Lefebvre

Capítulo 3

Las palabras de Gala seguían dándole vueltas, pero era el recuerdo de aquel chico lo que realmente la mantenía alerta. Tres enemigas declaradas en menos de un día y una presencia que no sabía cómo clasificar.

«Este colegio sí que es un paraíso», se dijo con amarga ironía mientras fingía concentrarse en sus apuntes.

Le resultaba fascinante, de una forma retorcida, cómo aquellas chicas creían que el grosor de su billetera les otorgaba el derecho de tratar a los demás como basura. Por lo visto, a muchas el dinero les terminaba pudriendo el alma y el corazón mucho antes de llegar a la mayoría de edad.

—Disculpe que la interrumpa, profesora.

La voz profunda del director en el umbral de la puerta sacó a Aitana de sus cavilaciones.

—No hay problema, director. Adelante —respondió la maestra, dejando la tiza a un lado.

—Chicos, quiero que le den la bienvenida a dos nuevas compañeras: Paula y Laia. Pasen, por favor —les pidió el director con un gesto amable.

Dos jóvenes entraron al salón bajo el escrutinio silencioso de toda la clase.

—Pueden presentarse, chicas —solicitó la profesora.

—Hola, yo soy Laia Cano.

—Hola, mi nombre es Paula Vidal.

—Las dejo en sus manos, profesora —concluyó el director antes de retirarse, cerrando la puerta tras de sí.

—Parece que la escuela está bajando sus estándares para admitir alumnos este año —susurró Chlóe con un veneno que se escuchó hasta las últimas filas.

—¿Dijiste algo, Chlóe? —La profesora la observó por encima de sus gafas con una advertencia implícita.

—Nada, madame —respondió la rubia, fingiendo una sonrisa inocente.

—Bien. Chicas, pueden sentarse detrás de sus compañeras —indicó la maestra, señalando los pupitres vacíos justo detrás de Aitana y Gala.

Ian y Bahir no perdían detalle del movimiento de las recién llegadas. Sus miradas, cargadas de una curiosidad evidente, no pasaron desapercibidas para Dean, quien arqueó una ceja al notar el repentino interés de sus amigos. Las reglas en el Lefebvre estaban a punto de cambiar, y ellos estaban en primera fila para el espectáculo.

—Parece que los chicos no pueden apartar los ojos de las dos nuevas —comentó Dean en un susurro, lo suficientemente bajo para que solo Rhys lo escuchara.

—Tú tampoco te quedas atrás; no has dejado de observar a la nueva en toda la clase —recalcó Rhys con una sonrisa de suficiencia.

—Guarda silencio, amigo —masculló Dean, aunque sabía que tenía razón.

—¡Todos, presten atención! —intervino la profesora, golpeando ligeramente el escritorio para recuperar el control—. Como este año se han unido varios alumnos nuevos a nuestra clase, asignaré un trabajo especial para la próxima semana.

—Imagino que será en grupo, madame —aventuró uno de los chicos desde el fondo.

—Así es. Deberán trabajar en parejas. Mi objetivo es que se conozcan entre ustedes. Tendrán que realizar un ensayo individual donde expresen su opinión sobre su compañero, y otro en conjunto sobre un tema que a ambos les interese.

—¿Podemos elegir nosotros a nuestra pareja? —preguntó Chlóe de inmediato, con la voz cargada de una esperanza mal disimulada.

Al escucharla, Dean dejó escapar un suspiro de resignación. Sabía perfectamente que, si la respuesta era afirmativa, ella se lanzaría sobre él como un halcón. Chlóe era como su propia sombra: persistente, asfixiante y siempre pegada a sus talones.

—No. En esta ocasión, seré yo quien asigne los equipos.

La negativa de la profesora le sentó a Chlóe como una patada en el estómago. Para Dean, en cambio, fue un alivio inmediato; en ese momento, prefería trabajar con cualquier persona antes que con ella.

—No te estreses, amiga. De seguro la profesora los elige a ti y a Dean para hacer equipo —la animó Maia en un susurro.

Eso esperaba Chlóe, porque de lo contrario, su humor se volvería volcánico. Mientras la maestra revisaba su lista para asignar los grupos, Laia y Paula aprovecharon el murmullo general para hablar con las chicas de adelante.

—Así que tú también eres nueva —comentó Paula, y Aitana asintió con una sonrisa reservada.

—Espero que podamos ser amigas, chicas —expresó Laia con naturalidad. Ella y Paula eran primas y siempre iban a todas partes juntas.

—Nos encantaría —intervino Gala, visiblemente emocionada. Era la primera vez en años que sentía que encajaba en algún sitio.

—Veamos con qué sorpresas nos sale la maestra ahora —murmuró Bahir, recostándose en su asiento.

—Mientras no me toque con una acosadora, todo está bien —suspiró Ian, echándole una mirada de reojo a las chicas que no dejaban de observarlo.

—A mí no me importa quién sea mi compañero, con tal de que no sea Chlóe —añadió Dean.

—Bien dicho, amigo —coincidió Rhys, quien también rogaba internamente para que no lo emparejaran con su propia hermana.

—Rhys —lo llamó la profesora de repente.




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