y tu pensando en manosearte —. Escuchó la voz cruel de Violeta antes de que chocara con ella y la hiciera trastabillar. Yasu se limitó a sentarse y esperar a que llegara Ethan o su profesor.

El día pasó como casi siempre. Ethan no llegó a la escuela, los profesores iban y venían de acuerdo con el horario establecido, Violeta y sus amigos no hicieron comentarios maliciosos hacia Yasu, a causa del reciente incidente de la chica. El alivio que la hacía sentirse mal se volvió a instalar en su organismo. El timbre sonó y los alumnos se retiraron. Yasu fue la primera en salir y se dirigió al baño.

Los gritos de una chica salieron del baño de mujeres. Yasu se cuestionó en sí actuar de manera egoísta, dar media vuelta y huir de ahí, o ayudar a la desconocida. Yasu buscó en su mochila algo con el cual defenderse. Encontró un exacto y entró al baño. Se encontró con un chico sujetando a una chica, mientras que otro le intentaba cortar con una navaja. La chica lanzaba patadas al aire, intentando liberarse.

— ¿Qué están haciendo? —. Yasu sujetó más fuerte su exacto y le puso el seguro. — ¡Déjenla! — gritó inútilmente. Ella sabía que no iban a soltar a la chica tan fácil y se sintió un poco tonta.

— Mira que hay aquí —. El de la navaja se acercó a Yasu. Le pasó el frío metal por el rostro. En un arranque de adrenalina, Yasu pasó el exacto por el brazo del atacante e inmediatamente comenzó a salir sangre. — ¡Qué mierda te pasa! — soltó el tipo acompañado con un gritó de dolor que sobresaltó a su acompañante. Este aflojó el agarre contra la chica, la cual logró atinar un codazo en su rostro y se alejó de su opresor.

Todo había sucedido tan rápido. Yasu se hallaba en estado de trance cuando la desconocida la tomó del brazo y huyeron de aquel baño. Las chicas corrieron por tres calles para asegurarse que nadie las estuviera siguiendo. Se detuvieron para tomar aire en un pequeño local de abarrotes. Se encontraban a pocas calles de la estación de tren.

— Muchas gracias — murmuró la desconocida con la voz entrecortada. Yasu asintió, aunque ella no la viera. La chica se encontraba encorvada con las manos sobre las rodillas y el rostro oculto por el cabello negro con mechones verdes.

— ¿Por qué... — comenzó Yasu ya recuperada. Quería saber por qué esos chicos le intentaban hacer daño, pero no creía que fuera un buen momento para preguntar. La chica se incorporó y Yasu pudo conocer su rostro. Era la chica de la foto de esa mañana. Ahora tenía moretones en sus brazos y el delineador corrido, seguramente por haber llorado, pero era ella.

— Supongo que ya has de saber quién soy. En menos de veinticuatro horas me volví la más popular del colegio. Creo que esa maldita foto dio a entender que soy una fácil y algunos fueron por su parte del pastel. Al ver que no soy como pensaron que era, recurrieron a la fuerza.

— Lo siento. Debe ser difícil que te suceda algo así. ¿Cuál es tu nombre? Yo me llamo Yasu —. Le sonrió a la chica para que se sintiera segura.

— Soy Alysson... — dijo. Al cabo de unos segundos agregó sobresaltada: — Dios, ¿qué les diré a mis papás? Se van a decepcionar de mí —. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro. Yasu no supo que hacer, por lo que se quedó unos instantes observando a la chica.

— Tranquila. Yo te ayudo a pensar en una solución, pero antes tienes que limpiarte. Si quieres podemos ir a mi casa — dijo por fin. Alysson asintió. Después se dirigieron a la estación del metro de Isema.

— Vamos a tardar media hora en llegar. Lamento volver al tema, pero ¿sabes quién pudo haber filtrado la foto? Tal vez podemos denunciarlo a las autoridades.

— Supongo que mi novio... bueno, mi exnovio —. Yasu asintió con impotencia. No estaba segura como se actuaba en esos casos.

Llegaron a la casa de Yasu. Su madre estaba trabajando y su hermano se encontraba en la escuela. Las chicas se dirigieron a la habitación de Yasu. La anfitriona quitó unas cosas de su cama para que su nueva amiga se pudiera sentar.

— Perdón por el desorden. Si quieres darte un baño, no hay problema. Te puedo prestar ropa —. Yasu buscó algo en su armario que pudiera quedarle a Alysson.

— Gracias, así estoy bien.

— ¿Segura? — Alysson asintió. — Está bien, pero hay que curar esos rasguños. Con un poco de alcohol van a estar bien —. Yasu buscó un algodón y lo mojó con un poco del líquido que estaba en una botella azul. Se lo pasó a Alysson y ella empezó a limpiarse las heridas. Hizo una mueca de dolor, pero nada de qué preocuparse.

— Yasu... ¿Me puedes prestar una playera limpia? — Murmuró Alysson cuando terminó de limpiarse.

— Claro. Tengo estas, escoge la que quieras. El baño está enfrente. Yo voy a estar en la cocina por cualquier cosa. Alysson tomó una playera totalmente negra y se dirigió al baño. El espacio era pequeño, lo suficientemente grande para la regadera, la taza de baño y un lavamanos. La estancia olía a lavanda. Alysson se lavó las manos desesperadamente, como si esa acción borrara las últimas veinticuatro horas, borrara la foto y borrara el día en el que conoció a ese chico. Al salir del cuarto, la playera se encontraba arrugada donde se secó las manos y las mismas olían a manzana verde. Después se encontró con Yasu en la cocina.



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En el texto hay: novelaligera, urbanfantasy, lgbt+

Editado: 28.05.2024

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