Lefebvre

Capítulo 21

Los fuegos artificiales ya se habían apagado en el cielo cuando Dean, sin soltar a Aitana, acercó de nuevo el rostro al de ella. Nada más ver cómo su sobrino político acercaba el rostro al de su hija, Orson corrió las cortinas. Aún no estaba preparado para ver a su hija y a su novio besándose.

—Veo que alguien no está listo para aceptar que su hija ya creció —dijo Olalla a su lado.

—Madre, estoy seguro de que ningún padre quiere ver cómo la boca de su hija es asaltada —soltó algo nervioso.

Su princesa ya tenía novio. Aunque sabía que era algo normal a esa edad, no dejaba de ser difícil de asimilar.

—Entiendo tus celos de padre, cariño; no obstante, nuestra hija está en una etapa en la que necesita de nuestra confianza y apoyo. Como padres, debemos brindarle seguridad para que pueda confiar en nosotros y contarnos todo lo que le suceda.

Orson abrazó a su mujer y la besó en la frente. Antonella quizás no le había dado la vida a Aitana, pero desde el primer día la había querido como si fuera suya, y la adolecente la quería del mismo modo.

—Tienes razón, querida.

Afuera, el beso de Dean hizo que Aitana sintiera que el mundo entero desaparecía a su alrededor. Estaba tan feliz que no podía explicarlo con palabras.

—Eres tan dulce como imaginé —susurró Dean sin soltarla.

—No digas esas cosas, porque me haces sonrojar —expresó con la mirada gacha.

Ahora que se habían besado, le daba pena mirarlo.

—Ey, mírame, princesa —con ternura, la tomó de la barbilla y la instó a levantar la mirada—. No tienes por qué sentirte avergonzada. Ahora somos novios y es normal que nos besemos y que te diga cosas lindas.

—Me llevará un poco de tiempo acostumbrarme. Es la primera vez que tengo novio —dijo en voz baja.

Saber que era el primer chico en tomar su mano, en besarla y en convertirse en su novio despertó en él un sentimiento de orgullo que lo sorprendió. La chica que tenía frente a él se había convertido en todo su mundo.

—Yo te daré todo el tiempo que necesites, mi amor.

—Gracias.

—No tienes nada que agradecer. Ahora es momento de que hablemos con tus padres; necesito pedirles permiso para salir contigo.

—¿No te parece que es un poco tarde para ello? —Aitana aceptó la mano que le ofrecía.

Dean esbozó una sonrisa. Su princesa tenía razón; sin embargo, él no había podido contenerse.

Cuando entraron a la casa, todos los observaban con atención. Por las expresiones de sus padres y su abuela, Aitana pudo deducir que lo habían visto todo.

—Tía, tío, quiero pedirles permiso para salir con Aitana —Dean decidió ser directo. ¿Para qué andar con rodeos cuando todos en la habitación sabían lo que estaba sucediendo entre Aitana y él?

Dean aguantó estoicamente la mirada de Orson. No sabía si el padre de la chica que amaba lo aceptaría como novio de su hija o no. De lo único que estaba seguro era de que nada ni nadie podría separarlo de Aitana.

—¿Qué sucedería si digo que no acepto? —Orson decidió poner a prueba al sobrino de su esposa.

Aunque lo quería mucho, como si fuera un hijo, no estaba dispuesto a ponérselo fácil. Antes lo haría sufrir un poquito por tener la osadía de besar a su hija frente a su puerta.

El aire se atoró en los pulmones de Aitana al escuchar las palabras de su padre. Ella no iba a dejar a Dean, pero tampoco quería ponerse en contra de él.

Antonella miró de reojo a su marido. Por lo visto, los hombres nunca dejaban de ser unos niños. Era evidente lo que Orson estaba haciendo: hacer sufrir un poco a su sobrino político.

—Si ese fuera el caso, estaría muy triste, tío, pues me gustaría que nos diera su bendición. Sin embargo, debe saber que no pienso dejar a Aitana. Estoy tan enamorado de ella que haré todo lo que esté en mis manos para lograr que nos dé su bendición y así la chica que amo pueda ser completamente feliz —respondió con determinación.

—Este chico sí que tiene agallas. Yo lo acepto como mi nieto —declaró Olalla.

—Papá, sabes que te quiero, pero amo a Dean y no estoy dispuesta a renunciar a su amor.

Dean apretó su mano para reconfortarla; quería que no olvidara que estaba a su lado y que, a partir de aquel momento, enfrentarían todos los obstáculos juntos.

—Y yo a ti, hija. Felicidades, Dean. Les doy mi bendición y espero que no hagas derramar ni una sola lágrima a mi preciosa hija; de lo contrario, la alejaré de tu lado y nunca más podrás volver a verla.

—Eres el mejor papá —Aitana corrió a sus brazos y llenó su rostro de besos.

—Lo hiciste muy bien, hijo. Me alegra que nuestra hija te tenga a su lado —expresó Antonella antes de abrazarlo, orgullosa de aquella chica que quería como propia.

—Gracias, tía —Dean se sentía aliviado. Por un momento, creyó que iba a tener que enfrentarse a Orson por el amor de Aitana.

—Cuida muy bien a mi tesoro, Dean. Hoy te doy su mano y espero que, en un futuro, también pueda entregártela en matrimonio.




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